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    10 de Febrero de 2016 17:15

    Una capilla de piedra y cal en la loma: la historia de Mar del Plata comienza así...

    Patricio Peralta Ramos mandó a construir una capilla en homenaje a su esposa fallecida. Allí también estuvo el primer cementerio del primitivo poblado. La historia del templo, piedra fundacional de Mar del Plata.

    En 1873, aún conmovido por la muerte de su esposa Cecilia Robles –falleció en 1861, desangrada durante el parto del último de sus dieciséis hijos-, el estanciero porteño Patricio Peralta Ramos ordenó erigir en la cima de la loma de la chacra una capilla para recordarla.

    La construcción estuvo a cargo de Francisco Beltrami y es la más antigua que existe en pie en Mar del Plata. Se encuentra ubicada en calle Córdoba, entre 3 de Febrero y 9 de Julio, sitio considerado piedra fundacional del incipiente caserío que se extendía en torno al arroyo Las Chacras: en 1874, el ingeniero Carlos de Chapearouge, responsable del trazado de las calles del nuevo pueblo, eligió el rumbo de la traza paralelo a la capilla, hacia el lado de la calle San Luis. Desde allí midió 100 varas (cada vara tiene 0,86 metros) y determinó cada manzana. Por ese motivo, las cuadras marplatenses miden 86,60 metros, además de las veredas.

    Tras delimitar las actuales calles Córdoda, San Luis, Mitre, Yrigoyen e Independencia, el agrimensor trazó las primeras perpendiculares: 3 de Febrero, 9 de Julio y 25 de Mayo. También tomó dos morros o lomas, Santa Cecilia y Stella Maris, y el centro ubicó la bahía fundacional de Mar del Plata, Punta Iglesia.

    La elección de la capilla como primer mojón de la mensura de Mar del Plata no fue azarosa: se trataba del único edificio de piedra y cal revocado que existía en la época. De esta forma, quedaban desestimados los ranchos de adobe y paja que estaban en la orilla de arroyo Las Chacras y que llegaban hasta el saladero.

    Patricio Peralta Ramos había arribado a estas costas por primera vez en 1860. Llegó acompañado por sus hijos Eduardo y Jacinto, con un propósito netamente comercial: ese mismo año había comprado al cónsul portugués José Coelho de Meyrelles un total de 136.425 hectáreas en las que se encontraban las estancias "Laguna de los Padres", "San Julián de Vivoratá" y "La Armonía".

    Más tarde, este comerciante que, entre otras cosas, se dedicó a proveer de indumentaria a las tropas de Juan Manuel de Rosas, adquirió el saladero y la estancia “Laguna de los Padres”. Sin embargo, pese a sus numerosos intentos por reactivar la actividad, el negocio no prosperó y buscó alternativas para amortizar su inversión: comenzó a subdividir las tierras que había comprado y luego, a impulsar la instalación de un poblado en el puerto del saladero. Enseguida, tras la creación del partido de Balcarce en 1865 y con el respaldo del Juez de Paz, Juan Peña, empezó a gestionar ante el gobierno provincial la creación de un poblado en el sudeste de Buenos Aires.

    El fallecimiento de Cecilia Robles lo afectó profundamente y lo llevó a levantar en su honor el primer templo de estas tierras. Incluso, colaboró con la construcción del altar, elaborado con restos de una goleta inglesa que había naufragado tiempo antes en la zona de Punta Iglesia.

    El arquitecto Alejandro Novacovsky, coordinador del equipo de Patrimonio de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Mar del Plata, participó de la restauración del templo, en 1995. En aquel entonces, el arquitecto y arqueólogo Daniel Schávelzon, integrante de la comitiva, advirtió sobre la importancia de realizar algún tipo de protección arqueológica del lugar, ya que el lote de Santa Cecilia es el menos removido del centro de la ciudad.

    En principio, Schávelzon buscaba hallar elementos que demostraran la existencia de vida mucho antes de la fundación, pero ello fue descartado. En cambio, dice Novacovsky, “encontramos muchas cosas de la historia material de la capilla, con lo cual podríamos escribir una nueva historia de Santa Cecilia, que dudo mucho que sea de 1873 como dice la historia oficial”.

