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No los une el amor, sino el espanto

No los une el amor, sino el espanto

Roberto Garrone

Armadores, industriales, exportadores de pescados y conservas coincidieron en el diagnóstico sobre la difícil coyuntura que atraviesa el sector. Despidos y cesación de pagos. De verdades y exageraciones.

Los memoriosos destacaban que ni en el barcazo del 2001, cuando toda la ciudad se encolumnó detrás de la flota fresquera para defender su acceso al caladero, se había logrado mostrar la concordia que hay ahora.

Aquella vez los buques congeladores eran los malos de la película y no formaron parte de la procesión que encabezó el exintendente Elio Aprile. Hoy, el desinterés y/o la incapacidad de las autoridades gubernamentales para emitir señales de auxilio al principal motor de la economía doméstica genera este fenómeno de la plena comunión. 

Que a la pesca marplatense no la une el amor sino el espanto quedó en evidencia en las últimas horas, cuando los distintos eslabones de la cadena productiva coincidieron en la redacción de un documento en el que trazaron un diagnóstico del particular momento que enfrentan.

Lo firmaron armadores, como la Asociación de Pesca Costera, Cepa, la Cámara de Armadores de Buques Pesqueros de Altura, la Asociación de Intereses Pesqueros Argentinos, procesadores, como CaIPA y la Cámara de Industriales del Pescado y exportadores como Cafrexport.

“Si todos tenemos los mismos problemas qué mejor que juntarnos y emitir un mensaje homogéneo”, contó uno de los dirigentes que rubricó el documento. “Quizás cause mayor impacto”, se esperanzaba al cierre de esta columna otro de los firmantes. 

Cada sector, juntos o por separado, han acumulado millas de sobra viajando a los despachos oficiales en busca de soluciones. Quienes venden al exterior siguen pagando derechos de exportación por productos que dan pérdida, como el calamar y la merluza.

Los armadores pagan el combustible al precio de surtidor. En el precio final sigue incluida una tasa que se destina a construir y mantener autopistas. Como no hay vínculos entre rutas y el océano, el estado no las exime de seguir pagando el tributo, pero les devuelve el dinero. Demora entre 6 y 9 meses.

Desde CaIPA calcularon que en concepto de derechos de exportación, fijados en el 2002 de manera momentánea, pero que ya suma más de una década y más allá de promesas se mantienen vigentes, las empresas marplatenses aportan 50 millones de dólares por año.

En Cafrexport ya perdieron las esperanzas de recibir incentivos para las empresas que procesan y suman valor a las materas primas. Lejos de bajarles los impuestos o otorgarles reembolsos por la generación adicional de empleo, ni siquiera les bajan las retenciones.

“El paso del tiempo va agravando los problemas, lo cual repercute en los niveles de actividad, el empleo y  la cadena de pagos, en la menor actividad de los barcos y en el índice de desocupación de la ciudad de Mar del Plata”, señalaron en concordancia los industriales.

Niveles de actividad que no se reflejan en la estadística oficial que marca la evolución de los desembarques. Es más, según los números de la Subsecretaría de Pesca, la flota fresquera este año registró más movimientos que el año pasado.

Hasta el 29 de mayo los datos señalan que la flota fresquera local aportó 67.048 toneladas de las 182.688 que recibió Mar del Plata. El año pasado para la misma época del año, los barcos colorados habían traído 65.676 toneladas de un total de 174.879 toneladas.

Se entiende el crecimiento de los desembarques porque nuestro puerto recibió descargas de la flota potera que pesca calamar, a partir de la reanudación del servicio de porta contenedores. Pero nadie puede explicar los números de los fresqueros.

Los números de la merluza hubbsi también son incompatibles con el panorama desolador que exhiben los sindicatos marítimos como el Simape, el Supa y el Soip, respaldados por la CGT. 
La estadística oficial informó que se descargaron 56.946 toneladas del stock sur, el más importante de la pesquería. En idéntico período del año pasado, fueron 53.366 toneladas. La participación de los fresqueros en ese plato mantuvo una porción similar. Aportaron 39.213 toneladas este año cuando el año pasado habían declarado 37.215 toneladas. 

“La actividad puede mantenerse estable pero la pérdida de rentabilidad es mayor año a año. Dimos un 30% de aumento en promedio y la devaluación apenas llega al 10%. Así en los últimos cinco años. Ya es insostenible”, confió un empresario que ponderó la conjunción sectorial.

