"Hubo señales de alerta, pedimos protección": docente agredida en el jardín rompió el silencio con una carta
En el medio de un paro por la violencia contra los trabajadores de la educación, una maestra contó los días previos al violento desenlace en el Jardín 922 y pidió "construir mecanismos reales de prevención".
Por Redacción 0223
PARA 0223
El contexto económico y las decisiones políticas hicieron que confluyan diferentes violencias sobre los trabajadores de la educación. Por los sueldos bajos, que vienen acumulando pérdida del poder adquisitivo en los últimos años, piden recomposición salarial y la reapertura de la negociación paritaria.
Pero lo que colmó la paciencia fue la agresión en el Jardín 922 de Mar del Plata. En consecuencia, este martes hay paro convocado por cuatro gremios que integran el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB): AMET, FEB, SUTEBA y UDOCBA.
El caso conmovió a la comunidad educativa, no solamente por el hecho en si (una madre pegándole a la directora), sino porque fue la gota que rebalsó el vaso. Sin ir más lejos, en el propio jardín marplatense, se habían registrado episodios de violencia previos. Eso explicó en una carta la docente que fue agredida en mayo por la madre que luego golpeó a la directora.
La carta
"El 11 de mayo comenzó una situación que impactó profundamente en mi vida laboral y personal. Durante una reunión realizada en presencia del equipo directivo, fui acusada de hechos discriminatorios y recibí expresiones que interpreté como intimidatorias, humillantes y amenazantes", comenzó en su relato.
En el escrito, reclamó por la falta de dispositivos de prevención y cuidado. "Lo más difícil no fue solamente atravesar la situación, sino sentir que el miedo, la angustia y el daño psicológico que estaba padeciendo no eran suficientemente visibles para ser escuchados", expresó.
Refiriéndose al violento caso contra la directora, cuando el 25 de junio finalmente la madre propinó el golpe que venía amenazando, la docente primeramente agraviada escribió: "Hubo señales de alerta. Hubo docentes que manifestamos miedo. Hubo pedidos de acompañamiento. Hubo afectación psicológica. Hubo preocupación institucional. Y esas señales merecían ser escuchadas".
Frente a la situación de violencia, que comenzó verbalmente y terminó de manera física, la trabajadora de la educación publicó:
"Quiero hablar de la necesidad de construir mecanismos reales de prevención. Quiero hablar de la necesidad de que cuando una docente manifiesta miedo, cuando una trabajadora de la educación necesita atención psicológica por hechos vinculados a su trabajo, cuando varias personas de una institución expresan preocupación por posibles represalias, esas situaciones sean tomadas con la seriedad que corresponde. Solicito que se analicen medidas de resguardo no solamente para mi persona en particular, sino para todo el personal que hoy desarrolla sus tareas en un contexto de incertidumbre y temor, porque solo quienes vivimos esos hechos podemos expresar como nos sentimos. Solicito que las situaciones de violencia no sean abordadas únicamente cuando ya se produjo un daño irreparable".
Señaló, además, que "no queremos privilegios, queremos protección. No queremos ser señaladas, queremos ser escuchadas". Y concluyó: "Si algo nos enseñó esta situación es que escuchar a tiempo, intervenir a tiempo y proteger a tiempo puede evitar consecuencias mucho más graves".
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