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Sobrevivir hasta pasar de pantalla

Sobrevivir hasta pasar de pantalla

Roberto Garrone

La industria pesquera suma caídas en los desembarques y protestas laborales. Un negocio sin rentabilidad que apuesta a la renovación de autoridades.

“Hay que capear el temporal; mantenerse a flote hasta diciembre”, reconoce detrás de su escritorio un empresario pesquero de segunda línea, a principios de esta semana.

Más allá del lugar que ocupa el autor del análisis en el tablero de la industria, el concepto  resume el pensamiento generalizado que impera dentro del principal motor de la economía doméstica, jaqueado por la falta de competitividad de casi todos los productos que exporta.

Sobrevivir hasta que pase el temblor, como si fuera un juego de realidad virtual donde surgen obstáculos a cada paso y el protagonista tiene que llegar a la meta para pasar de pantalla. 

Acá la meta asoma en el horizonte y por eso ya no se escucha bronca o indignación, sino resignación. Todos esperan que haya un cambio en la política económica que les permita recuperar la competitividad perdida a fuerza de la creciente inflación y el atraso en el tipo de cambio. “Tengo para escribir un libro con las promesas inclumplidas por los funcionarios de este gobierno”, exagera el industrial.

Rebaja en el precio del combustible, reducción de los derechos de exportación, facilidades en la liquidación de impuestos, encabezan el reclamo de las cámaras empresarias, que ya ni siquiera posan para las fotos con las autoridades gubernamentales. El álbum de la intrascendencia está completo.

La actividad operativa, el movimiento de todas las flotas, más de 250 barcos con asiento en el puerto local, está reducida a la mínima expresión. Las grandes empresas como Solimeno, Moscuzza, Valastro, los hermanos Baldino, los mayores armadores de buques fresqueros de Mar del Plata,  “El Marisco”…, mueven los buques como si fueran piezas de ajedrez.

De acuerdo a cifras oficiales de la Subsecretaría de Pesca de la Nación, entre enero y febrero de este año por Mar del Plata se declararon descargas por 38.700 toneladas de pescados.

En el mismo período del año anterior la terminal marítima local recibió, según la misma fuente oficial, 48.482 toneladas. La merma de casi el 20% de las descargas no termina de ilustrar la inmovilidad que registra la flota marplatense.

Este del 2015 es la confirmación estadística de la retracción de la actividad: entre 2011 y 2013 los desembarques en el primer bimestre del año fluctuaron entre las 50 mil y 60 mil toneladas.

No hay misterios para explicar el fenómeno. Hoy el negocio pesquero no ofrece estímulos para salir a pescar. La cuenta que hace un armador fresquero con un barco de 2 mil cajones es elocuente.

Suponiendo que llegue con bodega completa de merluza hubbsi, a razón de $8 por kilo, en menos de 10 días de marea, el barco factura $560.000. Paga el combustible ($200.000), a la tripulación ($150.000), seguro, cajones, estibaje, hielo, tasas portuarias ($120.000). Si no pierde ningún arte de pesca, no rompe nada en la sala de máquinas, lo que queda seria su ganancia.

La falta de movimiento en los muelles genera largas esperas en los sindicatos marítimos para conseguir un embarque y pocos jornales entre los estibadores de la rama del fresco. También eleva la tensión en los frigoríficos donde obreros procesan la materia prima que traen los barcos fresqueros.

Días pasados se registraron reclamos en empresas como Moscuzza y Mattera, donde los trabajadores exigieron un mayor nivel de actividad. Antes había sido una protesta del personal bajo convenio del 75, que paralizó por varios días la fábrica de Centauro, y también en Solimeno, donde la empresa directamente acordó un arreglo con 10 peones de descarga, “socios” de la cooperativa Coopenfilmar, antes de registrarlos como personal en blanco, tal la exigencia de los obreros.

Los fileteros de Moscuzza, 85 trabajadores asociados a la Cooperativa “Los 3 Amigos”, bloquearon el acceso al frigorífico en reclamo de la registración, una condición que siempre negaron a partir del continuo flujo de pescado.

Pero ahora que el pescado no llega, al menos fresco (la empresa es una de las que posee mayor cuota individual de captura y ha sido autorizada para pescar cupo de barcos fresqueros con sus barcos congeladores), los fileteros quieren ampararse en un salario garantizado.

Bien entrados en el siglo XXI y miles de trabajadores del pescado en la ciudad se mantienen en un marcado laboral sin tener garantía de sus ingresos. La Mar del Plata inclusiva debe rendir varias materias para convalidar el slogan.

Moscuzza acordó registrarlos en un plazo no mayor a 60 días. Los fileteros pidieron que cuando se haga el traspaso, la cuenta con la empresa quede en cero. Es que no trabajan lo suficiente para saldar los vales de adelanto que reciben todas las semanas. Algunos le deben a la cooperativa/empresa hasta $5 mil

Pero la falta de horas de trabajo no es un problema ajeno al personal bajo relación de dependencia en el barrio Puerto. “No queremos cobrar más el garantizado”, se quejó Juana Amadeo, envasadora de Frigorífico Don Luis, del Grupo Mattera, registrada bajo el Convenio PyME.

La delegada del Soip representa a un grupo de 27 compañeras. “Vivimos con $3854 del garantizado. No llegamos a trabajar 3 horas por día, de los 6 o 7 días de la quincena. Y ellos tienen barcos para traer pescado fresco, pero dicen que no hay, que tienen los barcos rotos o que nadie les quiere vender”.

Los armadores no pescan porque no tienen rentabilidad, los trabajadores dependientes directamente de ese pescado fresco solo acumulan frustraciones, la paritaria que se viene tiene un piso del 30% en una sola cuota, y mientras la olla aumenta de presión, todos rezan para que no explote antes de pasar de pantalla.

