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Evo, el pragmático

Evo, el pragmático

Por Augusto Taglioni

Evo Morales combina retórica ideológica con pragmatismo político.

La visita de Evo Morales a Argentina es un buen disparador para analizar a que le dio estabilidad a Bolivia en un contexto de fuerte incertidumbre. Evo tiene un costado ideológico que lo explota al máximo y se basa en su condición de indígena y antiimperialista pero su fuerte no solo gravita en ese espectro, sino en el grado de pragmatismo que le permite construir buenas relaciones con sus pares.

El presidente de Bolivia llegó al poder en 2006 con un país destruido. En el período pre-morales comprendido entre 1994-2005, el PIB per cápita promedio era de 961 dólares, mientras durante la gestión subió a 2392 dólares. Por su parte, la inversión pública de Bolivia es la más alta de la región con un 12.6% del PIB. También tiene las mayores reservas Internacionales con relación al PIB, que desde el inicio del actual gobierno subieron de 1.714 MM. a 10.261 MM en 2017. Asimismo, en cuanto la inflación (un problema sin solución para el gobierno de Macri) no ha sido problema para Bolivia, ya que es una de las más bajas de la región con 1.5%,  gracias a la baja emisión monetaria y una intervención eficiente del Estado.

En el derrotero de datos y siguiendo recomendaciones de Banco Mundial y el FMI en relación a que la deuda externa con relación al PIB no puede exceder al 40%, el equipo económico del gobierno boliviano redujo la deuda en relación al PBI de 74,8 % en 1994 a 24.6%. Dicho por el propio Evo Morales desde su cuenta de Twitter: “Ahora Bolivia tiene capacidad de endeudamiento”.

Bolivia logró sostener el crecimiento con una inflación de un dígito y consolidar al país como el que menos desocupación del continente, con 4 por ciento. La combinación entre pragamatismo, en algunos casos con un manual ortodoxo, e inversión social fueron claves para lograrlo. 

Morales no tiene problemas en destacar la visión de los organismos multilaterales “del imperio” mientras se solidariza con Nicolás Maduro y habla de la patria socialista. Al mismo tiempo, ha logrado forjar buenas relaciones con gobiernos con los que piensan sustancialmente diferentes a los que considera “hermanos” como el de Argentina y Paraguay porque entiende que necesita sostener relaciones comerciales. Por eso, Evo vino al país a reunirse con Macri para renegociar los contratos de gas hasta el 2026 o asistió a la asunción de Jair Bolsonaro en Brasil con quien no lo une mas allá que una balanza comercial positiva producto de ser el primer destino de las exportaciones brasileras. No hay hipocresía en la retórica del Jefe de Estado boliviano sino un claro entendimiento de lo que necesita para insertarse en la región y el mundo.

En ese marco, la necesidad de un país pequeño del altiplano de comerciar con todos desde una posición de fortaleza hace que no haya impedimento ideológico para llevar a adelanta las relaciones. Esto es, sin dudas, un gesto de inteligencia del gobierno. 

Escenario electoral 

Una reciente encuesta que maneja el gobierno boliviano y a la que tuvimos acceso para realizar esta columna muestran niveles de valoración altos de la sociedad para con el proceso encarnado por Morales. De los consultados, un 64,9 por ciento de los bolivianos consideran positiva la gestión de gobierno mientras que un 34,1 piensan de forma negativa. 

A su vez, un 58,7 por ciento destaca el incentivo al consumo, 53,4 cree que trajo bienestar al pueblo, un 53,3 que mejoró el empleo y los salarios y 60,4 dice haberse beneficiado económicamente. 

Cabe destacar que la misma encuesta dice que el 55 por ciento de las personas no considera haber ascendido socialmente y entre un 55 y un 56 por ciento de las persona consultadas es indiferente con la política, no se siente identificada con ningún partido y un 45,3 por ciento no tiene ideología definida.

También es importante decir que el piso con el que Evo tomó las riendas de su país fue mas bajo que en otros paises. Esto explica porque en un proceso que incluyó a la enorme mayoría de los sectores vulnerables, las metas a alcanzar mas de diez años después sean comprar la casa propia, invertir en un negocio y que los hijos vayan a la universidad, como respondieron los consultados. Los problemas identificados por los bolivianos están vinculados con la construcción de escuelas y hospitales y mejorar la calidad de la salud y la educación. 

No obstante, mas allá del  53,9 por ciento de imagen positiva con la que cuenta Evo, el escenario electoral se le presenta complejo, ya que, la intención de voto es de 37,5 por ciento que le alcanza para liderar pero lo pone en segunda vuelta con el ex presidente Carlos Mesa y lo enfrenta ente el desafío de seducir a un 18,2 por ciento de indecisos. Sin proyección de estos últimos, Evo llegaría al 45 por ciento.

Integración como política de estado

En los tiempos que corren, en donde la palabra integración ha dejado de ser una prioridad latinoamericana, Evo Morales demuestra que no es necesario la homogeneidad para lograr una dinámica virtuosa en la economía.

Evo llama hermanos a sus colegas presidente porque entiende que no es posible sobrevivir sin pensarse colectivamente. Unasur, al margen de las mentiras que se dijeron en el último tiempo, fue un ejemplo de convivencia y consenso en el que la política, la democracia y la economía se pensaron como un bloque en un contexto internacional complejo. 

¿Cómo es posible atravesar las tormentas que propone el mundo? La respuesta siempre es la integración. Integrados, corrigiendo errores del paso y con la inteligencia que demanda el presente. Evo lo sabe.

