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Zariello cuenta

Zariello cuenta

Por Redacción 0223

Por Gastón Domínguez, especial para 0223

 

Es flaco y tímido. Llega a la hora convenida caminando y, por supuesto, escuchando música por auriculares. Saluda cordialmente y elige la mesa apropiada, en la vereda.

El flaco tímido está construyendo una de las obras literarias más potentes de los últimos años. Desde el ensayo breve, conciso y sin fisuras, y también desde la narrativa, se posiciona como uno de los autores más leídos del planeta blogs.

El flaco tímido acaba de publicar un libro fundamental para poder comprender, o al meno intentar comprender, el universo creativo de Charly García, a partir del análisis del disco Pubis angelical-Yendo de la cama al living, el primero de la larga carrera solista del más grande de todos. El flaco tímido se llama Martín Zariello y nació en esta ciudad, Mar del Plata, en el efervescente 1984. Hasta los 18 años vivió en el barrio Pueyrredón, lugar en el que, dice, sigue anclando su máquina de percibir y de narrar.

En un post titulado “Qué hijo de puta”, en su blog Ilcorvino.blogspot.com, en el que, afirma, aprendió a escribir hace doce años, Zariello escribe: “Existe un género literario a mitad de camino, entre el cuento largo y la novela corta que los críticos denominan nouvelle. Los que crecimos en un barrio sin asfalto y tenemos cierta discreción decimos ‘novelitas’”,

Una de las claves para leer a Zariello, quizás, está en prestar atención en cómo percibe la cultura un pibe de clase media, media-baja, que vivió hasta los 18 en un barrio periférico de la ciudad, que fue a un industrial y que trabaja en la lonería del padre. Está, también, en entender lo áspero que puede ser la calle, o sea el mundo, para un chico tímido y volado que se encerraba en su habitación para leer a Borges o ver películas de Cronenberg. Aunque ya no vive más en ese barrio, sigue pensando todo desde ese lugar.

“Ahora vivo en Alsina y Alberti y para mí son todos caretas ahí. Y pienso que yo también debo ser medio careta por vivir ahí. Yo tengo un prejuicio: soy clasista pero no contra la clase baja. Yo tengo mucho prejuicio contra la clase alta. Y yo sigo escribiendo desde ese punto de vista. Sigo siendo eso, me sigo tomando el colectivo. Sigo siendo igual”.

 

La máquina Zariello

“Al igual que Néstor Kirchner, Ignatius se convierte en nuestro ídolo a través de la apropiación de causas sociales que le son ajenas”, se lee en un texto sobre el personaje de la novela La conjura de los necios.

El gran movimiento en la escritura de Zariello es esa notable capacidad para conectar, en la mayoría de los casos mediado por el humor, distintas disciplinas para hacer resaltar una, como si sus obsesiones fueran planetas que giran alrededor de su mente y que, en cada post, elige a cual iluminar pero haciendo partícipes a los otros. Todo se une, por eso cuando habla de Borges, quizás necesite de River para hacerlo; o quizás necesite un pensamiento de Borges para hablar de River pero en el fondo no quiere hablar de River, sino de Luis Alberto Spinetta. En el mundo Zariello la literatura, el cine, la música y el fútbol son una sola cosa: su educación sentimental.

-Es un poco un plagio a Casas. Capaz que más fragmentado, de otra generación básicamente. La estructura es muy parecida a sus Ensayos Bonsai. Es lo que decía Casas sobre Saer: escribir sobre la obsesión. Por más que la obsesión sea tan vulgar como River.

-¿Cómo es la cocina de la escritura del blog?

-Es punk. Quiero escribir algo, por ejemplo, en cuarenta minutos. Esa es mi idea; si tardo más ya sé que no va a funcionar. No me interesa escribir textos larguísimos. Yo no leo esos textos, así que por qué voy a pedirle a alguien que lea algo que yo ni siquiera puedo leer.

-Los cuentos de La luna y la muralla china tienen menos de diez páginas. ¿También buscás eso en la ficción?

-Yo aspiro a la síntesis.

 

La luna y la muralla china es un libro de cuentos publicado en 2013 por el sello marplatense La Bola editora. Son diez cuentos, cortos, que en su mayoría indagan sobre el amor desde el punto de vista y la vivencia adolescente, y quizás lo más logrado del libro, el punto de vista femenino y el terror que puede sentir un chico ante la presencia de una mujer libre. Pero antes de llegar al libro publicado, hubo años de formación en el blog. Años de perfeccionar la escritura y llegar a eso que pocos tienen: una voz propia.

