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Cuando la crisis golpea fuerte: "Me quedé sin trabajo y tuve que volver a vender pañuelos descartables"

Cuando la crisis golpea fuerte: "Me quedé sin trabajo y tuve que volver a vender pañuelos descartables"

Por Redacción 0223

Axel tiene 25 años y es estudiante de Psicología. El año pasado junto a su amigo Tomás habían empezado con la venta para "salir del momento", pero la situación económica se agudizó y tras ser despedido de su trabajo, "no quedó otra que volver". 

La difícil situación económica que se vive en todo el país no escapa a ningún sector: para los estudiantes terciarios y universitarios cada vez es más complicado poder continuar con sus carreras debido a la falta de trabajos de medio turno que le permitan costear sus gastos.

Axel, un joven de 25 años de la localidad de San Miguel del Monte es un ejemplo de ese complicado panorama. El año pasado, junto a su amigo Tomás comenzaron a vender pañuelos descartables en los semáforos de Mar del Plata para poder solventar sus estudios, y aunque en estos meses pudo conseguir otros trabajos con mejores condiciones laborales, hace poco lo despidieron y tuvo que volver a "recorrer las calles". 

"Me quedé sin trabajo y tuve que volver a vender pañuelitos", cuenta.

Aunque la ganancia es mínima y apenas le permite poder pagar fotocopias, llega también a cubrir gastos diarios. "No queda otra", dice.

"Pensábamos que esto era para salir del momento", explica. Pero la crisis que enfrenta la ciudad y el país lo obligaron a otra vez pararse frente a los autos, dejar a un lado la vergüenza  y vender lo máximo posible.

Hoy, de nuevo cuelga de su cuello un cartel con la leyenda: "Estudio Psicología, ayudame". Cuando en 2017 por primera vez se paró frente a los conductores "la gente no prestaba mucha atención". "Pero me puse el cartel y fue automática la reacción de la gente, enseguida se sumó", sentencia.

"En aquel momento estábamos muy mal económicamente y no queríamos volver a nuestros pueblos, queríamos seguir estudiando y se me ocurrió esto de los pañuelos", dice Axel y recuerda que compartía la actividad con su compañero de departamento. Después de un tiempo, ambos pudieron conseguir otros trabajos, Tomás "de los suyo" y Axel pasó por varios, hasta que un día lo despidieron.

"Pensábamos que esto era para salir del momento, pero no quedó otra y tuvimos que volver"

Cada vez los trabajos son más inestables, más para uno que es estudiante que no le contemplan los horarios", sentencia el joven parado en la esquina de Independencia y Roca, como todos los días. A pesar de haber pasado por otras esquinas, esta es la suya ahora. A veces está 4 horas, hay días que no cursa y puede decirle un poco más de tiempo.

"Por suerte la gente se prende", resalta el estudiante con una sonrisa y un humor que no deja de tener, más allá de todo. 

 

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Cuando la crisis golpea fuerte: "Me quedé sin trabajo y tuve que volver a vender pañuelos descartables"

Axel tiene 25 años y es estudiante de Psicología. El año pasado junto a su amigo Tomás habían empezado con la venta para "salir del momento", pero la situación económica se agudizó y tras ser despedido de su trabajo, "no quedó otra que volver". 

La difícil situación económica que se vive en todo el país no escapa a ningún sector: para los estudiantes terciarios y universitarios cada vez es más complicado poder continuar con sus carreras debido a la falta de trabajos de medio turno que le permitan costear sus gastos.

Axel, un joven de 25 años de la localidad de San Miguel del Monte es un ejemplo de ese complicado panorama. El año pasado, junto a su amigo Tomás comenzaron a vender pañuelos descartables en los semáforos de Mar del Plata para poder solventar sus estudios, y aunque en estos meses pudo conseguir otros trabajos con mejores condiciones laborales, hace poco lo despidieron y tuvo que volver a "recorrer las calles". 

"Me quedé sin trabajo y tuve que volver a vender pañuelitos", cuenta.

Aunque la ganancia es mínima y apenas le permite poder pagar fotocopias, llega también a cubrir gastos diarios. "No queda otra", dice.

"Pensábamos que esto era para salir del momento", explica. Pero la crisis que enfrenta la ciudad y el país lo obligaron a otra vez pararse frente a los autos, dejar a un lado la vergüenza  y vender lo máximo posible.

Hoy, de nuevo cuelga de su cuello un cartel con la leyenda: "Estudio Psicología, ayudame". Cuando en 2017 por primera vez se paró frente a los conductores "la gente no prestaba mucha atención". "Pero me puse el cartel y fue automática la reacción de la gente, enseguida se sumó", sentencia.

"En aquel momento estábamos muy mal económicamente y no queríamos volver a nuestros pueblos, queríamos seguir estudiando y se me ocurrió esto de los pañuelos", dice Axel y recuerda que compartía la actividad con su compañero de departamento. Después de un tiempo, ambos pudieron conseguir otros trabajos, Tomás "de los suyo" y Axel pasó por varios, hasta que un día lo despidieron.

"Pensábamos que esto era para salir del momento, pero no quedó otra y tuvimos que volver"

Cada vez los trabajos son más inestables, más para uno que es estudiante que no le contemplan los horarios", sentencia el joven parado en la esquina de Independencia y Roca, como todos los días. A pesar de haber pasado por otras esquinas, esta es la suya ahora. A veces está 4 horas, hay días que no cursa y puede decirle un poco más de tiempo.

"Por suerte la gente se prende", resalta el estudiante con una sonrisa y un humor que no deja de tener, más allá de todo. 

 

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