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Evo, el pragmático

Evo Morales combina retórica ideológica con pragmatismo político.

La visita de Evo Morales a Argentina es un buen disparador para analizar a que le dio estabilidad a Bolivia en un contexto de fuerte incertidumbre. Evo tiene un costado ideológico que lo explota al máximo y se basa en su condición de indígena y antiimperialista pero su fuerte no solo gravita en ese espectro, sino en el grado de pragmatismo que le permite construir buenas relaciones con sus pares.

El presidente de Bolivia llegó al poder en 2006 con un país destruido. En el período pre-morales comprendido entre 1994-2005, el PIB per cápita promedio era de 961 dólares, mientras durante la gestión subió a 2392 dólares. Por su parte, la inversión pública de Bolivia es la más alta de la región con un 12.6% del PIB. También tiene las mayores reservas Internacionales con relación al PIB, que desde el inicio del actual gobierno subieron de 1.714 MM. a 10.261 MM en 2017. Asimismo, en cuanto la inflación (un problema sin solución para el gobierno de Macri) no ha sido problema para Bolivia, ya que es una de las más bajas de la región con 1.5%,  gracias a la baja emisión monetaria y una intervención eficiente del Estado.

En el derrotero de datos y siguiendo recomendaciones de Banco Mundial y el FMI en relación a que la deuda externa con relación al PIB no puede exceder al 40%, el equipo económico del gobierno boliviano redujo la deuda en relación al PBI de 74,8 % en 1994 a 24.6%. Dicho por el propio Evo Morales desde su cuenta de Twitter: “Ahora Bolivia tiene capacidad de endeudamiento”.

Bolivia logró sostener el crecimiento con una inflación de un dígito y consolidar al país como el que menos desocupación del continente, con 4 por ciento. La combinación entre pragamatismo, en algunos casos con un manual ortodoxo, e inversión social fueron claves para lograrlo. 

Morales no tiene problemas en destacar la visión de los organismos multilaterales “del imperio” mientras se solidariza con Nicolás Maduro y habla de la patria socialista. Al mismo tiempo, ha logrado forjar buenas relaciones con gobiernos con los que piensan sustancialmente diferentes a los que considera “hermanos” como el de Argentina y Paraguay porque entiende que necesita sostener relaciones comerciales. Por eso, Evo vino al país a reunirse con Macri para renegociar los contratos de gas hasta el 2026 o asistió a la asunción de Jair Bolsonaro en Brasil con quien no lo une mas allá que una balanza comercial positiva producto de ser el primer destino de las exportaciones brasileras. No hay hipocresía en la retórica del Jefe de Estado boliviano sino un claro entendimiento de lo que necesita para insertarse en la región y el mundo.

En ese marco, la necesidad de un país pequeño del altiplano de comerciar con todos desde una posición de fortaleza hace que no haya impedimento ideológico para llevar a adelanta las relaciones. Esto es, sin dudas, un gesto de inteligencia del gobierno. 

Escenario electoral 

Una reciente encuesta que maneja el gobierno boliviano y a la que tuvimos acceso para realizar esta columna muestran niveles de valoración altos de la sociedad para con el proceso encarnado por Morales. De los consultados, un 64,9 por ciento de los bolivianos consideran positiva la gestión de gobierno mientras que un 34,1 piensan de forma negativa. 

A su vez, un 58,7 por ciento destaca el incentivo al consumo, 53,4 cree que trajo bienestar al pueblo, un 53,3 que mejoró el empleo y los salarios y 60,4 dice haberse beneficiado económicamente. 

Cabe destacar que la misma encuesta dice que el 55 por ciento de las personas no considera haber ascendido socialmente y entre un 55 y un 56 por ciento de las persona consultadas es indiferente con la política, no se siente identificada con ningún partido y un 45,3 por ciento no tiene ideología definida.

También es importante decir que el piso con el que Evo tomó las riendas de su país fue mas bajo que en otros paises. Esto explica porque en un proceso que incluyó a la enorme mayoría de los sectores vulnerables, las metas a alcanzar mas de diez años después sean comprar la casa propia, invertir en un negocio y que los hijos vayan a la universidad, como respondieron los consultados. Los problemas identificados por los bolivianos están vinculados con la construcción de escuelas y hospitales y mejorar la calidad de la salud y la educación. 

No obstante, mas allá del  53,9 por ciento de imagen positiva con la que cuenta Evo, el escenario electoral se le presenta complejo, ya que, la intención de voto es de 37,5 por ciento que le alcanza para liderar pero lo pone en segunda vuelta con el ex presidente Carlos Mesa y lo enfrenta ente el desafío de seducir a un 18,2 por ciento de indecisos. Sin proyección de estos últimos, Evo llegaría al 45 por ciento.

Integración como política de estado

En los tiempos que corren, en donde la palabra integración ha dejado de ser una prioridad latinoamericana, Evo Morales demuestra que no es necesario la homogeneidad para lograr una dinámica virtuosa en la economía.

Evo llama hermanos a sus colegas presidente porque entiende que no es posible sobrevivir sin pensarse colectivamente. Unasur, al margen de las mentiras que se dijeron en el último tiempo, fue un ejemplo de convivencia y consenso en el que la política, la democracia y la economía se pensaron como un bloque en un contexto internacional complejo. 

¿Cómo es posible atravesar las tormentas que propone el mundo? La respuesta siempre es la integración. Integrados, corrigiendo errores del paso y con la inteligencia que demanda el presente. Evo lo sabe.

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