Entrevista

10 de Agosto de 2021 08:17

“Bolsonaro era como un Alfredo Olmedo, el de la campera amarilla”

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Augusto Taglioni presentará este jueves y de manera virtual su primer libro.

El periodista marplatense Augusto Taglioni acaba de publicar ¿Quién gobierna Brasil? Claves para entender el gobierno de Jair Bolsonaro, un libro en que que traza un perfil de un militar que pasó de ser un personaje al que nadie tomaba en serio a convertirse en el presidente del país más grande de América Latina.

Jair Bolsonaro, un diputado marginal de extrema derecha, se convirtió en el presidente del país más importante de América Latina. ¿Qué hizo que eso ocurra? ¿Cómo pasó de un puñado de votos que le garantizaban la renovación de una banca en el Parlamento al aluvión electoral que le permitió derrotar al Partido de los Trabajadores en la segunda vuelta de 2018? Esos son algunos de los interrogantes que se planteó el periodista Augusto Taglioni, y que dieron como resultado ¿Quién gobierna Brasil? Claves para entender el gobierno de Jair Bolsonaro (Cooperativa editorial Azucena, 2021), su primer libro.

Taglioni es editor de internacionales de La Política On Line en sus redacciones en Argentina, México, España y Estados Unidos. Además, coordina los podcast de Resumen del Sur por la plataforma Ivoox y es responsable de la sección Mundo en 0223. Previo a la presentación oficial de su trabajo -será este jueves a las 19 a través de su canal de Youtube y Facebook-, habló con este medio sobre el personaje que marcó un antes y un después en la política de toda la región.

-¿Quién es Bolsonaro y cómo llegó al poder?

Antes de ser presidente, Bolsonaro integraba el grupo de lo que en Brasil se denomina "Baixo clero". Es una forma despectiva que suele utilizarse para los diputados marginales y sin propuestas que no inciden en ningún debate de trascendencia pública. 

Entró a la política a principios de la década del ‘90 luego de ser capitán del ejército y se fue luego de una pelea con sus superiores por un reclamo salarial y acusaciones de haber intentado perpetrar un atentado.

Ingresó a la política haciendo uso de su experiencia militar y abusó de la retórica conservadora y a favor de la dictadura. De alguna manera, se volvió un personaje de consumo irónico que nadie tomaba con seriedad. Algo así como un Alfredo Olmedo, el de la campera amarilla.

Su ideario siempre fue ese: apoyar el golpe de estado, la tenencia de armas y un discurso muy basado en la seguridad, los valores y la familia. Su primera aparición pública que trascendió las fronteras de Brasil fue cuando habló en la sesión que aprobó el juicio político contra Dilma Rousseff. Ahí reivindicó al militar que torturó a Dilma y eso se vio en todo el mundo. 

¿Cómo llega un personaje de ese calibre a ser presidente del país más importante de América Latina? La respuesta es: Operación Lava Jato. La investigación de corrupción que inició Sergio Moro en 2014 que para 2016 se llevó puesto a todos los partidos políticos en general y al Partido de los Trabajadores en particular. 

Esto hizo crecer el escepticismo de la población para con los políticos y empezaron a crecer figuras ligadas al empresariado o pastores evangélicos. Bolsonaro logró canalizar ese enojo. Estuvo en el momento adecuado y le sacó provecho.

-¿Cómo impactó eso en latinoamérica y, principalmente, en Argentina?

Bolsonaro es una figura disruptiva y su llegada se convierte en un antecedente para otros países. Su llegada a la presidencia, muy en consonancia con Donald Trump en Estados Unidos, alimentó a las expresiones similares de ultraderecha, negacionistas del cambio climático, nacionalistas y conservadoras en otros países. Sin ir más lejos, el hijo menor de Bolsonaro, Eduardo, compartió imágenes del acto de Javier Milei el fin de semana. El bolsonarismo movilizó ese activo de la sociedad de ultraderecha que estaba oculto o disperso.

En cuanto a Argentina, impactó en la relación política con el gobierno. Bolsonaro híper ideologiza la relación con Alberto Fernández y eso lo que hace es demorar aspectos claves del vínculo comercial. América Latina depende mucho de la diplomacia presidencial y cuando no hay sintonía eso se sienta en el comercio. Hoy está todo frenado, empantanado y sin horizonte. 

-¿La sociedad brasileña toma dimensión de lo que sucede desde su llegada al gobierno?

Una parte parece que sí, votó a Bolsonaro y no lo haría ahora, pero hay núcleo duro que lo defiende a capa y espada. La sociedad votó en 2018 una opción que le ofrecía los cambios que demandaba que estaban ligados a la lucha contra la corrupción y la seguridad.  Ya en el gobierno quedaron expuestas sus limitaciones pero al mismo tiempo las preocupaciones cambiaron. 

La pésima gestión de la pandemia de parte de Bolsonaro puso la salud en el centro de las preocupaciones. A eso hay que sumarle el aumento del desempleo y la pobreza y las amenazas constantes contra la democracia. 

Ese el combo de demandas para 2022. Ahí Bolsonaro no tiene mucho para mostrar. 

-¿Tiene posibilidades de continuar en el gobierno? ¿Quién podría reemplazarlo?

Las encuestas le dan cerca del 30 por ciento de intención de voto. Está muy competitivo para la segunda vuelta pero no le alcanzaría para ganar. Ese tercio es su base, puede bajar si la crisis empeora pero el piso no creo que esté más abajo del 20 por ciento.

El favorito para derrotarlo es Lula. Tanto Bolsonaro como Lula se necesitan en la pelea electoral para configurar un escenario de extrema polarización. Hoy no hay opciones alternativas competitivas, ni de una tercera vía ni dentro del bolsonarismo. El candidato será Bolsonaro aunque eso implique no reconocer los resultados y llevar al país al máximo nivel de tensión institucional.

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