-Los primeros cinco o seis años del blog fueron de formación. Ni siquiera sabía poner acentos. Son como embriones, sin ninguna conciencia de que me leían. Yo modifiqué mi manera de escribir cuando me enteré que me leía mi novia, dos amigos y no sé quién más. En los últimos años empecé a no herir, a no hacer una crítica lapidaria. Empecé a apreciar el trabajo de los demás. Y, además, empecé a escribir más de las cosas que me gustan y no de las que no me gustan. Y si lo hago, aunque no lo sea, trato de pararme desde un lugar de objetividad. Eso me interesa. Por más que soy rekirchnerista, me gusta mirar más allá y no defender tanto una posición.

-¿Sos kirchnerista?

- No, no lo soy.

Zariello tiene muchos posts muy críticos del kirchnerismo. Él encuentra un año de partida: el 2010.

-Me empezó a joder la sobreactuación. Yo seguía apoyando al gobierno en contra de los demás, pero me parecía más interesante escribir desde una posición crítica. El fanatismo no me interesa, ya sea con Charly, con el kirchnerismo, con Macri o con quien sea. Me parece que no es operativo, digo, a la hora de escribir. Después en tu vida hacé lo que quieras, viva Kirchner, viva Cristina y chau.

“En las huestes K atribuyen la cadenafobia a la envidia que genera un cuadro como Cristina, una mujer inteligente, de una facilidad verbal apabullante, canchera, linda y encima presidenta. Tiendo a creer todo lo contrario. A Cristina la odian (la odiamos) porque es un espejo en el que, fatalmente, todos nos reconocemos. Su egolatría, sus chistes malísimos, su demagogia, sus pretensiones intelectuales son las características de todos nosotros. Aceptar esto es imposible para quienes se sitúan esquemáticamente en uno u otro lado de la mecha: sería entender que Cris no es Dios ni el Diablo, sino una mujer con cosas para decir que a veces rompe mucho las pelotas.”, se lee en el post “La voz de Cris me llega y no cesa”.

 

Influencia

Además de La luna y la muralla china, Zariello publicó Sobre el rock (compilado de posts sobre música) y En realidad quería hablar de otra cosa (también compilación de posts de música pero con el agregado de otros sobre literatura, fútbol, cine y política) publicados por la editorial Puente aéreo (con base en Mar del Plata y Barcelona); Cuatro, de la colección “Leer es futuro”, publicado por el Estado Nacional durante el gobierno anterior y de distribución gratuita; y, por ahora el último, No bombardeen Barrio Norte, Yendo de la cama al living y el triunfal ingreso de Charly García en los años 80, publicado por las editoriales La edad de oro (Buenos Aires) y Perro andaluz ediciones (Montevideo).

-¿Por qué elegiste Yendo de la cama al living-Pubis angelical?

-Yo venía con la idea de hacer un libro así sobre un disco de Charly. En Buenos Aires me encontré con Roque Di Pietro [editor del libro]. Él me había escrito para que nos juntáramos porque tenía una propuesta. Primero pensó en Parte de la religión pero no es el disco que más me gusta de Charly. Me gusta, pero hay tantos hits que para mí está desgastado, es un discazo, pero está muy desgastado. Yendo de la cama al living, en cambio, tiene algunas cosas como “Canción de 2x3”, “Vos también estabas verde”, “Superhéroes”, no tan conocidas. Pero yo escuchaba más Pubis angelical que Yendo de la cama al living, porque era una música que yo no tenía, no tenía discos o casettes de música instrumental. No tenía discos de música clásica, ni jazz ni de un carajo.

 

Pubis angelical es la banda sonora de la película homónima dirigida por Raúl de la Torre y basada en la novela de Manuel Puig. En ese apartado -en el libro sería como el interludio entre el “Lado A” y el “Lado B” del disco- se lee a un Zariello en estado más puro, más cercano al del blog.

-Escribir esa parte es lo que más disfruté porque pude escribir sobre todo: sobre literatura, sobre cine, sobre música, sobre Piglia...

-Justo lo nombrás a Piglia. Me da la impresión de que tenés algo muy pigliano: por ejemplo, muchos de tus posts son una crítica pero al mismo tiempo son una ficción. Metés diálogos imaginarios, aparecen personajes que te tocan el hombro y te dicen algo al oído.

