Sociedad

9 de Noviembre de 2013 12:05

La Permacultura, un movimiento que gana terreno en Mar del Plata

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La Permacultura, una forma de vida. Foto: Gentileza Estación Permacultural.

Por Luciana Acosta

La definición indica que la Permacultura es “un medio de transformación social y cultural, tendiente a brindar autosuficiencia y una relación de mutua amistad de la humanidad con el medio ambiente”. Sin embargo, quienes la practican lo sintetizan de una forma más sencilla: es una forma de vida.

Esta manera de vivir se basa en tres éticas: cuidar a la gente, a la tierra y repartir los excedentes o reutilizar los desechos. Quienes la practican trasladan esos principios, por ejemplo, en la construcción de casas de adobe y paja, o cualquier otro elemento natural del lugar. Pero también abarca aspectos como la salud, la educación -está en línea con la enseñanza alternativa y libre-, y la alimentación, entre otros.

En Mar del Plata, son cada vez más los que amoldan su vida cotidiana a los principios la Permacultura. Vanina Soprano, integrante de la Ong Estación Permacultural, asegura que “el 50% de las casas del mundo están construidas de adobe” y en la ciudad hay al menos una decena de construcciones hechas con esa técnica. “Hay una idea de que con adobe sólo se puede hacer una casa precaria, sin ningún tipo de confort, pero la realidad es que hay edificios de varios pisos hechos de adobe porque es más económico en cuanto a materiales”, dice a 0223.

“En Villa La Brava, por ejemplo, se está levantando un octógono construido con paredes de adobe y paja alcofrada. Esta técnica consiste en juntar paja del lugar, remojarla en barro líquido y armar cajones, entre columnas. Luego se sacan las maderas y queda la pared formada, resistente”, explica. Hay casas de similares características en Las Dalias y Sierra de los Padres.

Sin embargo, reconoce que nada es “soplar y hacer botellas” porque, más allá de que realizar este tipo de obras requiere de arquitectos con un conocimiento específico, también se deben gestionar permisos especiales ante la Secretaría de Obras del municipio, área que decide si la iniciativa es viable o no. “Lo que está aprobado es lo convencional y si uno quiere implementar estas técnicas en su casa, debe presentar un proyecto en la municipalidad. Ellos lo estudian y aprueban una excepción. No es soplar y hacer botellas”, subraya.

Otro problema a sortear es la escasez de profesionales decididos a innovar en la materia. “En Mar del Plata hay una arquitecta que trabaja desde hace muchos años con estos diseños, pero hay otros que se reciben y se abocan de lleno a estas técnicas. También capacitan a otros, porque en el camino hay mucho por aprender. En Santa Clara hay un grupo de arquitectos que está muy interesado en estas técnicas constructivas. Son pocos, pero hay”, dice.

Si bien las edificaciones de adobe son la parte más visible del movimiento permacultural, Vanina señala los cultivos constituyen otro aspecto importante. “La forma típica es utilizar grandes extensiones de tierra para un monocultivo, pero nosotros buscamos interrelacionar los cultivos para que se vean potenciadas. Por ejemplo, juntamos el tomate con la menta y la rúcula, y así no se agota el suelo”, cuenta. No utilizan agroquímicos ni fertilizantes, sencillamente, porque no lo necesitan. En su lugar usan los denominados purines, residuos de origen orgánico, como aguas residuales, restos de comida, excrementos sólidos o líquidos.

“En mi caso, vivo en un departamento y hago compost en un balcón. Hay un choque a vencer, un prejuicio de que la basura larga mal olor. Pero si uno mezcla las cáscaras de banana, mandarina, papa o cualquier cosa que hayas comido, con un poquito de tierra y algunas lombrices, eso se transforma en una tierra con un olor riquísimo que sirve para las plantas. Lo importante es tener un buen drenaje porque lo único que produce olor a podrido es el agua”, detalla.

Por último, Vanina Soprano advierte que la Permacultura conlleva a un bienestar espiritual. “Es una filosofía de vida que trata de reciclar y reutilizar, y en lo espiritual sucede lo mismo: apunta que valorar cada parte nuestra; a compostar las partes que no nos gustan y darle un nuevo valor”, afirma. Y remarca: “En lo personal, me siento mejor. A veces llego a pensar que la permacultura es una excusa para compartir con un grupo de personas distintas y construir juntos una alternativa a lo que propone el sistema convencional”.


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