La historia de Don Ramón: su triste final, la traición de “Chespirito” por Florinda Meza y la premonitoria última escena que grabó | 0223

La historia de Don Ramón: su triste final, la traición de “Chespirito” por Florinda Meza y la premonitoria última escena que grabó

Ramón Valdés le dio vida a uno de los personajes infantiles más entrañables de la TV. Conoció la fama con “El Chavo del 8” y fue ovacionado en estadios repletos en todo el continente, pero murió desahuciado y peleado con Roberto Gómez Bolaños, quien no asistió a su entierro, al igual que su polémica pareja.

La historia de "Don Ramón”, el vago más querido del mundo.

4 de Diciembre de 2022 09:02

Ramón Valdés tenía dos debilidades en su vida: los niños y los cigarrillos sin filtro. La primera lo convirtió en uno de los personajes infantiles más queridos en todo América, la que recorrió llenando estadios de la mano de la troupe de “Chespirito”, dándole vida al inolvidable “Don Ramón”, el vago más querible de la televisión hispana, que medio siglo después de su estreno sigue regalando sonrisas en todo el continente. La otra, lo llevó a la muerte. Una muerte previsible y dolorosa, lejos de algunos de sus compañeros de “El Chavo del 8”, al que había abandonado cuando Roberto Gómez Bolaños puso su amor por Florinda Meza por encima de todo y de todos, provocando la salida del programa de su amigo “Monchito”.

Ramón Antonio Esteban Gómez Valdés y Castillo nació en 1923 en una familia humilde, llena de carencias y de hijos (eran ocho varones y dos mujeres, aunque su hermana más pequeña, Amanda, falleció cuando era una niña). Su padre, Rafael, era agente de la aduana y había derrotado a la terrible maldición que sufrieron sus padres: tuvieron 16 hijos, pero a finales del Siglo 19, con pocas medicinas, solo uno de ellos logró sobrevivir más allá de la niñez. 

Dueños de un gran sentido del humor, varios de los hermanos Valdés (Germán “Tin Tan”, Manuel “El Loco” y Antonio “El Ratón”), a los que sus padres les ponían apodos que los acompañarían toda su vida, aprovecharon su histrionismo para formar parte de una de las más salientes dinastías de la época dorada del cine mexicano. El que abrió la puerta al resto fue “Tin Tan”, quien convertido en estrella logró que “Monchito” hiciera de extra en algunas películas y gane algo de espacio en la pantalla y unos pesos que no le alcanzaban para vivir. 

Mientras conseguía un poco más de atención y trabajo en el cine, compartiendo escenas con Pedro Infante y Cantinflas, trabajaba de carpintero, de comerciante, de chofer o cualquier oficio que le sirviera para llevar el pan a su casa. Es que siguiendo el legado de sus padres, Ramón también tuvo diez hijos, aunque en tres matrimonios que permanecieron lejos de los medios. Solo una de sus esposas, la segunda, Araceli Julián, rompió el anonimato. Era actriz y cantante y tenía más fama que su esposo cuando se enamoraron. Con ella Ramón tuvo cinco hijos que disfrutaron de un padre divertido, cariñoso y protector.

Ramón Valdés tuvo 10 hijos con tres mujeres distintas.

Ya había participado en más de 50 películas cuando conoció a Roberto Gómez Bolaños, un talentoso guionista y aceptable actor con el que en 1967 compartió escenas en “El cuerpazo del delito”. Tenía 45 años, decenas de roles secundarios y poco dinero. Pero su nuevo amigo admiraba su humor, y le propuso un trabajo que empezaría a cambiarle la vida.

El ciclo “Los Supergenios de la Mesa Cuadrada” reunió el talento de Ramón Valdés, Chespirito, María Antonieta de las Nieves y Rubén Aguirre. En ese programa de humor empezaba a gestarse el elenco que haría historia en la TV mexicana con el nacimiento, un par de años después, de “El Chapulín Colorado” y “El Chavo del 8”, la comedia en la que se puso en la piel del entrañable “Don Ramón”. El personaje era perfecto para Valdés. Tanto que Gómez Bolaños le dijo que no debía componer casi nada, solo ser él mismo, con su gracia, sus tonos y hasta con su propio y austero vestuario habitual.

El éxito fue inmediato. Las historias creadas por Gómez Bolaños eran las preferidas de los niños mexicanos y la fama se trasladó al resto del continente, en cada país en el que se emitían los programas. El Chapulín la rompía, pero eran los increíbles personajes de “La vecindad” del Chavo los que enamoraban a todos desde su estreno, el 20 de junio de 1971. Pese a ser un vago fanático y un deudor incobrable, “Don Ramón” tenía un corazón enorme y su costado tierno terminaba de convertir al rudo y viudo padre de “La Chilindrina” en uno de los preferidos de los más chicos. Cada día de grabación, Valdés se quedaba firmando autógrafos y sacándose fotos con sus fans, y ponía en aprietos a los vestuaristas de “El Chavo del 8” porque siempre regalaba su gorrito y debían buscar otro a último momento.