-Sí. Piglia me gusta porque es un crítico de rock a su modo. Esas cosas que tira como “[Witold] Gombrowicz es el mejor escritor argentino” ¡y era polaco! Martín Pérez Calarco me dijo, que dijo Elisa Calabrese, profesora de la facultad, que Piglia, más que un crítico, es un tipo que lanza hipótesis sobre literatura. Y esas hipótesis quizás partan de una premisa falsa o no sean del todo verdaderas, pero lo interesante es el desarrollo que él hace de la idea que tira, aunque la conclusión no sea necesariamente cierta. Hay un desarrollo literario, eso es lo que me interesa de Piglia.

-Desde el vamos aclarás que el libro está escrito desde el lugar del fan, ¿por qué elegiste ese punto de vista?

-Tardé un tiempo en darme cuenta cómo tenía que escribir el libro. Dije va a haber opinión, por eso me gustó hablar desde el fan, porque eso me permitía una interpretación casi paranoica, una cosa más libre. No podría hacer un libro cien por cien periodístico porque no me interesa.

-¿Ese fue el pedido original del editor?

-Tuve mucha libertad en ese sentido. Cuando yo le propuse eso me dijo “sí, todo bien, vos escribí”, que escriba como el Corvino de alguna manera, como en el blog, pero obviamente no es como el blog porque para mí es una evolución, pero al mismo tiempo yo quería meter algo de ese espíritu porque sino iba a ser un libro de información

-Al leerlo uno se da cuenta de que es una escritura más “profesional”, si se quiere. Y si bien acá aparece con cuentagotas, en el blog hay mucho más humor.

-Totalmente. Uno de los miedos que tuve es que el libro sea aburrido, como siempre me dicen “leí tu post y me cagué de risa”... a mí me interesaba trabajar de una manera profesional, como una apuesta conmigo mismo, a ver si podía escribir un libro, porque yo no había escrito un libro.

-Los libros que habías publicado son compilaciones.

-Claro, en En realidad quería hablar de otra cosa escribí algunos textos que no fueron pasados por el blog y ahora lo veo como un adelanto de esto, de escribir para un libro y no para publicarlo en quince minutos. Para mí era un misterio saber si podía hacerlo, porque cuando tenés la dinámica de escribir y publicar es diferente, los textos son mucho más frescos, más espontáneos, menos pesados. Lo que se supone que es un ensayo, yo le pongo toda la fuerza que tendría la narrativa, de alguna manera. A mí me molesta leer libros que tienen los datos mal, en este libro me interesó hacer énfasis en eso, pero, a nivel subjetivo, a nivel de ideas, no me interesa mucho que algo que digo sea verdadero sino que sea, simplemente, productivo en lo que quiero escribir. Cuando yo digo, en el libro, que me gusta que Charly cante todo su repertorio y que no lo cante Nito Mestre ni David Lebón, esa no es la verdad, pero a mí me interesa esa idea y trabajar a partir de eso.

 

Rock and Roll yo

-¿Cuando empezaste a escuchar Charly?

-No me acuerdo. Mi viejo escuchaba rock nacional, para mí el rock no era algo raro. Me acuerdo que los domingos una radio pasaba rock nacional, de cuatro a seis me acuerdo, tendría siete, ocho años, era muy chico y ya escuchaba a Charly. A los diez años ya me compraba casettes y ahí me empezó a gustar todo y, después cuando tenía doce o trece, escuchaba todo el tiempo la Rock and Pop, buscaba discos, leía revistas. Charly era lo que más me interesaba, bah, no sé si era lo que más me interesaba. Me hice fan cuando lo empecé a ver en vivo, a principios del 2000. Ya era grande Charly.

-Lo empezamos a seguir más o menos en la misma época, de hecho, por lo que contás en el libro la primera vez que fuiste a ver a Charly fue en el teatro Radiocity, un recital en el que participó Celeste Carballo. Plena crisis argentina del 2001/2002. ¿Cómo le pegó a Charly la crisis?

-Antes de grabar Influencia, pensaba grabar un disco llamado Dos edificios dorados, referido al tema de Lebón y también por las Torres Gemelas. Le pegó mucho lo de las Torres, pero el 2001 también, empezó a tocar “Tribulaciones [lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario, o no]” y el “Himno”… tenía una relación medio conflictiva con los ahorristas. Una vez dijo “el corralito es mental”. Me pareció genial.

-Un Charly polémico. Antes había estado con Menem.

