0223.com.ar
La trama secreta de la guerra de la basura

La trama secreta de la guerra de la basura

Por Mariano Suárez

Hacía poco menos de un mes que Carlos Arroyo era el intendente de General Pueyrredon. Y en vísperas del segundo fin de semana de enero, los recolectores de residuos de la empresa 9 de Julio anunciaron un paro porque no habían cobrado el sueldo, una situación casi calcada a la que se vivió en las últimas horas.

El gobierno bonaerense, que no tenía la relación tirante que tiene hoy con el mandamás marplatense, no disponía de fondos para auxiliarlo. Arroyo llamó a su amigo personal Gerónimo “Momo” Venegas y le pidió ayuda. Poco después, el intendente habló directamente con el líder del Sindicato de Camioneros Hugo Moyano, quien destrabó el conflicto: el gremio le prestó al municipio casi 25 millones de pesos para pagar los sueldos y se levantó el paro. El dato anecdótico fue que el Banco Provincia abrió un sábado para que los trabajadores pudieran cobrar. Y el otro dato, no menos importante, es que cinco días después el jefe comunal firmó la concesión por 8 años del servicio de recolección de residuos a cargo de la cuestionada 9 de Julio.

 

Dos años y medio después, algo cambió. Camioneros anunció un paro, pero Arroyo no habló con Moyano para pedirle ayuda: tildó de inadaptados a los camioneros. A partir de allí, Pablo Moyano desembarcó en Mar del Plata y recrudeció la batalla. Detrás de los cruces de declaraciones existe una historia subterránea que sirve para entender por qué se llegó a semejante punto de hostilidad.

El jueves 5 por la noche, sin tener novedad del sueldo de junio y el medio aguinaldo, el Sindicato de Camioneros anunció una medida de fuerza desde esa misma noche en la recolección de residuos de Mar del Plata. “Estamos reunidos ahora, tratando de resolver la situación”, señalaron fuentes municipales aquella tarde intensa. Minutos después, un comunicado a través de las redes sociales les pedía a los marplatenses que no sacaran la basura y confirmaba que las gestiones no habían llegado a buen puerto.

El viernes 6 el municipio apeló otra vez a las redes sociales para difundir las novedades del caso. Informó que el gobierno nacional había enviado la plata destinada a tal fin, pero que los fondos estaban trabados en provincia por “problemas administrativos”. La sutileza no fue suficiente para disimular que el municipio le apuntaba al gobierno bonaerense por el conflicto.

 

“Hace dos meses que el Ministerio del Interior giró la plata y está parada en provincia. La quieren usar para presionarnos”, deslizó una fuente municipal. Y el dardo apuntaba a un funcionario conocido en Mar del Plata: el ministro de Gobierno Joaquín De la Torre. “Arroyo hace dos meses que no habla con él y con esta situación querían forzarlo a que lo llamara”, contaron desde el entorno del jefe comunal.

Desde el gobierno bonaerense la versión tiene otros matices. La figura de De la Torre no es caprichosa. “Cualquier cosa que haga está avalada por Vidal, él no se manda solo”, dijeron desde el entorno de la mandataria.

Más allá de algunas banderas blancas que se desplegaron en los últimos tiempos, en el gobierno bonaerense siguen calificando como “problemática” la gestión de Arroyo. La crisis nacional, que golpeó tanto la imagen del presidente Mauricio Macri como la de la gobernadora, hoy no les permite “expulsarlo”. Sean pocos o muchos los votos que tenga, el año que viene Cambiemos puede necesitarlos. No obstante, sigue siendo un intendente mirado de reojo.

De hecho, hace algunos meses desde el gobierno provincial le pidieron a Arroyo que ceda el manejo de las secretarías de Hacienda y Gobierno. Se nombró a la exsenadora Malena Baro para reemplazar a Hernán Mourelle y a un hombre allegado al senador Lucas Fiorini (por ende a De la Torre) en lugar de Alejandro Vicente. El intendente no cedió a estos pedidos.

El conflicto de la basura entonces despertó las internas latentes entre el municipio y la provincia. Pero esta vez, el Sindicato de Camioneros no lo dejó pasar: “Pagaron los sueldos de los municipales, casi todos los aguinaldos y nosotros no cobramos nada”, se quejaron desde el gremio que conduce Eva Moyano.