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Sobrevivir hasta pasar de pantalla

La industria pesquera suma caídas en los desembarques y protestas laborales. Un negocio sin rentabilidad que apuesta a la renovación de autoridades.

“Hay que capear el temporal; mantenerse a flote hasta diciembre”, reconoce detrás de su escritorio un empresario pesquero de segunda línea, a principios de esta semana.

Más allá del lugar que ocupa el autor del análisis en el tablero de la industria, el concepto  resume el pensamiento generalizado que impera dentro del principal motor de la economía doméstica, jaqueado por la falta de competitividad de casi todos los productos que exporta.

Sobrevivir hasta que pase el temblor, como si fuera un juego de realidad virtual donde surgen obstáculos a cada paso y el protagonista tiene que llegar a la meta para pasar de pantalla. 

Acá la meta asoma en el horizonte y por eso ya no se escucha bronca o indignación, sino resignación. Todos esperan que haya un cambio en la política económica que les permita recuperar la competitividad perdida a fuerza de la creciente inflación y el atraso en el tipo de cambio. “Tengo para escribir un libro con las promesas inclumplidas por los funcionarios de este gobierno”, exagera el industrial.

Rebaja en el precio del combustible, reducción de los derechos de exportación, facilidades en la liquidación de impuestos, encabezan el reclamo de las cámaras empresarias, que ya ni siquiera posan para las fotos con las autoridades gubernamentales. El álbum de la intrascendencia está completo.

La actividad operativa, el movimiento de todas las flotas, más de 250 barcos con asiento en el puerto local, está reducida a la mínima expresión. Las grandes empresas como Solimeno, Moscuzza, Valastro, los hermanos Baldino, los mayores armadores de buques fresqueros de Mar del Plata,  “El Marisco”…, mueven los buques como si fueran piezas de ajedrez.

De acuerdo a cifras oficiales de la Subsecretaría de Pesca de la Nación, entre enero y febrero de este año por Mar del Plata se declararon descargas por 38.700 toneladas de pescados.

En el mismo período del año anterior la terminal marítima local recibió, según la misma fuente oficial, 48.482 toneladas. La merma de casi el 20% de las descargas no termina de ilustrar la inmovilidad que registra la flota marplatense.

Este del 2015 es la confirmación estadística de la retracción de la actividad: entre 2011 y 2013 los desembarques en el primer bimestre del año fluctuaron entre las 50 mil y 60 mil toneladas.

No hay misterios para explicar el fenómeno. Hoy el negocio pesquero no ofrece estímulos para salir a pescar. La cuenta que hace un armador fresquero con un barco de 2 mil cajones es elocuente.

Suponiendo que llegue con bodega completa de merluza hubbsi, a razón de $8 por kilo, en menos de 10 días de marea, el barco factura $560.000. Paga el combustible ($200.000), a la tripulación ($150.000), seguro, cajones, estibaje, hielo, tasas portuarias ($120.000). Si no pierde ningún arte de pesca, no rompe nada en la sala de máquinas, lo que queda seria su ganancia.

La falta de movimiento en los muelles genera largas esperas en los sindicatos marítimos para conseguir un embarque y pocos jornales entre los estibadores de la rama del fresco. También eleva la tensión en los frigoríficos donde obreros procesan la materia prima que traen los barcos fresqueros.

Días pasados se registraron reclamos en empresas como Moscuzza y Mattera, donde los trabajadores exigieron un mayor nivel de actividad. Antes había sido una protesta del personal bajo convenio del 75, que paralizó por varios días la fábrica de Centauro, y también en Solimeno, donde la empresa directamente acordó un arreglo con 10 peones de descarga, “socios” de la cooperativa Coopenfilmar, antes de registrarlos como personal en blanco, tal la exigencia de los obreros.

Los fileteros de Moscuzza, 85 trabajadores asociados a la Cooperativa “Los 3 Amigos”, bloquearon el acceso al frigorífico en reclamo de la registración, una condición que siempre negaron a partir del continuo flujo de pescado.

Pero ahora que el pescado no llega, al menos fresco (la empresa es una de las que posee mayor cuota individual de captura y ha sido autorizada para pescar cupo de barcos fresqueros con sus barcos congeladores), los fileteros quieren ampararse en un salario garantizado.

Bien entrados en el siglo XXI y miles de trabajadores del pescado en la ciudad se mantienen en un marcado laboral sin tener garantía de sus ingresos. La Mar del Plata inclusiva debe rendir varias materias para convalidar el slogan.

Moscuzza acordó registrarlos en un plazo no mayor a 60 días. Los fileteros pidieron que cuando se haga el traspaso, la cuenta con la empresa quede en cero. Es que no trabajan lo suficiente para saldar los vales de adelanto que reciben todas las semanas. Algunos le deben a la cooperativa/empresa hasta $5 mil

Pero la falta de horas de trabajo no es un problema ajeno al personal bajo relación de dependencia en el barrio Puerto. “No queremos cobrar más el garantizado”, se quejó Juana Amadeo, envasadora de Frigorífico Don Luis, del Grupo Mattera, registrada bajo el Convenio PyME.

La delegada del Soip representa a un grupo de 27 compañeras. “Vivimos con $3854 del garantizado. No llegamos a trabajar 3 horas por día, de los 6 o 7 días de la quincena. Y ellos tienen barcos para traer pescado fresco, pero dicen que no hay, que tienen los barcos rotos o que nadie les quiere vender”.

Los armadores no pescan porque no tienen rentabilidad, los trabajadores dependientes directamente de ese pescado fresco solo acumulan frustraciones, la paritaria que se viene tiene un piso del 30% en una sola cuota, y mientras la olla aumenta de presión, todos rezan para que no explote antes de pasar de pantalla.

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