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Las buenas intenciones no se traducen en mayor trabajo

Las buenas intenciones no se traducen en mayor trabajo

Roberto Garrone

Pese a la mejora de los reintegros para merluza y variado costero procesada en tierra la actividad en Mar del Plata sigue a un ritmo muy lento. Estibadores y obreros del pescado los más afectados por una bonanza que ocurre lejos.

A casi tres semanas de la publicación del Decreto 639 en el Boletín Oficial, pocas cosas han cambiado en los muelles y calles del puerto marplatense como se preveía que podía suceder a partir de la entrada en vigencia de una medida que todas las cámaras empresarias reclamaban.

La mejora en los reintegros a la exportación de productos y subproductos de merluza y variado costero elaborados en plantas procesadoras de tierra a partir del desembarco de pescado aportado por la flota fresquera todavía no se traduce en un mayor nivel de desembarques y tampoco en mayor carga horaria en los frigoríficos.

Hasta el 31 de julio pasado en Mar del Plata se habían descargado 225 mil toneladas entre pescados, moluscos y mariscos. La cifra representa 20 mil toneladas menos que en los primeros 7 meses del 2015 pero 17 mil toneladas más que el año pasado.

La suba se explica fundamentalmente por la mejor zafra de calamar que se registró este año, que duplicó el desembarque de illex del año pasado. La merluza del efectivo norte tuvo un rendimiento óptimo. Dentro de la Zona Común de Pesca Argentino Uruguaya se pescaron casi 16 mil toneladas, un 116% más que el año pasado.

La buena temporada sobre el stock norte no alcanza a disimular los bajos rendimientos del stock sur, el principal de la pesquería y donde este año hubo menos actividad a partir de los casi 50 barcos fresqueros que fueron a participar de la temporada de langostino que exhibe una sobre abundancia que genera perplejidad.

Como será el mal humor reinante entre los estibadores que este viernes empujaron a Carlos Mezzamico a salir a la esquina de 12 de Octubre y la Av. de los Trabajadores para exponer la falta de trabajo y exigir a las autoridades una respuesta sobre el futuro de la actividad pesquera en el puerto. Como si fuera algo sencillo de explicar.

De los sindicalistas del puerto, el “Pelado” es quien menos juego tiene para encabezar manifestaciones donde quede en evidencia que los esfuerzos que hacen las autoridades nacionales y provinciales para oxigenar los números de la pesca marplatense asoman siempre insuficientes.

El Secretario General del SUPA está alineado a lo que queda del Partido Fe, tras la muerte del Momo Venegas y representa al intendente Arroyo en el sillón del Consorcio Portuario reservado a la Municipalidad. Piden un imposible, que se reabra la temporada de calamar, que ya entró en veda para proteger a los juveniles que pescarán el año próximo.

Los estibadores junto con los obreros del pescado son los que más sienten la falta de reactivación de la flota fresquera. Los marineros gozan allá lejos en aguas patagónicas de la bonanza del langostino con viajes que apenas duran 72 horas y generan buenas ganancias.

Nadie de los participantes pondera las malas condiciones de habitabilidad a bordo y el trabajo prolongado. La necesidad de trabajar relega las incomodidades e inseguridades.

“Acá somos 700 y al ritmo que estamos trabajando hoy, alcanzaría para la mitad”, dice Mezzamico, cuyo sector fue uno de los primeros flexibilizados allá por la década del ´90. Más allá que aumentan el servicio un 30% todos los principios de año desde hace un lustro, es la estiba más barata del país y los armadores no los tienen bajo relación de dependencia sino tercerizados en cooperativas. Pero se quedaron sin barcos que descargar con la migración masiva al langostino y el cierre anticipado de la zafra del calamar.

El panorama es desolador para los estibadores. El dirigente dice que apenas el 25% de la flota fresquera esta operativa. La zafra de corvina fue un fiasco. En Mar del Plata se desembarcaron apenas 6 mil toneladas hasta mediados del mes pasado. Sumando la zafra de los puertos de la Bahía de Samborombón, llegaron a 10 mil, un tercio de las descargas de los dos últimos años. Los pocos costeros que fueron a buscar un recurso que vale lo mismo que hace dos años, apenas completaron dos mareas.