El elenco de “Chespirito” traspasó las fronteras gracias a la TV (llegaban a más de 300 millones de personas cada semana) y también con innumerables viajes en los que los actores recorrieron Latinoamérica para encarnar a sus míticos personajes frente a escenarios y estadios desbordados de gente. En Argentina llenaron el Luna Park durante toda una semana y varios estadios del interior. Ese estallido de popularidad duró casi toda la década del 70, llevándolos a la pantalla grande y a ser doblados en más de 50 países. Pero esa fórmula triunfadora se rompería por celos y por amor.

Ramón Valdés sintió que algo había cambiado cuando Carlos Villagrán, quien encarnaba a “Quico”, se alejó del programa en 1978, peleado con Gómez Bolaños luego de que el autor le bajara el sueldo. Villagrán sintió que el director del programa lo empujaba a que se fuera, motivado por los celos que le causaban la fama de “Quico” y el romance que el actor había tenido hacía unos años con su compañera Florinda Meza.

La historia de amor de Roberto Gómez Bolaños y Florinda Meza distanció a Chespirito de Ramón Valdés.

La joven actriz tenía entonces 29 años (veinte menos que “Chespirito”), y había deslumbrado en los inicios del programa a Villagrán, un hombre casado que fue su amante por unos meses. Pero después de casi una década de trabajar bajo sus órdenes y de años de cortejo insistente, se rindió a los pies de Gómez Bolaños, que pudo al fin robarle un beso en una gira por Chile, lejos de la prensa mexicana y de su familia.

Pese a que el creador de El Chavo también era casado y tenía seis hijos, su romance estaba blanqueado frente al elenco y llevó a Chespirito a darle a Florinda Meza la oportunidad de dirigir a los actores en las escenas de sus programas. Ese cambio de roles generó chispazos con varios integrantes del ciclo, hasta que Ramón Valdés decidió encarar a Gómez Bolaños. Le pidió que vuelva a dirigirlo él, como había hecho siempre, en cada sketch. Pero no tuvo la respuesta que esperaba del hombre que públicamente decía que “Monchito” era la persona que más lo hacía reír y lo consideraba un gran amigo. Desilusionado, siguió los pasos de Villagrán y abandonó “La vecindad” luego de grabar un par de capítulos en 1979.

Sin Don Ramón y sin Quico, los programas de “El Chavo” perdieron buena parte de su gracia. Chespirito inventó nuevos personajes para tratar de olvidarlos, pero ya nada sería igual. Por eso se tragó su orgullo y en 1981 le ofreció a Valdés una segunda oportunidad. “Don Ramón” regresó por una temporada, dejando para la historia la escena en la que se reencuentra con “La Chilindrina”. La leyenda cuenta que Gómez Bolaños se guardó el secreto del retorno del inquilino que nunca pagaba la renta, y por eso en la escena de su vuelta a la vecindad María Antonieta de las Nieves reacciona con real emoción y sorpresa, saltando a los brazos de su padre con lágrimas en los ojos. En verdad, lo que ocurrió fue que "Chespirito" eligió sabiamente no ensayar esa escena. Así, los personajes de "La Chilindrina" y "Don Ramón" se verían las caras nuevamente en plena grabación. El resultado fue un momento espontáneo, con los dos actores con sus ojos llenos de lágrimas. Nada era fingido. Ramón Valdés era amado por sus compañeros, y María Antonieta de las Nieves lo había elegido años antes para que fuera el padrino de su boda. 

Esa segunda etapa duró apenas un año. La relación con Florinda Meza no distaba mucho de la que tenía con “Doña Florinda”. No había cachetadas como en la ficción, pero el clima era insostenible. Luego de nueve meses, Valdés dejó grabados algunos capítulos para el año siguiente y se marchó para siempre.

Su siguiente proyecto fue junto a Villagrán, quien le había hecho un juicio a Gómez Bolaños para poder usar a “Quico” por su cuenta. Hicieron un programa en la televisión venezolana, la única que aceptó darles trabajo a los “enemigos” de “Chespirito” y de la poderosa Televisa. El ciclo no funcionó. Y aunque sus actuaciones en un circo itinerante por toda Latinoamérica le permitían conservar el cariño de los niños en la piel de “Don Ramón”, se refugió en el cine y llevó adelante varias películas, una de ellas en el rol del tío pirata de un adolescente que rompía la taquilla y los corazones de millones de chicas: Luis Miguel. Unos años más tarde su propio sobrino seguiría el camino de la música. Se llamaba Cristian Castro, y heredó el talento artístico de su madre, Verónica, y de un padre ausente al que perdonaría mucho tiempo después: Manuel “El Loco” Valdés, hermano de Ramón.