“De seguir así, el goteo que va dejando en el camino puestos de trabajo y también empresas, seguirá profundizándose hasta lograr un nuevo punto de equilibrio con un sector pesquero que será una mínima expresión del que supo ser”, remarcaron en el documento.

A las pocas horas de conocido el texto, Ciro D´Antonio, referente de Cafrexport, anticipó que varias empresas analizan iniciar el procedimiento preventivo de crisis (PPC), contemplado en la ley de contrato de trabajo, que le permite a la patronal suspender trabajadores y despedirlos con reducción de indemnizaciones. Lo debe autorizar el Ministerio de Trabajo luego de observar balances y estados financieros. “Nos sobran los motivos”, dicen los empresarios, parafraseando a Sabina.

Exageraron en el documento cuando contabilizaron en 1500 las fuentes de trabajo perdidas tras la caída de media docena de empresas, entre las que mencionaron a Barilari, Costa Brava, Argenpesca, Tres Marías y Arhehpez. No llegan a 800 en toda la furia y muchos han sido absorbidos por el sistema informal.

Pero la falta de rentabilidad es tangible en el negocio. Solimeno, una empresa integrada con barcos fresqueros, congeladores arrastreros, poteros, tangoneros y plantas de procesamiento y cámaras frigoríficas, firmó semanas atrás un acuerdo de intención con un grupo inversor chino “Shanghai fisheries corporation” y negocia una posible venta a cambio de un par de cientos de millones de dólares y una transición de 3 años conducida por el propio “Tony”. “Hoy todos esperan que un chino golpee la puerta”, confesó otro industrial, al tanto de las negociaciones.

En este panorama de espanto que fue capaz de suturar viejas heridas sectoriales y amontonar quejas en un mismo escenario, pocas certezas afloran detrás de bambalinas. Tras coleccionar buenas intenciones pero ninguna medida efectiva que devuelva parte de la rentabilidad perdida, el sector anticipa despidos, persianas bajas y suspensión de la cadena de pagos.

Decidieron juntarse para mostrar que los pozos de la carretera sacuden a todos por igual. El comunicado fue último bocinazo antes de encarar la curva cerrada en la oscuridad del túnel.

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No los une el amor, sino el espanto

Armadores, industriales, exportadores de pescados y conservas coincidieron en el diagnóstico sobre la difícil coyuntura que atraviesa el sector. Despidos y cesación de pagos. De verdades y exageraciones.

Los memoriosos destacaban que ni en el barcazo del 2001, cuando toda la ciudad se encolumnó detrás de la flota fresquera para defender su acceso al caladero, se había logrado mostrar la concordia que hay ahora.

Aquella vez los buques congeladores eran los malos de la película y no formaron parte de la procesión que encabezó el exintendente Elio Aprile. Hoy, el desinterés y/o la incapacidad de las autoridades gubernamentales para emitir señales de auxilio al principal motor de la economía doméstica genera este fenómeno de la plena comunión. 

Que a la pesca marplatense no la une el amor sino el espanto quedó en evidencia en las últimas horas, cuando los distintos eslabones de la cadena productiva coincidieron en la redacción de un documento en el que trazaron un diagnóstico del particular momento que enfrentan.

Lo firmaron armadores, como la Asociación de Pesca Costera, Cepa, la Cámara de Armadores de Buques Pesqueros de Altura, la Asociación de Intereses Pesqueros Argentinos, procesadores, como CaIPA y la Cámara de Industriales del Pescado y exportadores como Cafrexport.

“Si todos tenemos los mismos problemas qué mejor que juntarnos y emitir un mensaje homogéneo”, contó uno de los dirigentes que rubricó el documento. “Quizás cause mayor impacto”, se esperanzaba al cierre de esta columna otro de los firmantes. 

Cada sector, juntos o por separado, han acumulado millas de sobra viajando a los despachos oficiales en busca de soluciones. Quienes venden al exterior siguen pagando derechos de exportación por productos que dan pérdida, como el calamar y la merluza.

Los armadores pagan el combustible al precio de surtidor. En el precio final sigue incluida una tasa que se destina a construir y mantener autopistas. Como no hay vínculos entre rutas y el océano, el estado no las exime de seguir pagando el tributo, pero les devuelve el dinero. Demora entre 6 y 9 meses.