-Yo lo odié un poco en ese momento. El tipo pareciera que pone a prueba al fan, siempre va a hacer algo que es más al límite. Siempre se trata de la autoconciencia de Charly, si Charly es conciente o no. Y Charly es conciente. Esas intervenciones culturales que hizo apuntan a una misma dirección. En el '82, cuando toca “No bombardeen Buenos Aires” y explota una ciudad, la gente tuvo miedo, algo parecido a lo que quiso hacer en el '99 con Demasiado Ego [N del A: Charly quería arrojar muñecos desde un helicóptero al Río de la Plata emulando los vuelos de la muerte de la dictadura cívico-militar del 76. Hubo una polémica mediática y, por pedido de las Madres de Plaza de Mayo, Charly dio marcha atrás con el proyecto]. Son formas de representación brutal, lo mismo que usar los brazaletes, era muy al filo, pero el chabón retrocedió y no hizo lo de los helicópteros.

-Quizás esas sean las cosas que a uno lo enamoran de Charly, ¿no? El roce con el límite, que estuviera siempre al límite.

-Sí, totalmente. A mí igual me gustaban las bandas de la época, me gustaban Viejas Locas y Babasónicos. Pero Charly para mí era lo más grande. Charly le empezó a disputar el público a los indies en los noventa. A los indies y al rock chabón; pudo permanecer. En los recitales había bengalas, había pogo. Yo escuché, en un recital que dio en Gap, “que se muera Cerati”, ¡era cualquiera! Era un público muy nuevo, digamos, sin tradición de alguna manera, bueno, como cuando uno tiene trece o catorce años y empieza a escuchar rock.

-Dijiste “tradición” y eso nos lleva directamente a Borges. Lo pensaba respecto a Charly pero también a vos, ¿cómo se trabaja con la tradición, o mejor dicho, con la falta de tradición? En ese sentido Charly es muy borgeano también.

-Charly tiene una fascinación por Borges y en el libro lo quise dejar explícito. por ejemplo, cuando Charly repite las melodías y mucha gente dice “Charly se copia”. Borges también repite sus temas y repite casi frases exactas, el destino, la identidad, laberintos, todo eso se va repitiendo y de alguna manera es como una melodía que se va repitiendo y el tipo decide que eso suceda y que el lector se dé cuenta, o el oyente en el caso de Charly. En ese sentido, tienen una manera de trabajar muy parecida. La ceguera de Borges sería el período Say No More que es igual de genial que lo anterior [risas].

-Pero siempre más discutido, no solo desde lo estético sino también desde lo ideológico.

-A mí me encanta la idea de un artista que puede cambiar tanto. Si te ponés a repasar la historia de Charly, siempre fue criticado. Nunca Charly fue el mismo, hizo cosas tan geniales que siempre la gente le pidió que hiciera lo mismo que había hecho genial, pero eso no quiere decir que dejara de hacerlas. Cuando hace Yendo de la cama al living él decía que se sentía un artesano, parecía no sentirse cómodo en el papel de artista, como una humildad que después de alguna manera hizo una performance de su ego.

-El movimiento de un artista es ese, precisamente, el que no hace lo que la mayoría le pide en ese momento.

-A mí me cuesta pensar en otras personas en Argentina que sean tan artistas como Charly. La palabra artista me suena solemne, me suena a Pepe Cibrián. Para mí Charly es mucho más enorme de lo que se piensa, incidió mucho en la cultura, excediendo la cultura rock. Que vos escuches “Canción de Alicia en el país” y sepas quién fue Onganía y quién fue López Rega, Illia o el que sea, demuestra que el tipo excede la música, te está inyectando una conciencia histórica

Cuando Zariello habla de García le brillan los ojos. La camarera trae la cuenta de las bebidas y de las dos horas de charla. El flaco se calza el morral y prepara los auriculares. Saluda algo tímido y se larga a caminar. Obvio, escuchando música.

 

 

Bonus track: Random

Como si se tratara de una especie de “Milagro musical”, Charly García acaba de publicar un disco que, automáticamente, se transformó en un clásico para sus fans, sorprendiendo a varios y teniendo en cuenta su estado de salud o, al menos, la poca información que había sobre su estado salud. Hasta las críticas están siendo muy favorables a Random, la nueva joyita de Charly García. Como no podía ser de otra manera, Martín Zariello escribió su opinión y la publicó en la revista web La agenda Buenos Aires, lugar en el que escribe hace un tiempo. Ahí, dice que con este disco Charly está haciendo el mundo mejor con su entrañable colchón de teclados , desconociendo por completo la corrección política y las modas, citando melodías propias y ajenas hasta comprender que Random no era cualquiera cosa sino justamente eso: un paisaje sonoro aleatorio, donde caben Spector y Chopin, Sui Generis y Cómo conseguir chicas, el constant concept y Satie. Un lugar donde Charly García siempre estará vivo.