Ahora recién comienza a dibujar la temporada de caballa y anchoíta pero no hay grandes expectativas de mover volúmenes importantes. El castigado sector conservero demoró la incorporación de personal temporario por falta de materia prima. Y no se espera que se prolongue demasiado. El mercado interno para la caballa está más en el subsuelo y el éxito de la temporada de anchoíta en el Cantábrico dejó a los compradores de nuestra engraulis con pocas necesidades.

“El barco que no está a langostino está parado o ha cambiado de manos y lo preparan para convertirlo en congelador”, dice Mezzamico. Habla de los dos fresqueros que la división familiar de Baldino, el “San Andres Apostol” y el “Ponte Coruxo”, vendió a Cicollela y a Jorge Calvo, ex o actual socio de Francisco “Franco” Barillari. La empresa paga salarios en José Hernández 69, el ex frigorífico de Franco, ahora manejado por su hermano.

La historia del Ponte, ex de Ventura, tiene días pescando como congelador. Con esos antecedentes creen que será suficiente para entrar a la pesquería de langostino el año próximo. Todo el que puede migra hacia la panacea naranja que ofrece el marisco. Mar del Plata queda lejos y sobre dimensionada en su capacidad productiva que nadie parece dispuesto a usufructuar con alto nivel de ausentismo, piquetes y juicios laborales.

Cristina Ledesma todavía masculla bronca por que el oficialismo de Cambiemos frenó el proyecto de ley que establecía la posibilidad que sus afiliados se jubilen de manera anticipada a los 55 años.

La Secretaria General del Soip mantendrá la boca cerrada para que no se le escape ninguna queja hasta tanto se cristalice el subsidio de 3 mil pesos por el próximo trimestre que por estas horas terminaban de confirmar las autoridades del Ministerio de Trabajo. Acostumbrados a superar con facilidad los 10 mil pesos por quincena cuando hay trabajo, ahora deben sobrevivir con ese monto todo el mes.

“Mejoró el tipo de cambio, les aumentaron los reintegros, le bajaron el costo de la ART, estudian aliviar la carga impositiva… pero no sacan los barcos a pescar”, se quejan los dirigentes sindicales que miran con la ñata contra el vidrio como los patrones se codean con el Presidente y para ellos solo hay migajas con forma de subsidios.

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Las buenas intenciones no se traducen en mayor trabajo

Pese a la mejora de los reintegros para merluza y variado costero procesada en tierra la actividad en Mar del Plata sigue a un ritmo muy lento. Estibadores y obreros del pescado los más afectados por una bonanza que ocurre lejos.

Estibadores descargan calamar. La temporada fue buena mientras duró. Aunque lo pidan, no volverá a abrirse.

A casi tres semanas de la publicación del Decreto 639 en el Boletín Oficial, pocas cosas han cambiado en los muelles y calles del puerto marplatense como se preveía que podía suceder a partir de la entrada en vigencia de una medida que todas las cámaras empresarias reclamaban.

La mejora en los reintegros a la exportación de productos y subproductos de merluza y variado costero elaborados en plantas procesadoras de tierra a partir del desembarco de pescado aportado por la flota fresquera todavía no se traduce en un mayor nivel de desembarques y tampoco en mayor carga horaria en los frigoríficos.

Hasta el 31 de julio pasado en Mar del Plata se habían descargado 225 mil toneladas entre pescados, moluscos y mariscos. La cifra representa 20 mil toneladas menos que en los primeros 7 meses del 2015 pero 17 mil toneladas más que el año pasado.

La suba se explica fundamentalmente por la mejor zafra de calamar que se registró este año, que duplicó el desembarque de illex del año pasado. La merluza del efectivo norte tuvo un rendimiento óptimo. Dentro de la Zona Común de Pesca Argentino Uruguaya se pescaron casi 16 mil toneladas, un 116% más que el año pasado.

La buena temporada sobre el stock norte no alcanza a disimular los bajos rendimientos del stock sur, el principal de la pesquería y donde este año hubo menos actividad a partir de los casi 50 barcos fresqueros que fueron a participar de la temporada de langostino que exhibe una sobre abundancia que genera perplejidad.

Como será el mal humor reinante entre los estibadores que este viernes empujaron a Carlos Mezzamico a salir a la esquina de 12 de Octubre y la Av. de los Trabajadores para exponer la falta de trabajo y exigir a las autoridades una respuesta sobre el futuro de la actividad pesquera en el puerto. Como si fuera algo sencillo de explicar.

