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Coronavirus

25 de Marzo de 2020 20:25

"No es joda": la intimidad de cómo vive Montenegro la llegada del coronavirus

El intendente recorrió el predio donde se montará el hospital modular con la concejal del Frente de Todos Marina Santoro.

Hay una particularidad de esta crisis que inquieta a Guillermo Montenegro: nadie puede asegurar cuándo terminará. En todas las demás situaciones que tuvo que enfrentar como juez federal, ministro de Seguridad porteño, embajador, diputado o en los pocos meses que lleva como intendente, sabía que más tarde o más temprano la crisis se superaría. “Hoy no, no sabemos en abril, en mayo, o después del invierno”, les repite a sus funcionarios. Eso sí: tiene claro, como la mayoría de los argentinos, que no hay ningún elemento para creer que el 31 de marzo el aislamiento social, preventivo y obligatorio se terminará.

El sábado 14 de marzo cerca de las 20, el intendente anunció la suspensión de las clases en todas las escuelas de Mar del Plata, incluso un día antes de que el gobierno nacional tomara la misma determinación. Más allá de un fuerte respaldo, muchos creían exagerada la idea de mantener a los chicos en casa, especialmente porque no conformaban un grupo de riesgo para la pandemia. Apenas pasaron once días de aquella noche. Pero parecen 100. Hoy –salvo algunas vergonzantes excepciones- nadie duda de que la decisión del presidente Alberto Fernández de ordenar un aislamiento social obligatorio fuera la correcta.  

Montenegro está completamente alineado a las decisiones que viene tomando el presidente. Sabe que tendrán consecuencias. Que una vez que esto pase –más tarde o más temprano, pasará-, los problemas económicos serán muchísimos. Pero también sabe que tomar medidas drásticas de manera temprana puede evitar muchas muertes. “El presidente tenía dos caminos. Parar todo y tener la economía frenada varios meses. O permitir que la economía siga su marcha y correr el riesgo de que colapse el sistema de salud y se produzcan muchas muertes. Eligió el primer camino”, resumen en el entorno del intendente.

Por estas horas, al intendente lo desvela que la gente termine de comprender que la situación “no es joda”, tal como planteó crudamente en distintas conferencias de prensa. Que respetar la cuarentena hasta lo máximo posible aplanará la famosa curva de contagios de coronavirus en la ciudad.

Cerca del jefe comunal se muestran satisfechos por algo que, en otras oportunidades, no se vio: “Los primeros que entendieron esto fueron los políticos”. El martes, Montenegro habló telefónicamente con la ministra de Desarrollo de la Comunidad, Fernanda Raverta. Charlaron acerca del hospital modular que el gobierno nacional construirá en Mar del Plata.

El jefe comunal se entiende con la funcionaria provincial. Son rivales políticos, sí, pero los dos también quieren que Mar del Plata salga lo menos dañada posible de esta pandemia. Por eso no sorprendió que la concejal del Frente de Todos, Marina Santoro, recorriera junto a él y al secretario de Obras Jorge González el predio donde se montará el hospital modular para ajustar los detalles de todo lo necesario para avanzar en la construcción del nuevo centro sanitario.

 

Obviamente que hay tensiones. Al mismo tiempo que debía enfrentar la noticia de la primera muerte por coronavirus de Mar del Plata, el intendente se comunicó con un funcionario del gobierno provincial por el tema del hospital. Los periodistas que aguardaban en la puerta del Cema el parte oficial del jefe comunal escucharon los gritos.

¡Yo no cuestionó el laburo de nadie pero no voy a permitir que me cuestionen a mí!”, replicó el intendente. Hubo, del otro lado del teléfono, un pedido para que el municipio haga más esfuerzo para lograr soluciones. “Nosotros estamos haciendo todo y nadie está pensando en obtener ventajas políticas. Queremos que las cosas se hagan para que la gente no se muera”, explicaron desde el entorno del intendente.

También remarcaron que la discusión forma parte del vertiginoso momento que se vive, en donde todo cambia minuto a minuto. Pero no es la constante: “Tenemos muy buena relación con (Axel) Kicillof y con muchos de sus ministros. Afortunadamente todos tienen consciencia de lo que estamos viviendo”.

En medio de un panorama sombrío porque nadie duda de que “se viene lo peor”, hay dos razones que le permiten a Montenegro tener un poco más de alivio que otros intendentes. La primera es que Mar del Plata vivió la mejor temporada en muchos años. Y eso le permite a muchos comerciantes tener un poco más de espalda para aguantar la crisis que provoca no trabajar. Sabe que no puede relajarse por eso, pero también es consciente de que si esta pandemia sacudía al mundo el año pasado la situación en Mar del Plata hubiese sido mucho más dramática.

La segunda razón es que Mar del Plata está preparada como ninguna otra ciudad del país para garantizar camas de emergencia para atender pacientes. Hoy prácticamente todos los hoteles de la ciudad están cerrados. “Cuando en otros lugares tienen que montar hospitales de campaña para los posibles pacientes, acá sabemos que hay camas individuales en muchísimos hoteles. Ya estamos haciendo gestiones”, confió un integrante del equipo de Montenegro.

Así como hay gente que no termina de comprender la gravedad de la situación, el intendente remarca el apoyo que recibió por parte de muchos empresarios que están dispuestos a colaborar. Algunos, como el propietario de Hergo Daniel Hernández ya donaron alimentos para los más necesitados. Montenegro, sin embargo, busca no agotar los “favores” en esta etapa. Sabe que lo que se viene será durísimo. Y necesitará todo el respaldo posible.