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Por Gastón Domínguez, especial para 0223

 

Es flaco y tímido. Llega a la hora convenida caminando y, por supuesto, escuchando música por auriculares. Saluda cordialmente y elige la mesa apropiada, en la vereda.

El flaco tímido está construyendo una de las obras literarias más potentes de los últimos años. Desde el ensayo breve, conciso y sin fisuras, y también desde la narrativa, se posiciona como uno de los autores más leídos del planeta blogs.

El flaco tímido acaba de publicar un libro fundamental para poder comprender, o al meno intentar comprender, el universo creativo de Charly García, a partir del análisis del disco Pubis angelical-Yendo de la cama al living, el primero de la larga carrera solista del más grande de todos. El flaco tímido se llama Martín Zariello y nació en esta ciudad, Mar del Plata, en el efervescente 1984. Hasta los 18 años vivió en el barrio Pueyrredón, lugar en el que, dice, sigue anclando su máquina de percibir y de narrar.

En un post titulado “Qué hijo de puta”, en su blog Ilcorvino.blogspot.com, en el que, afirma, aprendió a escribir hace doce años, Zariello escribe: “Existe un género literario a mitad de camino, entre el cuento largo y la novela corta que los críticos denominan nouvelle. Los que crecimos en un barrio sin asfalto y tenemos cierta discreción decimos ‘novelitas’”,

Una de las claves para leer a Zariello, quizás, está en prestar atención en cómo percibe la cultura un pibe de clase media, media-baja, que vivió hasta los 18 en un barrio periférico de la ciudad, que fue a un industrial y que trabaja en la lonería del padre. Está, también, en entender lo áspero que puede ser la calle, o sea el mundo, para un chico tímido y volado que se encerraba en su habitación para leer a Borges o ver películas de Cronenberg. Aunque ya no vive más en ese barrio, sigue pensando todo desde ese lugar.

“Ahora vivo en Alsina y Alberti y para mí son todos caretas ahí. Y pienso que yo también debo ser medio careta por vivir ahí. Yo tengo un prejuicio: soy clasista pero no contra la clase baja. Yo tengo mucho prejuicio contra la clase alta. Y yo sigo escribiendo desde ese punto de vista. Sigo siendo eso, me sigo tomando el colectivo. Sigo siendo igual”.

 

La máquina Zariello

“Al igual que Néstor Kirchner, Ignatius se convierte en nuestro ídolo a través de la apropiación de causas sociales que le son ajenas”, se lee en un texto sobre el personaje de la novela La conjura de los necios.

El gran movimiento en la escritura de Zariello es esa notable capacidad para conectar, en la mayoría de los casos mediado por el humor, distintas disciplinas para hacer resaltar una, como si sus obsesiones fueran planetas que giran alrededor de su mente y que, en cada post, elige a cual iluminar pero haciendo partícipes a los otros. Todo se une, por eso cuando habla de Borges, quizás necesite de River para hacerlo; o quizás necesite un pensamiento de Borges para hablar de River pero en el fondo no quiere hablar de River, sino de Luis Alberto Spinetta. En el mundo Zariello la literatura, el cine, la música y el fútbol son una sola cosa: su educación sentimental.

-Es un poco un plagio a Casas. Capaz que más fragmentado, de otra generación básicamente. La estructura es muy parecida a sus Ensayos Bonsai. Es lo que decía Casas sobre Saer: escribir sobre la obsesión. Por más que la obsesión sea tan vulgar como River.

-¿Cómo es la cocina de la escritura del blog?

-Es punk. Quiero escribir algo, por ejemplo, en cuarenta minutos. Esa es mi idea; si tardo más ya sé que no va a funcionar. No me interesa escribir textos larguísimos. Yo no leo esos textos, así que por qué voy a pedirle a alguien que lea algo que yo ni siquiera puedo leer.

-Los cuentos de La luna y la muralla china tienen menos de diez páginas. ¿También buscás eso en la ficción?

-Yo aspiro a la síntesis.

 

La luna y la muralla china es un libro de cuentos publicado en 2013 por el sello marplatense La Bola editora. Son diez cuentos, cortos, que en su mayoría indagan sobre el amor desde el punto de vista y la vivencia adolescente, y quizás lo más logrado del libro, el punto de vista femenino y el terror que puede sentir un chico ante la presencia de una mujer libre. Pero antes de llegar al libro publicado, hubo años de formación en el blog. Años de perfeccionar la escritura y llegar a eso que pocos tienen: una voz propia.