    A su entender,  el templo fue construido entre 6 y 8 años antes de lo que señalan los historiadores. “La capilla debe haberse comenzado a construir en 1865 ó 1866, y pudo haber sido terminada en 1869. Suponemos que la proyectó el Departamento de Topógrafos de la provincia de Buenos Aires, entre los años 1860 y 1862.  Pudo haber sido una maqueta que se fue replicando en distintos lugares de la pampa húmeda de la Provincia, en donde pueden observarse edificaciones de las mismas características”, explica.

    Según Novacovsky, la goleta inglesa de la que se extrajeron los palos utilizados para la construcción de la cúpula de la capilla naufragó en  la bahía de Punta Iglesia en 1865. “Creemos que se estableció 1873 como fecha de finalización porque ese año se empezó a hablar de la fundación del pueblo”, asegura, aunque reconoce que aún quedan muchas incógnitas sobre cómo sucedió todo.

    Durante los trabajos de restauración, el grupo de arqueólogos y arquitectos descubrió que la tanto la cúpula como parte de las pilastras del tambor del campanario estaban revestidas con azulejos franceses azules. Además, debajo de la tiza y cola, la mezcla que se utilizaba para pintar en aquel momento, contabilizaron ocho colores hasta llegar el revoque fino original.

    También llevaron adelante tres inspecciones arqueológicas: en el atrio, dentro del baptisterio; otra a metros del altar y la última, en el patio. “Debajo del atrio, a un metro y medio de profundidad –recuerda Novacovsky- se encontraron fragmentos de cerámica 11 x 11 francesa celeste, muy comunes en los zaguanes de la Buenos Aires colonial”. También hallaron fragmentos de molduras que pertenecían al mismo edificio, ya que si hubiesen sido restos de la dinamitación de la loma para hacer el asfalto (1920-1930), debieron haber quedado más cerca de la superficie.

    Sólo dos de las tres puertas del edificio -con capacidad para albergar a 400 personas de piel- comunican con la nave central: la segunda conduce al baptisterio porque en aquel entonces no se podía ingresar a la iglesia si estar bautizado. En ese caso, se ingresaba por la puerta central, se recibía el bautismo y luego se volvía a ingresar a través de cualquiera de las puertas extremas.

    Del cielorraso aún cuelga un cuadro de 3,50 metros de ancho y 5,50 metros de largo, que había sido comprado en Francia por Eduardo Peralta Ramos. “Fue el único lugar en el que se pudo colocar”, señala.

    Al restaurar la fachada, los profesionales quitaron una de las placas más antiguas y descubrieron la piedra sin revocar, aunque con dos capas de pintura. “Es decir, si Chapearouge dijo en su informe que la capilla era la única construcción de piedra y cal revocada, antes fue pintada porque Peralta Ramos no tendría dinero para revocarla o, sencillamente no le interesaba hacerlo”, agrega.

    En el interior de la capilla, añade el arquitecto Novacovsky, es posible visualizar que las cabreadas que sostienen el techo son mástiles con muescas en “V” de aproximadamente un centímetro de profundidad, en la que se izaban las velas y enroscaban las cuerdas de la embarcación hundida en la costa marplatense. Cada una de esas secciones fue totalmente restaurada.

    A metros de la capilla se instaló el primer cementerio que tuvo Mar del Plata y que funcionó hasta 1881, fecha en la que se inauguró el cementerio de La Loma, en Alem y Almafuerte. No obstante, no existen demasiadas precisiones sobre su ubicación: los trabajos arqueológicos desestimaron la existencia de restos en el patio de Santa Cecilia, por lo que se presume que pudo haberse encontrado en el lote que ocupa el chalet “Villa Titito”, en Santiago del Estero y 3 de Febrero. Lo cierto es que allí descansaron los restos de Peralta Ramos -murió el 25 de abril de 1887-, hasta que fueron trasladados un año más tarde a un panteón del cementerio de La Recoleta.

    La capilla Santa Cecilia fue declarada monumento histórico nacional en 1971. Actualmente se encuentra cerrada al público.