La espectacular historia de la elefantita que aprendió a vivir sin su madre y regresó al mar

Rescatada en Villa Gesell en la primavera del 2025, una cría de elefante marino volvió al mar tras meses de rehabilitación y el bello momento quedó registrado en un video emocionante.

Especialistas lograron rehabilitar a la elefantita y acompañaron su regreso al mar.

5 de Junio de 2026 19:47

Por Redacción 0223

PARA 0223

Después de más de siete meses de cuidados intensivos y un proceso de rehabilitación sin antecedentes en la región, la cría huérfana de elefante marino del sur rescatada en las playas de Villa Gesell durante la primavera pasada regresó esta semana al océano desde la costa de San Clemente del Tuyú.

La historia comenzó el 22 de octubre, cuando una hembra de elefante marino abandonó a su cría pocas horas después del nacimiento. Aunque no fue posible determinar con certeza qué ocurrió, los especialistas consideran que una perturbación humana pudo haber provocado la huida de la madre, dejando al cachorro completamente solo en una etapa crítica para su supervivencia.

Ante la situación, guardaparques de la reserva Faro Querandí y especialistas de la fundación Mundo Marino aguardaron durante toda la noche con la esperanza de que la madre regresara. Sin embargo, tras extensas recorridas por la zona y al comprobar que la cría comenzaba a mostrar signos de debilidad y deshidratación, se decidió su traslado al centro de rescate y rehabilitación, con la autorización de la red de asistencia a fauna marina del Ministerio de Ambiente bonaerense.

El día del hallazgo de la elefantita en las playas de Villa Gesell.

Un desafío sin precedentes

Desde el inicio, el caso presentó enormes dificultades. La leche de las hembras de elefante marino posee un contenido graso excepcionalmente alto que permite a las crías triplicar su peso en apenas tres semanas. Sin ese aporte nutricional, las posibilidades de supervivencia eran mínimas.

La situación se complicaba aún más porque el animal ingresó al centro con apenas 32 kilos, por debajo de los aproximadamente 40 kilos que suele pesar una cría al nacer. Para enfrentar el desafío, un equipo multidisciplinario integrado por veterinarios, biólogos, técnicos y nutricionistas desarrolló una fórmula experimental destinada a reemplazar la leche materna.

Durante las primeras semanas, los esfuerzos se concentraron en estabilizar su estado general mediante hidratación constante, monitoreo sanitario y medidas preventivas para evitar infecciones. Los especialistas también implementaron estrategias para reducir el contacto afectivo con las personas y evitar que la cría asociara a los humanos con el alimento, una condición fundamental para favorecer una futura reinserción en el medio natural.

Incluso incorporaron un peluche de gran tamaño como objeto de apego y organizaron turnos nocturnos para reproducir la frecuencia natural de alimentación que hubiera tenido junto a su madre.

La elefantita con un peluche de gran tamaño como objeto de apego.

Aprender a alimentarse sola

A medida que fue creciendo, comenzó una nueva etapa: enseñarle a alimentarse por sus propios medios. Los especialistas introdujeron gradualmente pescado entero en el agua y respetaron los tiempos de adaptación del animal.

Tras varios intentos, la elefantita logró comer sola y más adelante comenzó a perseguir y capturar peces vivos, un paso considerado fundamental para garantizar sus posibilidades de supervivencia en libertad.

Hacia el final del proceso consumía alrededor de seis kilos de pescado por día y había alcanzado el peso mínimo establecido por el equipo técnico para evaluar su liberación.

La elefantita debió atravesar un arduo proceso de alimentación.

El regreso al océano

Superadas las etapas de rehabilitación y luego de confirmar que el animal podía alimentarse de manera autónoma, llegó el momento más esperado: la vuelta al mar.

Sin embargo, el desafío no terminaba allí. A pesar de haber pasado meses preparándose para la vida silvestre, la elefantita nunca había estado en una playa abierta ni había tenido contacto directo con el océano.

Al llegar a la costa, comenzó a explorar el entorno con cautela. Recorrió la arena, olfateó distintos elementos y se acercó varias veces a la orilla. Cada vez que las olas alcanzaban sus aletas, retrocedía unos metros antes de volver a intentarlo.

Los especialistas siguieron atentamente cada movimiento. La expectativa no estaba puesta solamente en que ingresara al agua, sino en que lograra reconocer el mar como parte de su ambiente natural y como un espacio seguro.

Después de varias horas de exploración, la elefantita comenzó a entrar y salir del agua por decisión propia. Finalmente avanzó hacia una zona más profunda y desapareció mar adentro, completando con éxito un proceso que había comenzado meses atrás en circunstancias extremadamente adversas.

Monitoreo y concientización

Debido a la excepcionalidad del caso, la fundación Mundo Marino, junto con la red de asistencia a fauna marina y organismos provinciales, puso en marcha un plan de monitoreo para detectar posibles avistamientos en los próximos días.

La elefantita fue identificada mediante una caravana numerada que permitirá evaluar su evolución y, especialmente, verificar si está logrando alimentarse correctamente por sus propios medios.

Más allá del final feliz, los especialistas remarcaron que la historia deja una enseñanza fundamental sobre la convivencia con la fauna silvestre. Cuando una hembra de elefante marino llega a la costa para parir, necesita tranquilidad y distancia. Cualquier interferencia humana puede alterar un vínculo vital para la supervivencia de la cría.

Por eso, mantener una distancia prudente, evitar ruidos y respetar el espacio de estos animales son acciones esenciales para proteger una especie que encuentra en las playas bonaerenses un lugar clave para su ciclo de vida.

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