-Los primeros cinco o seis años del blog fueron de formación. Ni siquiera sabía poner acentos. Son como embriones, sin ninguna conciencia de que me leían. Yo modifiqué mi manera de escribir cuando me enteré que me leía mi novia, dos amigos y no sé quién más. En los últimos años empecé a no herir, a no hacer una crítica lapidaria. Empecé a apreciar el trabajo de los demás. Y, además, empecé a escribir más de las cosas que me gustan y no de las que no me gustan. Y si lo hago, aunque no lo sea, trato de pararme desde un lugar de objetividad. Eso me interesa. Por más que soy rekirchnerista, me gusta mirar más allá y no defender tanto una posición.

-¿Sos kirchnerista?

- No, no lo soy.

Zariello tiene muchos posts muy críticos del kirchnerismo. Él encuentra un año de partida: el 2010.

-Me empezó a joder la sobreactuación. Yo seguía apoyando al gobierno en contra de los demás, pero me parecía más interesante escribir desde una posición crítica. El fanatismo no me interesa, ya sea con Charly, con el kirchnerismo, con Macri o con quien sea. Me parece que no es operativo, digo, a la hora de escribir. Después en tu vida hacé lo que quieras, viva Kirchner, viva Cristina y chau.

“En las huestes K atribuyen la cadenafobia a la envidia que genera un cuadro como Cristina, una mujer inteligente, de una facilidad verbal apabullante, canchera, linda y encima presidenta. Tiendo a creer todo lo contrario. A Cristina la odian (la odiamos) porque es un espejo en el que, fatalmente, todos nos reconocemos. Su egolatría, sus chistes malísimos, su demagogia, sus pretensiones intelectuales son las características de todos nosotros. Aceptar esto es imposible para quienes se sitúan esquemáticamente en uno u otro lado de la mecha: sería entender que Cris no es Dios ni el Diablo, sino una mujer con cosas para decir que a veces rompe mucho las pelotas.”, se lee en el post “La voz de Cris me llega y no cesa”.

 

Influencia

Además de La luna y la muralla china, Zariello publicó Sobre el rock (compilado de posts sobre música) y En realidad quería hablar de otra cosa (también compilación de posts de música pero con el agregado de otros sobre literatura, fútbol, cine y política) publicados por la editorial Puente aéreo (con base en Mar del Plata y Barcelona); Cuatro, de la colección “Leer es futuro”, publicado por el Estado Nacional durante el gobierno anterior y de distribución gratuita; y, por ahora el último, No bombardeen Barrio Norte, Yendo de la cama al living y el triunfal ingreso de Charly García en los años 80, publicado por las editoriales La edad de oro (Buenos Aires) y Perro andaluz ediciones (Montevideo).

-¿Por qué elegiste Yendo de la cama al living-Pubis angelical?

-Yo venía con la idea de hacer un libro así sobre un disco de Charly. En Buenos Aires me encontré con Roque Di Pietro [editor del libro]. Él me había escrito para que nos juntáramos porque tenía una propuesta. Primero pensó en Parte de la religión pero no es el disco que más me gusta de Charly. Me gusta, pero hay tantos hits que para mí está desgastado, es un discazo, pero está muy desgastado. Yendo de la cama al living, en cambio, tiene algunas cosas como “Canción de 2x3”, “Vos también estabas verde”, “Superhéroes”, no tan conocidas. Pero yo escuchaba más Pubis angelical que Yendo de la cama al living, porque era una música que yo no tenía, no tenía discos o casettes de música instrumental. No tenía discos de música clásica, ni jazz ni de un carajo.

 

Pubis angelical es la banda sonora de la película homónima dirigida por Raúl de la Torre y basada en la novela de Manuel Puig. En ese apartado -en el libro sería como el interludio entre el “Lado A” y el “Lado B” del disco- se lee a un Zariello en estado más puro, más cercano al del blog.

-Escribir esa parte es lo que más disfruté porque pude escribir sobre todo: sobre literatura, sobre cine, sobre música, sobre Piglia...

-Justo lo nombrás a Piglia. Me da la impresión de que tenés algo muy pigliano: por ejemplo, muchos de tus posts son una crítica pero al mismo tiempo son una ficción. Metés diálogos imaginarios, aparecen personajes que te tocan el hombro y te dicen algo al oído.