 

Con la confirmación del paro y las negociaciones truncadas, el municipio le pidió al Ministerio de Trabajo bonaerense, el viernes por la noche, que dicte la conciliación obligatoria. Con esa medida, Mar del Plata se garantizaba el servicio de recolección y ganaba días para pagarle a la empresa 9 de Julio. Sin embargo, el gremio no la acató. Y esa movida desencajó a las autoridades municipales.  

El municipio, primero, le apuntó al gremio por no acatar la conciliación. Luego, a la empresa 9 de Julio por no tener respaldo financiero para cumplir con su obligación con los trabajadores.  Y por último hubo un intento desesperado para que funcionarios municipales junto a empleados del Emsur se suban a camiones para juntar la basura del centro. Camioneros impidieron esa maniobra a la que consideraron una “payasada”.

Toda esa seguidilla de actos desembocó en la frase de Arroyo que tildó de “inadaptados” a los camioneros. El secretario de Hacienda Hernán Mourelle no colaboró demasiado para atemperar las aguas: habló de actitudes mafiosas del gremio y acusó a Eva Moyano de “manejar a la 9 de Julio”.

 

Rápidamente, desde el sindicato salieron a despegarse de esos vínculos. “Nosotros no elegimos la empresa. Si los tienen que echar que lo hagan”, sostuvo Marcelo Aparicio, referente a nivel nacional. En rigor, la relación de la empresa con el gremio siempre fue cercana. Sin embargo, hace algunos meses murió el último de los dueños con los que los Moyano tenían línea directa. Desde ese entonces, la relación se resquebrajó y no encontraron un interlocutor para mantener un diálogo fluido.

Tanto desde el sindicato como del municipio reconocen que la pelea fue “innecesaria” y que no le conviene a ninguno. Los primeros creen que Pablo Moyano, hijo de Hugo, fue responsable de llevar el conflicto a un punto tan alto. Y entienden que el cambio de los tiempos políticos y el enfrentamiento del clan Moyano con el gobierno nacional fue el combustible necesario para calentar el motor. “No es casualidad que haya venido él (por Pablo Moyano), haya amenazado con un paro nacional justo en este momento”, explicaron. Desde el sindicato, en cambio, le apuntan a Arroyo y su capacidad de lanzar frases fuera del libreto. ¿Habrá reconciliación o será un foco de conflicto permanente?

Comentarios de usuarios de 0223
Comentarios de usuarios de facebook

La trama secreta de la guerra de la basura

Hacía poco menos de un mes que Carlos Arroyo era el intendente de General Pueyrredon. Y en vísperas del segundo fin de semana de enero, los recolectores de residuos de la empresa 9 de Julio anunciaron un paro porque no habían cobrado el sueldo, una situación casi calcada a la que se vivió en las últimas horas.

El gobierno bonaerense, que no tenía la relación tirante que tiene hoy con el mandamás marplatense, no disponía de fondos para auxiliarlo. Arroyo llamó a su amigo personal Gerónimo “Momo” Venegas y le pidió ayuda. Poco después, el intendente habló directamente con el líder del Sindicato de Camioneros Hugo Moyano, quien destrabó el conflicto: el gremio le prestó al municipio casi 25 millones de pesos para pagar los sueldos y se levantó el paro. El dato anecdótico fue que el Banco Provincia abrió un sábado para que los trabajadores pudieran cobrar. Y el otro dato, no menos importante, es que cinco días después el jefe comunal firmó la concesión por 8 años del servicio de recolección de residuos a cargo de la cuestionada 9 de Julio.

 

Dos años y medio después, algo cambió. Camioneros anunció un paro, pero Arroyo no habló con Moyano para pedirle ayuda: tildó de inadaptados a los camioneros. A partir de allí, Pablo Moyano desembarcó en Mar del Plata y recrudeció la batalla. Detrás de los cruces de declaraciones existe una historia subterránea que sirve para entender por qué se llegó a semejante punto de hostilidad.

El jueves 5 por la noche, sin tener novedad del sueldo de junio y el medio aguinaldo, el Sindicato de Camioneros anunció una medida de fuerza desde esa misma noche en la recolección de residuos de Mar del Plata. “Estamos reunidos ahora, tratando de resolver la situación”, señalaron fuentes municipales aquella tarde intensa. Minutos después, un comunicado a través de las redes sociales les pedía a los marplatenses que no sacaran la basura y confirmaba que las gestiones no habían llegado a buen puerto.