Para entonces, el actor ya estaba padeciendo los daños de su adicción al tabaco. A principios de los 80 le habían diagnosticado un cáncer de estómago provocado por los cigarrillos sin filtro que fumaba sin descanso, incluso en los sets de “Chespirito”, en los que era el único que tenía permitido fumar gracias a la admiración y a la amistad que le profesaba el dueño de Televisa.

Algo engañado por sus hijos, que intentaron que no se escapara del quirófano por temor, fue operado en 1985 para extirparle un enorme tumor del estómago. Pero las noticias no fueron alentadoras. En la cirugía los médicos descubrieron que el cáncer se había extendido y había hecho metástasis en su médula espinal. Ya no podían hacer nada para ayudarlo.

Ramón Valdés murió de cáncer, producto de una de sus dos debilidades: los cigarrillos sin filtro.

Desahuciado por la ciencia, solo asistido con cuidados paliativos, durante casi tres años Ramón Valdés encontró consuelo en su público más fiel: los niños. Continuó las giras con su circo por todo el continente, luchando contra un cuerpo que ya no le podía seguir el tren. Fue en Perú, el último destino que pudo visitar, donde sintió que su físico le decía basta. Retornó a México ya sin fuerzas, y grabó algunos programas en el nuevo proyecto de Carlos Villagrán, “Ah, qué Quico”, en el que ambos se vestían de sus icónicos personajes, aunque lejos de la vecindad y de sus mejores épocas.

La última escena que filmó fue una premonición. “Don Ramón”, convertido en administrador de una tienda en la que “Quico” era su asistente, se preocupa porque ya era de noche y el joven de los cachetes gigantes, que se había retado con otro amigo a entrar a un cementerio para probar quién de los dos era más valiente, no regresaba. Habían grabado todo el capítulo y dejaron para el final la escena en la que “Don Ramón” entra al panteón, ya que debían filmarla en plena madrugada. En la noche oscura, Valdés traspasa la reja del cementerio para encontrar a su amigo y desaparece entre la niebla.

Unas semanas después, los dolores se hicieron insoportables y Ramón Valdés fue internado y sedado durante dos semanas. El final era irremediable. Algunos de sus viejos compañeros lo fueron a visitar antes de que muriera en el Hospital Santa Helena de ciudad de México, el 9 de agosto de 1988. Tenía 64 años y seguía el destino de varios de sus hermanos, víctimas del cáncer.

La fama de su personaje inolvidable y el respeto ganado entre sus colegas llevaron a cientos de personas a su funeral, tan humilde como el que hubiera tenido “Don Ramón”. Allí estuvieron Édgar Vivar (“El Señor Barriga”) y Rubén Aguirre (“El Profesor Jirafales”). El momento más emotivo de su adiós lo protagonizó su amiga Angelines Fernández. La actriz española que luchó en la Guerra Civil antes de mudarse a México y encarnó a “La Bruja del 71” lo abrazó desconsolada en un llanto interminable y estuvo dos horas conmovida frente al cajón. Su “Rorro”, como le decía “Doña Clotilde” a su amor imposible en la ficción, se había ido para siempre.

La despedida más emotiva en las últimas horas de "Don Ramón" la dio "La Bruja del 71".

María Antonieta de las Nieves se enteró de la muerte de su "papito lindo" de gira por Perú, al igual que Villagrán, y lamentó durante años no haber podido despedirlo. Lo mismo aseguraba Roberto Gómez Bolaños. Aunque se informó que estaba fuera de México, muchos aseguran que no quiso ir, al igual que su futura esposa, Florinda Meza (se casaron en 2004). Su ausencia en el entierro de “Don Ramón” fue uno de los fantasmas que persiguió a “Chespirito” hasta su propia muerte, en 2014. El verdadero motivo de su ausencia es un secreto que su viuda todavía guarda bajo siete llaves.  

Unos días antes de su irremediable partida, ya en el hospital esperando el triste final de su vida, mientras recibía la visita de sus amigos más entrañables, aquellos con los que compartió los felices años de la vecindad del Chavo, al recibir la visita de Édgar Vivar, con la voz que le quedaba, Valdés le dijo que ya no iba a poder pagarle la renta. Fue el último chiste de “Don Ramón”, el vago más querido del mundo.

 

 

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