-Sí. Piglia me gusta porque es un crítico de rock a su modo. Esas cosas que tira como “[Witold] Gombrowicz es el mejor escritor argentino” ¡y era polaco! Martín Pérez Calarco me dijo, que dijo Elisa Calabrese, profesora de la facultad, que Piglia, más que un crítico, es un tipo que lanza hipótesis sobre literatura. Y esas hipótesis quizás partan de una premisa falsa o no sean del todo verdaderas, pero lo interesante es el desarrollo que él hace de la idea que tira, aunque la conclusión no sea necesariamente cierta. Hay un desarrollo literario, eso es lo que me interesa de Piglia.

-Desde el vamos aclarás que el libro está escrito desde el lugar del fan, ¿por qué elegiste ese punto de vista?

-Tardé un tiempo en darme cuenta cómo tenía que escribir el libro. Dije va a haber opinión, por eso me gustó hablar desde el fan, porque eso me permitía una interpretación casi paranoica, una cosa más libre. No podría hacer un libro cien por cien periodístico porque no me interesa.

-¿Ese fue el pedido original del editor?

-Tuve mucha libertad en ese sentido. Cuando yo le propuse eso me dijo “sí, todo bien, vos escribí”, que escriba como el Corvino de alguna manera, como en el blog, pero obviamente no es como el blog porque para mí es una evolución, pero al mismo tiempo yo quería meter algo de ese espíritu porque sino iba a ser un libro de información

-Al leerlo uno se da cuenta de que es una escritura más “profesional”, si se quiere. Y si bien acá aparece con cuentagotas, en el blog hay mucho más humor.

-Totalmente. Uno de los miedos que tuve es que el libro sea aburrido, como siempre me dicen “leí tu post y me cagué de risa”... a mí me interesaba trabajar de una manera profesional, como una apuesta conmigo mismo, a ver si podía escribir un libro, porque yo no había escrito un libro.

-Los libros que habías publicado son compilaciones.

-Claro, en En realidad quería hablar de otra cosa escribí algunos textos que no fueron pasados por el blog y ahora lo veo como un adelanto de esto, de escribir para un libro y no para publicarlo en quince minutos. Para mí era un misterio saber si podía hacerlo, porque cuando tenés la dinámica de escribir y publicar es diferente, los textos son mucho más frescos, más espontáneos, menos pesados. Lo que se supone que es un ensayo, yo le pongo toda la fuerza que tendría la narrativa, de alguna manera. A mí me molesta leer libros que tienen los datos mal, en este libro me interesó hacer énfasis en eso, pero, a nivel subjetivo, a nivel de ideas, no me interesa mucho que algo que digo sea verdadero sino que sea, simplemente, productivo en lo que quiero escribir. Cuando yo digo, en el libro, que me gusta que Charly cante todo su repertorio y que no lo cante Nito Mestre ni David Lebón, esa no es la verdad, pero a mí me interesa esa idea y trabajar a partir de eso.

 

Rock and Roll yo

-¿Cuando empezaste a escuchar Charly?

-No me acuerdo. Mi viejo escuchaba rock nacional, para mí el rock no era algo raro. Me acuerdo que los domingos una radio pasaba rock nacional, de cuatro a seis me acuerdo, tendría siete, ocho años, era muy chico y ya escuchaba a Charly. A los diez años ya me compraba casettes y ahí me empezó a gustar todo y, después cuando tenía doce o trece, escuchaba todo el tiempo la Rock and Pop, buscaba discos, leía revistas. Charly era lo que más me interesaba, bah, no sé si era lo que más me interesaba. Me hice fan cuando lo empecé a ver en vivo, a principios del 2000. Ya era grande Charly.

-Lo empezamos a seguir más o menos en la misma época, de hecho, por lo que contás en el libro la primera vez que fuiste a ver a Charly fue en el teatro Radiocity, un recital en el que participó Celeste Carballo. Plena crisis argentina del 2001/2002. ¿Cómo le pegó a Charly la crisis?

-Antes de grabar Influencia, pensaba grabar un disco llamado Dos edificios dorados, referido al tema de Lebón y también por las Torres Gemelas. Le pegó mucho lo de las Torres, pero el 2001 también, empezó a tocar “Tribulaciones [lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario, o no]” y el “Himno”… tenía una relación medio conflictiva con los ahorristas. Una vez dijo “el corralito es mental”. Me pareció genial.

-Un Charly polémico. Antes había estado con Menem.