El viernes 6 el municipio apeló otra vez a las redes sociales para difundir las novedades del caso. Informó que el gobierno nacional había enviado la plata destinada a tal fin, pero que los fondos estaban trabados en provincia por “problemas administrativos”. La sutileza no fue suficiente para disimular que el municipio le apuntaba al gobierno bonaerense por el conflicto.

 

“Hace dos meses que el Ministerio del Interior giró la plata y está parada en provincia. La quieren usar para presionarnos”, deslizó una fuente municipal. Y el dardo apuntaba a un funcionario conocido en Mar del Plata: el ministro de Gobierno Joaquín De la Torre. “Arroyo hace dos meses que no habla con él y con esta situación querían forzarlo a que lo llamara”, contaron desde el entorno del jefe comunal.

Desde el gobierno bonaerense la versión tiene otros matices. La figura de De la Torre no es caprichosa. “Cualquier cosa que haga está avalada por Vidal, él no se manda solo”, dijeron desde el entorno de la mandataria.

Más allá de algunas banderas blancas que se desplegaron en los últimos tiempos, en el gobierno bonaerense siguen calificando como “problemática” la gestión de Arroyo. La crisis nacional, que golpeó tanto la imagen del presidente Mauricio Macri como la de la gobernadora, hoy no les permite “expulsarlo”. Sean pocos o muchos los votos que tenga, el año que viene Cambiemos puede necesitarlos. No obstante, sigue siendo un intendente mirado de reojo.

De hecho, hace algunos meses desde el gobierno provincial le pidieron a Arroyo que ceda el manejo de las secretarías de Hacienda y Gobierno. Se nombró a la exsenadora Malena Baro para reemplazar a Hernán Mourelle y a un hombre allegado al senador Lucas Fiorini (por ende a De la Torre) en lugar de Alejandro Vicente. El intendente no cedió a estos pedidos.

El conflicto de la basura entonces despertó las internas latentes entre el municipio y la provincia. Pero esta vez, el Sindicato de Camioneros no lo dejó pasar: “Pagaron los sueldos de los municipales, casi todos los aguinaldos y nosotros no cobramos nada”, se quejaron desde el gremio que conduce Eva Moyano.

 

Con la confirmación del paro y las negociaciones truncadas, el municipio le pidió al Ministerio de Trabajo bonaerense, el viernes por la noche, que dicte la conciliación obligatoria. Con esa medida, Mar del Plata se garantizaba el servicio de recolección y ganaba días para pagarle a la empresa 9 de Julio. Sin embargo, el gremio no la acató. Y esa movida desencajó a las autoridades municipales.  

El municipio, primero, le apuntó al gremio por no acatar la conciliación. Luego, a la empresa 9 de Julio por no tener respaldo financiero para cumplir con su obligación con los trabajadores.  Y por último hubo un intento desesperado para que funcionarios municipales junto a empleados del Emsur se suban a camiones para juntar la basura del centro. Camioneros impidieron esa maniobra a la que consideraron una “payasada”.

Toda esa seguidilla de actos desembocó en la frase de Arroyo que tildó de “inadaptados” a los camioneros. El secretario de Hacienda Hernán Mourelle no colaboró demasiado para atemperar las aguas: habló de actitudes mafiosas del gremio y acusó a Eva Moyano de “manejar a la 9 de Julio”.

 

Rápidamente, desde el sindicato salieron a despegarse de esos vínculos. “Nosotros no elegimos la empresa. Si los tienen que echar que lo hagan”, sostuvo Marcelo Aparicio, referente a nivel nacional. En rigor, la relación de la empresa con el gremio siempre fue cercana. Sin embargo, hace algunos meses murió el último de los dueños con los que los Moyano tenían línea directa. Desde ese entonces, la relación se resquebrajó y no encontraron un interlocutor para mantener un diálogo fluido.

Tanto desde el sindicato como del municipio reconocen que la pelea fue “innecesaria” y que no le conviene a ninguno. Los primeros creen que Pablo Moyano, hijo de Hugo, fue responsable de llevar el conflicto a un punto tan alto. Y entienden que el cambio de los tiempos políticos y el enfrentamiento del clan Moyano con el gobierno nacional fue el combustible necesario para calentar el motor. “No es casualidad que haya venido él (por Pablo Moyano), haya amenazado con un paro nacional justo en este momento”, explicaron. Desde el sindicato, en cambio, le apuntan a Arroyo y su capacidad de lanzar frases fuera del libreto. ¿Habrá reconciliación o será un foco de conflicto permanente?

Conectar
Crear cuenta
Redimensionar