De los sindicalistas del puerto, el “Pelado” es quien menos juego tiene para encabezar manifestaciones donde quede en evidencia que los esfuerzos que hacen las autoridades nacionales y provinciales para oxigenar los números de la pesca marplatense asoman siempre insuficientes.

El Secretario General del SUPA está alineado a lo que queda del Partido Fe, tras la muerte del Momo Venegas y representa al intendente Arroyo en el sillón del Consorcio Portuario reservado a la Municipalidad. Piden un imposible, que se reabra la temporada de calamar, que ya entró en veda para proteger a los juveniles que pescarán el año próximo.

Los estibadores junto con los obreros del pescado son los que más sienten la falta de reactivación de la flota fresquera. Los marineros gozan allá lejos en aguas patagónicas de la bonanza del langostino con viajes que apenas duran 72 horas y generan buenas ganancias.

Nadie de los participantes pondera las malas condiciones de habitabilidad a bordo y el trabajo prolongado. La necesidad de trabajar relega las incomodidades e inseguridades.

“Acá somos 700 y al ritmo que estamos trabajando hoy, alcanzaría para la mitad”, dice Mezzamico, cuyo sector fue uno de los primeros flexibilizados allá por la década del ´90. Más allá que aumentan el servicio un 30% todos los principios de año desde hace un lustro, es la estiba más barata del país y los armadores no los tienen bajo relación de dependencia sino tercerizados en cooperativas. Pero se quedaron sin barcos que descargar con la migración masiva al langostino y el cierre anticipado de la zafra del calamar.

El panorama es desolador para los estibadores. El dirigente dice que apenas el 25% de la flota fresquera esta operativa. La zafra de corvina fue un fiasco. En Mar del Plata se desembarcaron apenas 6 mil toneladas hasta mediados del mes pasado. Sumando la zafra de los puertos de la Bahía de Samborombón, llegaron a 10 mil, un tercio de las descargas de los dos últimos años. Los pocos costeros que fueron a buscar un recurso que vale lo mismo que hace dos años, apenas completaron dos mareas.

Ahora recién comienza a dibujar la temporada de caballa y anchoíta pero no hay grandes expectativas de mover volúmenes importantes. El castigado sector conservero demoró la incorporación de personal temporario por falta de materia prima. Y no se espera que se prolongue demasiado. El mercado interno para la caballa está más en el subsuelo y el éxito de la temporada de anchoíta en el Cantábrico dejó a los compradores de nuestra engraulis con pocas necesidades.

“El barco que no está a langostino está parado o ha cambiado de manos y lo preparan para convertirlo en congelador”, dice Mezzamico. Habla de los dos fresqueros que la división familiar de Baldino, el “San Andres Apostol” y el “Ponte Coruxo”, vendió a Cicollela y a Jorge Calvo, ex o actual socio de Francisco “Franco” Barillari. La empresa paga salarios en José Hernández 69, el ex frigorífico de Franco, ahora manejado por su hermano.

La historia del Ponte, ex de Ventura, tiene días pescando como congelador. Con esos antecedentes creen que será suficiente para entrar a la pesquería de langostino el año próximo. Todo el que puede migra hacia la panacea naranja que ofrece el marisco. Mar del Plata queda lejos y sobre dimensionada en su capacidad productiva que nadie parece dispuesto a usufructuar con alto nivel de ausentismo, piquetes y juicios laborales.

Cristina Ledesma todavía masculla bronca por que el oficialismo de Cambiemos frenó el proyecto de ley que establecía la posibilidad que sus afiliados se jubilen de manera anticipada a los 55 años.

La Secretaria General del Soip mantendrá la boca cerrada para que no se le escape ninguna queja hasta tanto se cristalice el subsidio de 3 mil pesos por el próximo trimestre que por estas horas terminaban de confirmar las autoridades del Ministerio de Trabajo. Acostumbrados a superar con facilidad los 10 mil pesos por quincena cuando hay trabajo, ahora deben sobrevivir con ese monto todo el mes.

“Mejoró el tipo de cambio, les aumentaron los reintegros, le bajaron el costo de la ART, estudian aliviar la carga impositiva… pero no sacan los barcos a pescar”, se quejan los dirigentes sindicales que miran con la ñata contra el vidrio como los patrones se codean con el Presidente y para ellos solo hay migajas con forma de subsidios.

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