-Yo lo odié un poco en ese momento. El tipo pareciera que pone a prueba al fan, siempre va a hacer algo que es más al límite. Siempre se trata de la autoconciencia de Charly, si Charly es conciente o no. Y Charly es conciente. Esas intervenciones culturales que hizo apuntan a una misma dirección. En el '82, cuando toca “No bombardeen Buenos Aires” y explota una ciudad, la gente tuvo miedo, algo parecido a lo que quiso hacer en el '99 con Demasiado Ego [N del A: Charly quería arrojar muñecos desde un helicóptero al Río de la Plata emulando los vuelos de la muerte de la dictadura cívico-militar del 76. Hubo una polémica mediática y, por pedido de las Madres de Plaza de Mayo, Charly dio marcha atrás con el proyecto]. Son formas de representación brutal, lo mismo que usar los brazaletes, era muy al filo, pero el chabón retrocedió y no hizo lo de los helicópteros.

-Quizás esas sean las cosas que a uno lo enamoran de Charly, ¿no? El roce con el límite, que estuviera siempre al límite.

-Sí, totalmente. A mí igual me gustaban las bandas de la época, me gustaban Viejas Locas y Babasónicos. Pero Charly para mí era lo más grande. Charly le empezó a disputar el público a los indies en los noventa. A los indies y al rock chabón; pudo permanecer. En los recitales había bengalas, había pogo. Yo escuché, en un recital que dio en Gap, “que se muera Cerati”, ¡era cualquiera! Era un público muy nuevo, digamos, sin tradición de alguna manera, bueno, como cuando uno tiene trece o catorce años y empieza a escuchar rock.

-Dijiste “tradición” y eso nos lleva directamente a Borges. Lo pensaba respecto a Charly pero también a vos, ¿cómo se trabaja con la tradición, o mejor dicho, con la falta de tradición? En ese sentido Charly es muy borgeano también.

-Charly tiene una fascinación por Borges y en el libro lo quise dejar explícito. por ejemplo, cuando Charly repite las melodías y mucha gente dice “Charly se copia”. Borges también repite sus temas y repite casi frases exactas, el destino, la identidad, laberintos, todo eso se va repitiendo y de alguna manera es como una melodía que se va repitiendo y el tipo decide que eso suceda y que el lector se dé cuenta, o el oyente en el caso de Charly. En ese sentido, tienen una manera de trabajar muy parecida. La ceguera de Borges sería el período Say No More que es igual de genial que lo anterior [risas].

-Pero siempre más discutido, no solo desde lo estético sino también desde lo ideológico.

-A mí me encanta la idea de un artista que puede cambiar tanto. Si te ponés a repasar la historia de Charly, siempre fue criticado. Nunca Charly fue el mismo, hizo cosas tan geniales que siempre la gente le pidió que hiciera lo mismo que había hecho genial, pero eso no quiere decir que dejara de hacerlas. Cuando hace Yendo de la cama al living él decía que se sentía un artesano, parecía no sentirse cómodo en el papel de artista, como una humildad que después de alguna manera hizo una performance de su ego.

-El movimiento de un artista es ese, precisamente, el que no hace lo que la mayoría le pide en ese momento.

-A mí me cuesta pensar en otras personas en Argentina que sean tan artistas como Charly. La palabra artista me suena solemne, me suena a Pepe Cibrián. Para mí Charly es mucho más enorme de lo que se piensa, incidió mucho en la cultura, excediendo la cultura rock. Que vos escuches “Canción de Alicia en el país” y sepas quién fue Onganía y quién fue López Rega, Illia o el que sea, demuestra que el tipo excede la música, te está inyectando una conciencia histórica

Cuando Zariello habla de García le brillan los ojos. La camarera trae la cuenta de las bebidas y de las dos horas de charla. El flaco se calza el morral y prepara los auriculares. Saluda algo tímido y se larga a caminar. Obvio, escuchando música.

 

 

Bonus track: Random

Como si se tratara de una especie de “Milagro musical”, Charly García acaba de publicar un disco que, automáticamente, se transformó en un clásico para sus fans, sorprendiendo a varios y teniendo en cuenta su estado de salud o, al menos, la poca información que había sobre su estado salud. Hasta las críticas están siendo muy favorables a Random, la nueva joyita de Charly García. Como no podía ser de otra manera, Martín Zariello escribió su opinión y la publicó en la revista web La agenda Buenos Aires, lugar en el que escribe hace un tiempo. Ahí, dice que con este disco Charly está haciendo el mundo mejor con su entrañable colchón de teclados , desconociendo por completo la corrección política y las modas, citando melodías propias y ajenas hasta comprender que Random no era cualquiera cosa sino justamente eso: un paisaje sonoro aleatorio, donde caben Spector y Chopin, Sui Generis y Cómo conseguir chicas, el constant concept y Satie. Un lugar donde Charly García siempre estará vivo.

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