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La historia detrás del INE, el emblemático Hospital y Asilo Marítimo de La Perla

La historia detrás del INE, el emblemático Hospital y Asilo Marítimo de La Perla

Por Samuel Zamorano

A punto de cumplir 125 años, 0223 recorrió los pasillos del instituto, los patios y conoció la historia de cómo se trataba a chicos con tuberculosis. El rol clave de la figura del doctor Juan Héctor Jara.

Pocos son los marplatenses que saben qué hay allí exactamente, aunque esté en el corazón del barrio La Perla desde hace tantos años. El Instituto Nacional de Epidemiología o simplemente el INE, cumple 125 años de presencia en Mar del Plata y 0223 recorrió sus pasillos para retratar su historia. Un lugar que está íntimamente ligado a la vida de un apellido muy familiar para los marplatenses, aunque seguramente sean pocos los que sepan por qué: el doctor Juan Héctor Jara.

Este icónico establecimiento se fundó el 30 de septiembre de 1893. Primero fue Asilo y Sanatorio Marítimo -por eso algunos memoriosos lo conocen como El Marítimo- con la misión de tratar a niños enfermos de tuberculosis. En 1971 se transformó en Instituto Nacional de Epidemiología. Desde 1980 lleva el nombre de "Dr. Juan Héctor Jara", en homenaje al primer director del Sanatorio Marítimo, fundamental en el desarrollo de la medicina en la zona y de importante trayectoria profesional en Mar del Plata.

La esquina de Ituzaingo y España, ayer y hoy. 

Desde hace seis años, la doctora Leticia Miller, que trabaja en el lugar desde hace 32 años, es directora del INE. La institución está integrada por un equipo de profesionales, técnicos y administrativos capacitados para desarrollar investigación, vigilancia, normalización, asesoramiento y enseñanza especializada en epidemiología. Desde hace algo más de un año es una de las sedes de la Escuela Superior de Medicina de la Unmdp.

Todos escuchamos alguna vez por parte de un abuelo la famosa frase Esto era todo campo. En el caso del INE se cumple al pie de la letra. Cuando El Marítimo se estableció en La Perla, aún faltaban casi 20 años para que se construya el Asilo Unzué, referencia en el barrio y la ciudad. Es, junto con la capilla de Santa Cecilia, uno de los edificios más antiguos de Mar del Plata aún en pie.

Niños y niñas de todo el país llegaban a internarse de manera permanente o hasta evidenciar alguna mejoría. En aquellos años se formaba parte del tratamiento los baños en agua de mar y la exposición al sol. De hecho, en uno de los patios del nosocomio, aún está instalado el heliógrafo, un artefacto que se usaba para medir la intensidad y duración de los rayos solares, el cual funcionaba mediante una esfera de cristal que hacía un efecto lupa sobre una cartulina hasta incendiarla. Así generaban ciertos parámetros.

En las fotos de archivo que hay en una de las salas, se puede observar a los chicos en uno de los patios, asoleándose como parte del tratamiento, algunos de ellos en una especie de carritos, ya que por el avanzado estado de la enfermedad carecían de movilidad. Estos niños y niñas, se alojaban en El Marítimo sin sus padres, tal vez durante años, y eran cuidados por los profesionales médicos, las enfermeras y algunas monjas que prestaban servicio allí.

Los chicos salían al patio a exponerse al sol. Aún hoy puede verse el aljibe.

Los pasillos del antiquísimo establecimiento son interminables y en algún caso poco iluminados. También los hay del tipo galería, con mucha luz natural y con vista a los patios internos de un lado y salas de internación devenidas en aulas del otro. Miller camina y comenta que “el lugar siempre tuvo un objetivo un poco más allá de la ciudad de Mar del Plata”. “En esa época, El Marítimo tenía a su cargo a toda la región patagónica y los profesionales de aquel entonces, salían en campañas al sur del país para tratar de detectar tuberculosis con equipos de rayos móviles”, cuenta.