Desde CaIPA calcularon que en concepto de derechos de exportación, fijados en el 2002 de manera momentánea, pero que ya suma más de una década y más allá de promesas se mantienen vigentes, las empresas marplatenses aportan 50 millones de dólares por año.

En Cafrexport ya perdieron las esperanzas de recibir incentivos para las empresas que procesan y suman valor a las materas primas. Lejos de bajarles los impuestos o otorgarles reembolsos por la generación adicional de empleo, ni siquiera les bajan las retenciones.

“El paso del tiempo va agravando los problemas, lo cual repercute en los niveles de actividad, el empleo y  la cadena de pagos, en la menor actividad de los barcos y en el índice de desocupación de la ciudad de Mar del Plata”, señalaron en concordancia los industriales.

Niveles de actividad que no se reflejan en la estadística oficial que marca la evolución de los desembarques. Es más, según los números de la Subsecretaría de Pesca, la flota fresquera este año registró más movimientos que el año pasado.

Hasta el 29 de mayo los datos señalan que la flota fresquera local aportó 67.048 toneladas de las 182.688 que recibió Mar del Plata. El año pasado para la misma época del año, los barcos colorados habían traído 65.676 toneladas de un total de 174.879 toneladas.

Se entiende el crecimiento de los desembarques porque nuestro puerto recibió descargas de la flota potera que pesca calamar, a partir de la reanudación del servicio de porta contenedores. Pero nadie puede explicar los números de los fresqueros.

Los números de la merluza hubbsi también son incompatibles con el panorama desolador que exhiben los sindicatos marítimos como el Simape, el Supa y el Soip, respaldados por la CGT. 
La estadística oficial informó que se descargaron 56.946 toneladas del stock sur, el más importante de la pesquería. En idéntico período del año pasado, fueron 53.366 toneladas. La participación de los fresqueros en ese plato mantuvo una porción similar. Aportaron 39.213 toneladas este año cuando el año pasado habían declarado 37.215 toneladas. 

“La actividad puede mantenerse estable pero la pérdida de rentabilidad es mayor año a año. Dimos un 30% de aumento en promedio y la devaluación apenas llega al 10%. Así en los últimos cinco años. Ya es insostenible”, confió un empresario que ponderó la conjunción sectorial.

“De seguir así, el goteo que va dejando en el camino puestos de trabajo y también empresas, seguirá profundizándose hasta lograr un nuevo punto de equilibrio con un sector pesquero que será una mínima expresión del que supo ser”, remarcaron en el documento.

A las pocas horas de conocido el texto, Ciro D´Antonio, referente de Cafrexport, anticipó que varias empresas analizan iniciar el procedimiento preventivo de crisis (PPC), contemplado en la ley de contrato de trabajo, que le permite a la patronal suspender trabajadores y despedirlos con reducción de indemnizaciones. Lo debe autorizar el Ministerio de Trabajo luego de observar balances y estados financieros. “Nos sobran los motivos”, dicen los empresarios, parafraseando a Sabina.

Exageraron en el documento cuando contabilizaron en 1500 las fuentes de trabajo perdidas tras la caída de media docena de empresas, entre las que mencionaron a Barilari, Costa Brava, Argenpesca, Tres Marías y Arhehpez. No llegan a 800 en toda la furia y muchos han sido absorbidos por el sistema informal.

Pero la falta de rentabilidad es tangible en el negocio. Solimeno, una empresa integrada con barcos fresqueros, congeladores arrastreros, poteros, tangoneros y plantas de procesamiento y cámaras frigoríficas, firmó semanas atrás un acuerdo de intención con un grupo inversor chino “Shanghai fisheries corporation” y negocia una posible venta a cambio de un par de cientos de millones de dólares y una transición de 3 años conducida por el propio “Tony”. “Hoy todos esperan que un chino golpee la puerta”, confesó otro industrial, al tanto de las negociaciones.

En este panorama de espanto que fue capaz de suturar viejas heridas sectoriales y amontonar quejas en un mismo escenario, pocas certezas afloran detrás de bambalinas. Tras coleccionar buenas intenciones pero ninguna medida efectiva que devuelva parte de la rentabilidad perdida, el sector anticipa despidos, persianas bajas y suspensión de la cadena de pagos.

Decidieron juntarse para mostrar que los pozos de la carretera sacuden a todos por igual. El comunicado fue último bocinazo antes de encarar la curva cerrada en la oscuridad del túnel.

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