Amenazas en los colegios: cómo hablar con los chicos sobre lo que está pasando
Un reto viral que derivó en amenazas de tiroteos en los colegios de Mar del Plata, abrió un debate urgente sobre los protocolos y desafíos que se deben afrontar en tiempos donde las redes sociales toman un rol fundamental.
Un reto viral de TikTok -que derivó en una serie de amenazas de tiroteos en los colegios de Mar del Plata- reavivó el debate sobre el uso de las redes sociales, el control parental y los protocolos de seguridad.
Sin embargo, el conflicto es más profundo y refiere a la construcción de las adolescencias en un contexto de cuestionamientos constantes y de inmediatez donde la sobreinformación cumple un rol central.
Pensar en las acciones de un adolescente, primero requiere entender el proceso que están atravesando: "Viven una crisis que implica una reorganización subjetiva muy profunda. No es solo un cambio biológico, sino un momento en el que empiezan a cuestionar a las figuras adultas, a las personas que siempre fueron sus referentes", explicó la Lic. Ayelén Castillo (MP 47377) en diálogo con 0223.
Esto viene acompañado de una reconfiguración de la identidad donde los pares, la mirada del otro, toman un peso trascendental. "Los chicos empiezan a buscar nuevas pertenencias, a entrar en grupos a los que antes no podían acceder. En este contexto, ser vistos, reconocidos y nombrados es una necesidad estructural: no es un capricho, sino algo que contribuye al armado de su personalidad", indicó.
Por eso es que las redes sociales no inventan esa necesidad, pero sí la potencian. "En internet, esa visibilidad se traduce en likes y en la posibilidad de medir cuán reconocidos son. La circulación es rapidísima y los adultos no intervienen porque les cuesta seguir ese ritmo. Ahí es donde aparece lo de la amenaza".
En estos casos, el acto es más importante el contenido, "no se trata necesariamente de querer hacer daño, sino de existir para otros y no pasar desapercibido. La capacidad de anticipar consecuencias, regular impulsos y evaluar riesgos está en construcción durante la adolescencia. Por eso, el mensaje intimidatorio puede ser vivido como una broma, una exageración o justificarse bajo la idea de que 'lo hacen todos', sin dimensionar el impacto", evidenció.
¿Cómo pueden actuar las familias ante las amenazas?
Al enfrentar este tipo de situaciones, las familias tienen que comprender que la amenaza es real, aunque no quiere decir que se vaya a concretar. Las escuelas intervienen con protocolos en articulación con los padres y las madres, pero estos hechos pueden ser desestabilizantes.
Debido a esto, "uno de los errores más frecuentes es intentar responder rápido para tranquilizar. Falta ese tiempo para escuchar qué es lo que realmente le pasa al chico, que no necesariamente es lo mismo que les pasa a los demás", destacó la licenciada.
Desde una mirada más crítica, la profesional resaltó que "es importante preguntarse qué entendió el chico de esta situación, qué le preocupa -porque no a todos les resuenan las mismas cosas- y qué representaciones construyó al respecto".
Por este motivo, lo fundamental es poder nombrar las emociones que aparecen durante estos episodios, ya que "no aumentan el miedo, sino que lo organizan". El rol del adulto debe ser el de poner en palabras para "evitar que la emoción desborde; transmitir seguridad sin negar la realidad", recalcó.
"También es clave asegurarles que estamos atentos, que somos responsables y que estamos disponibles. A veces no se trata de decir palabras para calmar, sino de estar presentes. Poder alojar la angustia que produce el propio temor es mucho más valioso que bajar línea", agregó.
Muchas veces los chicos plantean escenarios que son desconocidos para los adultos, por lo que es fundamental poder decir que "hay protocolos y que se están ocupando. Debemos transmitirles que si algo los asusta estamos ahí para hablar".
¿Es culpa de las redes sociales?
La sobreexposición a la información es una realidad: las redes sociales se volvieron parte de la rutina diaria y la interacción en estos espacios empezó a influir y, muchas veces, a condicionar las formas de actuar tanto de los chicos como los más grandes.
En algunos países existen políticas públicas que limitan el uso para prevenir este tipo de situaciones, por lo que estas escenas "exponen una falla como sociedad donde muchas veces faltan los límites que nos ordenan", manifestó Castillo.
En una familia tipo donde los padres cuentan con uno o dos trabajos, llegan cansados de sus obligaciones y piden un descanso, también hay chicos sobre estimulados por las redes sociales y con una gran necesidad de atención. "Cada niño vive estas situaciones de manera distinta, según su trayectoria y su contexto familiar", apuntó.
¿Qué pasa con los docentes?
Ante estas situaciones, el foco suele ponerse en los chicos y sus familias. Ya sea en la búsqueda de responsables o en cómo afrontar el miedo frente a las amenazas, hay un actor clave que queda relegado: los docentes.
Los profesores también son madres y padres que ponen el cuerpo en las aulas. "Los chicos no quieren volver a la escuela, pero también hay que pensar qué sucede con los trabajadores, que deben sostener a los alumnos, responder a las familias, cumplir con los protocolos y, al mismo tiempo, atravesar su propio miedo", reveló Ayelén Castillo.
En estos casos no hay buenos y malos: "Cuando entendemos que en este acto no necesariamente hay una intención de matar a un compañero, sino una necesidad de ser visto, aparece un pedido de lugar y de escucha. Y eso no se resuelve solo con castigo".
Debe haber una sanción para que haya una dimensión de las consecuencias de sus actos, pero "la respuesta no puede ser solo más control: necesita acompañamiento emocional y menos soledad, tanto para los chicos como para los adultos que los cuidan", reflexionó.
En este escenario, la salida no está en respuestas simplistas ni en buscar culpables individuales, sino en construir miradas más complejas y redes de acompañamiento. Entender qué hay detrás de estas conductas, fortalecer los vínculos y asumir responsabilidades compartidas -familias, escuela y Estado- aparece como el verdadero desafío.
Porque, más allá del miedo que generan estos episodios, lo que está en juego es cómo se acompaña a los chicos en un momento clave de su desarrollo sin dejarlos solos frente a una realidad que, muchas veces, los desborda.
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