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Columna de miércoles

18 de Marzo de 2020 20:25

Coronavirus mata grieta: las decisiones de Montenegro que lo alinean con sus rivales

Para preservar a los periodistas del coronavirus, el intendente habla en la calle.

Los primeros 100 días de gestión de un intendente suelen tomarse como referencia para conocer algunos lineamientos, proyectos y planes a futuro. Guillermo Montenegro cumplirá sus primeros 100 días en medio de una lucha mundial contra el coronavirus. Está claro que el tema excede ampliamente las facultades de un intendente, pero al mismo tiempo está obligado a tomar decisiones para preservar a su comunidad: es el primer nombre que repiten los marplatenses cuando las cosas no funcionan, sin importar la jurisdicción del problema.

Seguramente, eso pensó el jefe comunal cuando el sábado por la noche, luego de una larga e intensa reunión de gabinete con sus funcionarios anunció, la suspensión de clases en el partido de General Pueyrredon para todos los establecimientos educativos (municipales, provinciales y privados). En esa reunión se debatió si efectivamente un intendente tenía la facultad para suspender las clases, pese a que la educación no es parte de sus atribuciones.

Todos coincidieron en que sí podía, y pusieron como ejemplo lo que ocurre en los temporales. El secretario de Educación, Sebastián Puglisi, no mencionó que el día anterior, a través de sus redes sociales, había explicado por qué el municipio no podía suspender las clases. “No tiene jurisdicción. La educación es provincial y la municipal se rige por la Dirección de Educación Privada”, había posteado. Montenegro ordenó suspender las clases hasta el 31 de marzo.

La información sorprendió a todos. Un día antes el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, había dicho que los especialistas no recomendaban suspender las clases. El propio Montenegro había planteado que no se podían tomar decisiones aisladas. Entre el sábado por la noche y el domingo por la tarde, muchos directores de escuela e inspectores pidieron paciencia ante la catarata de consultas. Nadie tenía en claro si era potestad del intendente tomar ese tipo de determinación.

 

Mientras en ese micromundo se debatía la validez de la decisión, el grueso de la sociedad marplatense, que reclamaba desde hace días la suspensión de clases, celebraba la medida de Montenegro. Hoy es anecdótico si efectivamente podía o no. También lo es que de todas las medidas que tomó el intendente en los últimos días esa fue la única que no se difundió con el correspondiente decreto.

¿Sabía que el gobierno nacional iba a suspender las clases 24 horas después? ¿Hizo una acertada  lectura política de la situación? Como sea, el intendente se anotó un punto con los marplatenses.

En un contexto tan dinámico como esta pandemia queda poco margen para celebrar los aciertos. El domingo el gobierno nacional anunció la suspensión de clases y las licencias para personal que integra los grupos de riesgo; minutos después el intendente firmó un decreto con los mismos alcances para los empleados municipales.

24 horas más tarde, el comité de emergencia comenzó a hacer más foco en la necesidad de que las familias que volvían a Mar del Plata, provenientes de alguno de los países de riesgo cumplan con el aislamiento. Incluso, en un trabajo conjunto con la Fiscalía General y Migraciones, se armó un operativo especial para notificar a las personas que arribaron a la ciudad las sanciones previstas por incumplir la cuarentena.

 

En Mar del Plata ya hay más de 500 personas que están en aislamiento preventivo. El número crece significativamente todos los días. Al mismo tiempo, solo hay un caso de coronavirus confirmado y  apenas cinco sospechosos. El rigor de las medidas da sus frutos.

En medio de la lucha por la pandemia, surgió la inquietud por el fin de semana largo. Para Mar del Plata iba a significar un nuevo impulso económico luego de una muy buena temporada. Las reservas en los hoteles estaban casi al 100%, aunque a medida que la situación del coronavirus se agravaba muchas se cayeron.

Lo que se vivió en Monte Hermoso, cuando un aluvión de personas intentó refugiarse en la localidad balnearia del sur de la provincia el mismo día en que comenzó la suspensión de clases, encendió la alarma. Esta vez, el primero en reaccionar fue el intendente de Pinamar, Martín Yeza, quien pidió a los turistas que no vayan a su ciudad porque iba a estar todo cerrado.

 

El martes, Montenegro actuó en la misma línea: decretó el cierre de restaurantes, pizzerías, cervecerías, bares, salones de fiesta, heladerías y cualquier actividad que pudiera dar servicio a los turistas. Buscó no dejar ningún tipo de margen para que cualquier desprevenido piense que esto puede asemejarse a una vacación o un retiro. “No vengan a Mar del Plata”, pidió por todos los medios nacionales.

Este jueves, el intendente volverá a encontrarse con Axel Kicillof. Será en una reunión que el gobernador mantendrá con todos los intendentes de la provincia de Buenos Aires. En rigor, será por tandas: a las 19, los jefes comunales de la Quinta Sección podrán charlar con el mandatario provincial. El martes, el jefe comunal convocó a todos los bloques opositores para trabajar en una agenda común.

 

En estos días, coronavirus mata grieta. Desde que asumió Montenegro hizo hincapié en la necesidad de gestionar en pos de los marplatenses sin importar el color político. Esa idea muchas veces se declama pero no siempre se pone en práctica. Esta vez sí y la población celebra la rápida reacción que mostró el gobierno nacional y el intendente para frenar el coronavirus, sin importar a qué partido representa cada uno. Era hora.