Coronavirus

3 de Septiembre de 2020 20:10

La impotencia de una médica de guardia: “No sabemos qué más hacer para que la gente tome consciencia y se cuide”

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Una cirujana de guardia del Higa admitió que a veces los profesionales de la salud se enojan cuando ven que la población no cumple con el uso de tapabocas, lavado de manos y el distanciamiento social. “Estamos agotados”, dijo.

Impotencia, agotamiento, enojo, soledad. Los profesionales de la salud, en la primera línea de fuego desde el primer día de la emergencia sanitaria por la pandemia de Covid-19, conviven con esa mezcla de sensaciones desde hace cinco meses. Pero admiten que se profundizó en el último tiempo, con el aumento exponencial de contagios que, en muchos casos, también los alcanza a ellos: según la Secretaría de Salud municipal, entre el 12 y 14 por ciento de los casos positivos de Mar del Plata se da entre trabajadores del sector.

Desde febrero, Andrea Potes (MP 110.214), cirujana de guardia del Hospital Interzonal y del Same, no ve a su mamá, paciente oncológica de 73 años, ni recibe el abrazo de nadie. En todos estos meses no hizo más que ir a trabajar y volver a su casa. Dice que si bien al principio de la pandemia había bajado el movimiento de personas en el hospital, durante el último mes y medio, con la apertura de cada vez más actividades, volvió a ser prácticamente igual. A la par, creció el número de trabajadores y profesionales de la salud infectados o que fueron aislados de manera preventiva, lo que se traduce inevitablemente en una recarga del trabajo.

Apenas llega al hospital, le toman la fiebre y verifican si tuvo síntomas compatibles con Covid-19. Luego, debe colocarse el equipo de protección personal que varía de acuerdo a la función que vaya a cumplir. Si va a estar en la guardia, deberá usar un doble camisolín, barbijo y máscara de protección facial o antiparras comunes. En cambio, si tiene que realizar algún procedimiento invasivo o una intervención quirúrgica, en donde el riesgo de contagio se multiplica, necesitará agregar otras piezas al equipo: antiparras herméticas, doble barbijo, dos pares de guantes, gorro y botas. “En las redes sociales hay muchos videos que muestran lo que nos ocasiona estar vestidos de esa forma todo el tiempo y realmente es así. No nos ocasiona hipoxia como dice la gente que provoca el uso de barbijo, pero la cara nos queda toda marcada y duele. Duele tener el equipo puesto todo el tiempo”, aseguró Potes  

Si bien los médicos tratan de llevar el equipamiento el mayor tiempo posible, al realizar guardias de 24 horas, en algún momento necesitan quitárselo, ya sea para comer, descansar o, incluso, realizar algún procedimiento en particular. Es que, a veces, las máscaras se empañan o, con la luz, producen reflejos. “No es que seamos inconscientes, lo hacemos porque pensamos primero en un paciente en grave estado y después, en nosotros”, explicó la médica, que además reparó en que las condiciones en las que trabajan tampoco son las ideales: “Por más que tratemos de mantener las distancias, a veces los lugares no nos permiten hacerlo y el ratito que descansamos lo hacemos en habitaciones también son pequeñas”.

Pese a que no es la primera vez que trabaja en un contexto de estas características -en 2009, también en el Higa, vivió el H1N1-, para la cirujana ese momento pasó “más rápido”, a pesar de que “se internó muchísimo” y el hospital se saturó. "Ahora lo que vivimos es que no podemos entender cómo es que la población no se cuida”, reconoció. Entonces, ahí aparece la impotencia y, luego, el enojo. “A veces los médicos nos miramos entre nosotros porque no podemos entender por qué, algo que es tan sencillo, no se puede cumplir”, dijo y sostuvo: “Si todos mantuviéramos estas tres cosas simples que todo el mundo dice, como es el uso de barbijo, lavado de manos y distanciamiento social, podríamos mantener una vida prácticamente normal; podríamos estar todos caminando por la costa, mirando el mar o sentados en una plaza al aire libre”.

Hoy, a 171 días del inicio de la cuarentena, Potes subrayó que, al igual que los intensivistas, los médicos de guardia están agotados. “Nadie habla de nosotros, no tenemos una agremiación y sentimos la soledad de aquel que está en la trinchera y que recibe todo tipo de paciente: con probabilidad de Covid, traumatizados, golpeados porque intentaron robarle, hipertensos o con infartos”, advirtió. “En la guardia recibimos pacientes, diagnosticamos y hacemos procedimientos invasivos y altamente riesgosos; y después recién llegan a terapia o al piso de internación de menor complejidad. Cuando en terapia se dice que no hay más camas, se cierra el ingreso de pacientes. En cambio, en la guardia no podemos cerrar el ingreso”, remarcó. 

Por último, hizo un llamado a la responsabilidad de la población para pedirle que ayuden a bajar la circulación del virus. “No me abrazan desde que empezó la pandemia y tengo la misma necesidad de contacto que tiene todo el mundo, por eso los entiendo. Pero la realidad es que en este momento no podemos, tenemos que respetar las reglas. Llamo a la consciencia social porque, si todos lo hacemos, podemos recuperar la libertad que ahora, por esta situación, no tenemos. Les pido que nos ayuden quedándose en su casa porque si logramos que, con esas poquitas medidas, se reduzca el número de contagios, vamos a poder recuperar esas pequeñas libertades que teníamos y que son tan importantes para la salud mental, tanto de la población como del equipo de salud”.

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