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Las causas no-naturales de una ciudad inundada

Las causas no-naturales de una ciudad inundada

Por Alejandro Martínez

Por estas horas, el intendente de Mar del Plata, Carlos Arroyo (Cambiemos), y sus colaboradores, bajarán cifras para demostrar lo extraordinario de la lluvia caída estos últimos días para justificarse ante la población, pero las causas de esta nueva desgracia  tienen responsables humanos y más precisamente, políticos.

Los programas de obras públicas de infraestructura brillan por su ausencia: dependen de los negociados de turno de los Báez y Calcaterras locales y de si hay o no, financiamiento provincial o nacional a disposición (generalmente con endeudamiento caro e internacional) y terminan exprimiendo las finanzas municipales.

El presupuesto municipal destinado para “Infraestructura Básica y Desarrollo comunitario” representa el 0,3% del presupuesto municipal.

Seguimos pagando doblemente caro el pésimo servicio brindado por la “dueña” del presupuesto municipal: la empresa de recolección 9 de Julio, que está muy lejos de mantener limpias la calles y veredas de Mar del Plata, contribuyendo al colapso de los desagües pluviales.

Los problemas más graves se concentran en los barrios, donde no es necesaria mucha agua para que a miles de marplatenses se les aneguen las calles y casas: con un déficit de casi 20.000 viviendas, con decenas de barrios precarios sin urbanizar, los damnificados se multiplican año a año. 

Los respectivos gobiernos a lo sumo se preparan, en el mejor de los casos, para una vieja “gimnasia”: cientos de evacuados en algún lugar provisorio, colchones, alguna comidita de urgencia, donaciones de la ciudadanía y de vuelta a esperar en una casilla, si quedó en pié, la próxima inundación.

La limpieza de pluviales y arroyos realizada en los últimos años por trabajadores ultraprecarizados de las cooperativas, fue víctima del ajuste de Arroyo, que como en otras áreas, prefirió despedirlos cancelando esos contratos precarios, sin pasarlos a planta como corresponde.

Este año además ha quedado en evidencia cómo la creciente privatización de los espacios públicos, a los que tanto el exintendente Pulti  (Acción Marplatense-FpV) como Arroyo veneran, conspira contra una vida relativamente digna de la amplia mayoría  de la ciudadanía: varias obras públicas están demoradas porque su concreción “afecta” el usufructo privado de las playas: la demorada obra del arroyo del Barco que debe desaguar cerca del exclusivo Club Náutico... o el relleno de la reserva Natural del Puerto en manos del Club Aldosivi, manejado históricamente por los superexplotadores de la industria del Pescado. 

Por otro lado, la desbocada privatización de las playas impide una planificación acorde a las necesidades de la vida urbana: estos factores hicieron que el puerto y el centro de la ciudad fueran anegados como nunca antes y no simplemente por efecto de la lluvia caída.

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Nacido hace 48 años en Lincoln, provincia de Buenos Aires. Militante social del Partido Obrero y dirigente del Frente de Izquierda. 

Las causas no-naturales de una ciudad inundada

Por estas horas, el intendente de Mar del Plata, Carlos Arroyo (Cambiemos), y sus colaboradores, bajarán cifras para demostrar lo extraordinario de la lluvia caída estos últimos días para justificarse ante la población, pero las causas de esta nueva desgracia  tienen responsables humanos y más precisamente, políticos.

Los programas de obras públicas de infraestructura brillan por su ausencia: dependen de los negociados de turno de los Báez y Calcaterras locales y de si hay o no, financiamiento provincial o nacional a disposición (generalmente con endeudamiento caro e internacional) y terminan exprimiendo las finanzas municipales.

El presupuesto municipal destinado para “Infraestructura Básica y Desarrollo comunitario” representa el 0,3% del presupuesto municipal.

Seguimos pagando doblemente caro el pésimo servicio brindado por la “dueña” del presupuesto municipal: la empresa de recolección 9 de Julio, que está muy lejos de mantener limpias la calles y veredas de Mar del Plata, contribuyendo al colapso de los desagües pluviales.

Los problemas más graves se concentran en los barrios, donde no es necesaria mucha agua para que a miles de marplatenses se les aneguen las calles y casas: con un déficit de casi 20.000 viviendas, con decenas de barrios precarios sin urbanizar, los damnificados se multiplican año a año. 

Los respectivos gobiernos a lo sumo se preparan, en el mejor de los casos, para una vieja “gimnasia”: cientos de evacuados en algún lugar provisorio, colchones, alguna comidita de urgencia, donaciones de la ciudadanía y de vuelta a esperar en una casilla, si quedó en pié, la próxima inundación.

La limpieza de pluviales y arroyos realizada en los últimos años por trabajadores ultraprecarizados de las cooperativas, fue víctima del ajuste de Arroyo, que como en otras áreas, prefirió despedirlos cancelando esos contratos precarios, sin pasarlos a planta como corresponde.

Este año además ha quedado en evidencia cómo la creciente privatización de los espacios públicos, a los que tanto el exintendente Pulti  (Acción Marplatense-FpV) como Arroyo veneran, conspira contra una vida relativamente digna de la amplia mayoría  de la ciudadanía: varias obras públicas están demoradas porque su concreción “afecta” el usufructo privado de las playas: la demorada obra del arroyo del Barco que debe desaguar cerca del exclusivo Club Náutico... o el relleno de la reserva Natural del Puerto en manos del Club Aldosivi, manejado históricamente por los superexplotadores de la industria del Pescado. 

Por otro lado, la desbocada privatización de las playas impide una planificación acorde a las necesidades de la vida urbana: estos factores hicieron que el puerto y el centro de la ciudad fueran anegados como nunca antes y no simplemente por efecto de la lluvia caída.

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