En 1982 se cerró la internación y fue la inquietud de los profesionales que residían en la institución, la que permitió abarcar otras patologías, generalmente de carácter infectocontagiosa. “Se trabajaba mucho con el chagas, todas las zoonosis, y se empezó a trabajar bastante antes de 1982 en lo que eran las enfermedades de transmisión sexual. El INE fue en Mar del Plata, el referente para el control periódico de las trabajadoras sexuales y de ahí que el Instituto fue uno de los primeros en el país en detectar el HIV”, explica la directora.

 

El edificio

Los últimos cambios estructurales que sufrió el edificio fueron en la década del '70 y a partir de eso se busca mantenerlo y restaurarlo todo lo posible. Se refuncionalizaron las salas de internación que eran tipo pabellón, para generar distintos espacios o incluso aulas para el aprendizaje de la epidemiología o para ser parte de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata que funciona en el lugar desde 2017. Hace 8 años se dio la posibilidad de hacer una refacción completa en el exterior, lo que le permitió al edificio recuperar la fisonomía histórica. Se hizo un trabajo minucioso hasta con la mezcla original de cemento y los colores originales de pintura en rejas, ventanas y postigos.

El ingreso por la calle Ituzaingo.

El inmueble que ocupa toda la manzana circunscripta por las calles España, Ituzaingó, 20 de Septiembre y Ayacucho, cuenta con 3 patios internos con hermosos jardines que se usaban para que los chicos salieran a tomar sol, que para la época era algo relativamente efectivo. Algunos se curaban y otros no. “A los de la costa los mandaban a las zonas serranas y viceversa”, explica la directora del INE y agrega: “El cambio de aire, se creía, era lo que beneficiaba la curación”. En uno de estos patios, el que está más próximo a calle 20 de Septiembre, se encuentra una construcción que es llamada “la casa de Jara”, que es ni más ni menos el lugar en donde vivía el célebre primer director del Instituto que a pesar de tener su casa, se quedaba varios días seguidos trabajando en el entonces asilo.

Como en muchos edificios añosos, las leyendas sobre fantasmas recorren el INE. “Yo nunca vi nada, pero varios han afirmado que hay”, dice entre risas la directora del instituto mientras camina por los pasillos más oscuros del lugar.

Detrás de los muros, el INE esconde bellísimos patios.

Entre las construcciones que forman el edificio se destaca una capilla que tiene entrada por calle Ayacucho. Junto a la capilla está la Escuela de Medicina de la Unmdp. Casi en el centro de la manzana hay un café-comedor y antiguas cocheras dan a 20 de Septiembre.

 

La Escuela de Medicina

Es una asociación estratégica entre el INE y la Universidad Nacional de Mar del Plata que a partir de ahora, genera el compromiso en el desarrollo y crecimiento en forma conjunta. Le brinda sinergia a ambas instituciones y fundamentalmente dota de un importante respaldo a una carrera nueva para la Universidad, con los 125 años de historia en la epidemiología del Instituto. “Podemos trabajar en forma conjunta para desarrollar actividades de capacitación, investigaciones, extensión en la promoción de la salud, etc”, resalta Miller.

 

Juan Héctor Jara

Fue el primer director del instituto, un médico muy reconocido en la ciudad y uno de los pioneros de la medicina en la zona. “Lo que pasa de generación en generación es que fue una persona muy generosa y muy bondadosa. Jara fue a Mar del Plata lo que Favaloro a la Argentina. En la ciudad en esa época no había muchos médicos y él realmente dedicó su vida a atender a los pacientes. No sólo era el director del instituto, a pesar que tenía su casa, se quedaba varios días de la semana acá, para dedicarse al hospital y los pacientes, y a cualquiera que llegara requiriendo atención médica”, dice Miller.

En su homenaje, la ciudad le dio su nombre a una de las avenidas más importantes, en la cual se encuentra un club con el nombre del médico pionero.

"Jara fue nuestro Favaloro", opinó la directora del INE

 

La actualidad

El INE en la actualidad se dedica fundamentalmente a la investigación y la docencia, aunque todavía cuenta con lo que es el diagnóstico referencial, sobre todo en laboratorio. Se dedican también al programa de infecciones hospitalarias, para tratar de reducir el impacto de las mismas. Y, por supuesto, está destinado a la docencia de la epidemiología por lo que en la actualidad son entre 500 y 600 alumnos por año que hacen los cursos, más allá de los que cursan allí la carrera de Medicina.

