El tatuaje se volvió parte de lo cotidiano : lo tiene el 60% de la población, pero todavía enfrenta prejuicios laborales
Un relevamiento de la UADE muestra que el 60% de la población tiene al menos un tatuaje. Aunque la práctica dejó de ser marginal, el mundo del trabajo sigue siendo el principal espacio de resistencia.
Por Redacción 0223
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Lo que hasta no hace mucho tiempo era visto como un rasgo de rebeldía o pertenencia a subculturas específicas, hoy forma parte del paisaje social argentino. Según un reciente estudio privado, seis de cada diez personas en el país tienen al menos un tatuaje, una cifra que confirma su masificación, aunque también expone que la aceptación no es plena y encuentra su mayor límite en el ámbito laboral.
El estudio "Radiografía del Tatuaje en Argentina", elaborado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE, confirma que el fenómeno dejó de ser una moda pasajera para convertirse en una parte integral de la vida cotidiana, especialmente entre los jóvenes y las mujeres.
Ellas se tatúan más
El relevamiento, realizado sobre más de 2.000 casos, expone una brecha de género curiosa: las mujeres tienen, en promedio, un 50% más de tatuajes que los varones (3 diseños contra 2). Además, quienes deciden entintarse la piel rara vez se detienen en el primer diseño: entre los tatuados, el 32% posee más de seis tatuajes, convirtiendo al cuerpo en un "archivo" de experiencias.
El informe derriba el mito del arrepentimiento: menos de 1 de cada 10 personas (apenas el 15%) lamenta haberse tatuado. La razón principal para hacerlo ya no es la estética (7%), sino una búsqueda simbólica o personal (41%), desplazando al diseño por el significado.
La barrera laboral y las profesiones "ink-friendly"
A pesar de la masividad, los prejuicios persisten. El 75% de los encuestados señala al ámbito laboral como el espacio donde la sociedad mantiene las miradas más críticas hacia los tatuajes.
- Sectores "Amigables": Áreas como Marketing, Tecnología (IT), Diseño y Gastronomía concentran la mayor cantidad de personas tatuadas, donde la tinta se lee como un capital simbólico de creatividad.
- Sectores "Tradicionales": En ámbitos como el Derecho, la Salud y las Finanzas, aunque la práctica está normalizada, persisten tensiones sobre la "imagen profesional" y los códigos de vestimenta.
De cara al futuro, el optimismo gana la pulseada: el 49% de los encuestados imagina que sentirá "orgullo" por sus tatuajes dentro de 30 años, consolidando la idea de que la tinta es una narrativa biográfica permanente y no un error de juventud.
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