La economía de las plataformas: cómo cambia el consumo digital en 2026

La economía de las plataformas: cómo cambia el consumo digital en 2026

29 de Junio de 2026 19:13

Por Redacción 0223

PARA 0223

El consumo digital de 2026 ya casi no pasa por una internet abierta y dispersa: sucede dentro de un puñado de plataformas que eligen qué se ve, en qué orden y en qué pantalla. La economía de las plataformas dejó de ser una abstracción y se volvió el cableado real del entretenimiento, la información y, sobre todo, el bolsillo. Los números pinchan el optimismo de la vieja web: en Argentina, el 89,5% de la audiencia de entretenimiento, el 77,3% de la de deportes y el 67,6% de la de noticias se genera solo desde redes sociales, sin escala en sitios propios ni en buscadores. Instagram concentra el 54% de las interacciones con medios informativos en la región, una porción que ningún portal periodístico iguala. Ya nadie entra por la puerta de adelante; entra por la lateral que abrió cada app, casi siempre sin darse cuenta.

La pantalla grande se devora al resto

El desplazamiento se nota primero en lo audiovisual, donde la televisión conectada terminó de comerse el centro del living. El 60% de la población digital argentina ve contenidos en la pantalla grande a través de dispositivos conectados, y el tiempo de YouTube en esos televisores creció un 45% entre enero de 2024 y enero de 2026. Ese giro del consumo audiovisual llegó hasta el periodismo: hay canales de noticias que ya reciben cerca de la mitad de su consumo solo ahí, lo que obliga a pensar la nota para un sillón y no para una pestaña. Encendés el televisor y ya no aparece lo que haya, aparece lo que el sistema calculó que ibas a querer. Cambió el soporte y, con él, cambió la gramática de lo que se cuenta.

La inteligencia artificial elige por vos

La otra mudanza grande es la del descubrimiento. La inteligencia artificial se metió como nueva puerta de entrada a la información, y los datos no dejan lugar a la duda: a nivel global, OpenAI sumó más de 218 millones de visitantes únicos interanuales, y el acceso a los grandes retailers vía ChatGPT desde computadoras de escritorio creció un 181% en un año. Los diez enlaces azules de toda la vida se achican frente a una pregunta que devuelve una sola respuesta. El buscador no murió, pero quedó degradado a segunda opinión, y el poder se corrió hacia quien controla esa respuesta, no hacia quien banca el sitio.

Si algo define a esta economía de plataformas es la opacidad: casi ninguna explica del todo cómo decide lo que te ofrece. Por eso el activo que más cotiza, dentro y fuera del entretenimiento, es la confianza, y ahí gana quien pone sus condiciones sobre la mesa en vez de esconderlas. El juego online juega esa carta de lleno, apoyado en datos auditados y reglas a la vista, y alrededor crecieron portales independientes que verifican y ponen en fila esa información para que pueda compararse. Es el terreno donde un dato tan concreto como un bono sin depósito en Argentina, con sus requisitos y su letra chica, deja de ser una promesa suelta y pasa a ser una condición contrastable, válida acá y distinta en el país de al lado. En un sistema que personaliza todo a puertas cerradas, la transparencia comparada es casi un acto de rebeldía.

El dinero también cambió de mostrador

Y donde la economía de plataformas se ve sin maquillaje es en la plata. Mientras el consumo general anda con el bolsillo apretado, la expansión del comercio electrónico marcó un 55% de crecimiento en facturación durante 2025, bastante por encima de una inflación cercana al 31%, con 645 millones de unidades vendidas, un 28% más que el año anterior, y más de un millón de compradores nuevos sumados al canal. Seis de cada diez personas ya compran online al menos una vez por mes; la rutina pisó a la excepción. Lo que importa no es tanto cuánto se gastó, sino para qué lado se fue ese gasto.

Buena parte de esa plata se fugó hacia afuera, y las compras directas al exterior sumaron 402 millones de dólares solo en el primer cuatrimestre de 2026, con Shein y Temu facturando 118 millones en abril, más del doble que un año atrás, mientras el comercio de la esquina y las tiendas online locales perdían pie. El comprador argentino, hoy más informado y selectivo que nunca, compara catálogos de medio mundo desde el teléfono antes de soltar un peso, y las plataformas que ganan ya no son las del mejor local en la avenida, sino las que leen mejor sus datos.

Si la norma del consumo nuevo es que el descubrimiento, el ocio y la compra se apelotonan en unas pocas plataformas que personalizan todo y casi nunca enseñan cómo funcionan por dentro, la pregunta deja de ser qué consumimos y pasa a ser quién decide qué nos llega a la pantalla. En 2026, esa decisión ya no la toma del todo el que busca; la toma el sistema que aprendió antes que uno qué ofrecerle. Uno elige dentro de un menú que armó otro. Falta ver cuánta de esa comodidad estamos dispuestos a canjear por entender, alguna vez, por qué nos muestran lo que nos muestran.

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