Miller lleva 32 años trabajando en el INE.

 

También se llevan varias líneas de investigación: una sobre diabetes, otra sobre cáncer con un registro poblacional de dicha enfermedad en el partido de General Pueyrredón, en el que participan todos los oncólogos y anatomopatólogos de la ciudad, y una tercera de lesiones por causas externas, o sea todo lo que es homicidios, suicidios, accidentes, tránsito, lo cual se trabaja por unidades centinela en distintos puntos del país con el objeto producir recomendaciones para solucionar algunas cuestiones. En el Instituto también se hace el tradicional “prenupcial”, un análisis de sangre a los integrantes de la pareja que están por contraer matrimonio con fines de prevenir enfermedades en el o los posibles hijos de la pareja.

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La historia detrás del INE, el emblemático Hospital y Asilo Marítimo de La Perla

A punto de cumplir 125 años, 0223 recorrió los pasillos del instituto, los patios y conoció la historia de cómo se trataba a chicos con tuberculosis. El rol clave de la figura del doctor Juan Héctor Jara.

Las galerías del INE encierran parte de la historia de Mar del Plata. Fotos: Romina Elvira.

Pocos son los marplatenses que saben qué hay allí exactamente, aunque esté en el corazón del barrio La Perla desde hace tantos años. El Instituto Nacional de Epidemiología o simplemente el INE, cumple 125 años de presencia en Mar del Plata y 0223 recorrió sus pasillos para retratar su historia. Un lugar que está íntimamente ligado a la vida de un apellido muy familiar para los marplatenses, aunque seguramente sean pocos los que sepan por qué: el doctor Juan Héctor Jara.

Este icónico establecimiento se fundó el 30 de septiembre de 1893. Primero fue Asilo y Sanatorio Marítimo -por eso algunos memoriosos lo conocen como El Marítimo- con la misión de tratar a niños enfermos de tuberculosis. En 1971 se transformó en Instituto Nacional de Epidemiología. Desde 1980 lleva el nombre de "Dr. Juan Héctor Jara", en homenaje al primer director del Sanatorio Marítimo, fundamental en el desarrollo de la medicina en la zona y de importante trayectoria profesional en Mar del Plata.

La esquina de Ituzaingo y España, ayer y hoy. 

Desde hace seis años, la doctora Leticia Miller, que trabaja en el lugar desde hace 32 años, es directora del INE. La institución está integrada por un equipo de profesionales, técnicos y administrativos capacitados para desarrollar investigación, vigilancia, normalización, asesoramiento y enseñanza especializada en epidemiología. Desde hace algo más de un año es una de las sedes de la Escuela Superior de Medicina de la Unmdp.

Todos escuchamos alguna vez por parte de un abuelo la famosa frase Esto era todo campo. En el caso del INE se cumple al pie de la letra. Cuando El Marítimo se estableció en La Perla, aún faltaban casi 20 años para que se construya el Asilo Unzué, referencia en el barrio y la ciudad. Es, junto con la capilla de Santa Cecilia, uno de los edificios más antiguos de Mar del Plata aún en pie.

Niños y niñas de todo el país llegaban a internarse de manera permanente o hasta evidenciar alguna mejoría. En aquellos años se formaba parte del tratamiento los baños en agua de mar y la exposición al sol. De hecho, en uno de los patios del nosocomio, aún está instalado el heliógrafo, un artefacto que se usaba para medir la intensidad y duración de los rayos solares, el cual funcionaba mediante una esfera de cristal que hacía un efecto lupa sobre una cartulina hasta incendiarla. Así generaban ciertos parámetros.

En las fotos de archivo que hay en una de las salas, se puede observar a los chicos en uno de los patios, asoleándose como parte del tratamiento, algunos de ellos en una especie de carritos, ya que por el avanzado estado de la enfermedad carecían de movilidad. Estos niños y niñas, se alojaban en El Marítimo sin sus padres, tal vez durante años, y eran cuidados por los profesionales médicos, las enfermeras y algunas monjas que prestaban servicio allí.

Los chicos salían al patio a exponerse al sol. Aún hoy puede verse el aljibe.

Los pasillos del antiquísimo establecimiento son interminables y en algún caso poco iluminados. También los hay del tipo galería, con mucha luz natural y con vista a los patios internos de un lado y salas de internación devenidas en aulas del otro. Miller camina y comenta que “el lugar siempre tuvo un objetivo un poco más allá de la ciudad de Mar del Plata”. “En esa época, El Marítimo tenía a su cargo a toda la región patagónica y los profesionales de aquel entonces, salían en campañas al sur del país para tratar de detectar tuberculosis con equipos de rayos móviles”, cuenta.

En 1982 se cerró la internación y fue la inquietud de los profesionales que residían en la institución, la que permitió abarcar otras patologías, generalmente de carácter infectocontagiosa. “Se trabajaba mucho con el chagas, todas las zoonosis, y se empezó a trabajar bastante antes de 1982 en lo que eran las enfermedades de transmisión sexual. El INE fue en Mar del Plata, el referente para el control periódico de las trabajadoras sexuales y de ahí que el Instituto fue uno de los primeros en el país en detectar el HIV”, explica la directora.

 

El edificio

Los últimos cambios estructurales que sufrió el edificio fueron en la década del '70 y a partir de eso se busca mantenerlo y restaurarlo todo lo posible. Se refuncionalizaron las salas de internación que eran tipo pabellón, para generar distintos espacios o incluso aulas para el aprendizaje de la epidemiología o para ser parte de la Escuela Superior de Medicina de la Universidad Nacional de Mar del Plata que funciona en el lugar desde 2017. Hace 8 años se dio la posibilidad de hacer una refacción completa en el exterior, lo que le permitió al edificio recuperar la fisonomía histórica. Se hizo un trabajo minucioso hasta con la mezcla original de cemento y los colores originales de pintura en rejas, ventanas y postigos.

El ingreso por la calle Ituzaingo.

El inmueble que ocupa toda la manzana circunscripta por las calles España, Ituzaingó, 20 de Septiembre y Ayacucho, cuenta con 3 patios internos con hermosos jardines que se usaban para que los chicos salieran a tomar sol, que para la época era algo relativamente efectivo. Algunos se curaban y otros no. “A los de la costa los mandaban a las zonas serranas y viceversa”, explica la directora del INE y agrega: “El cambio de aire, se creía, era lo que beneficiaba la curación”. En uno de estos patios, el que está más próximo a calle 20 de Septiembre, se encuentra una construcción que es llamada “la casa de Jara”, que es ni más ni menos el lugar en donde vivía el célebre primer director del Instituto que a pesar de tener su casa, se quedaba varios días seguidos trabajando en el entonces asilo.

Como en muchos edificios añosos, las leyendas sobre fantasmas recorren el INE. “Yo nunca vi nada, pero varios han afirmado que hay”, dice entre risas la directora del instituto mientras camina por los pasillos más oscuros del lugar.

Detrás de los muros, el INE esconde bellísimos patios.

Entre las construcciones que forman el edificio se destaca una capilla que tiene entrada por calle Ayacucho. Junto a la capilla está la Escuela de Medicina de la Unmdp. Casi en el centro de la manzana hay un café-comedor y antiguas cocheras dan a 20 de Septiembre.

 

La Escuela de Medicina

Es una asociación estratégica entre el INE y la Universidad Nacional de Mar del Plata que a partir de ahora, genera el compromiso en el desarrollo y crecimiento en forma conjunta. Le brinda sinergia a ambas instituciones y fundamentalmente dota de un importante respaldo a una carrera nueva para la Universidad, con los 125 años de historia en la epidemiología del Instituto. “Podemos trabajar en forma conjunta para desarrollar actividades de capacitación, investigaciones, extensión en la promoción de la salud, etc”, resalta Miller.

 

Juan Héctor Jara

Fue el primer director del instituto, un médico muy reconocido en la ciudad y uno de los pioneros de la medicina en la zona. “Lo que pasa de generación en generación es que fue una persona muy generosa y muy bondadosa. Jara fue a Mar del Plata lo que Favaloro a la Argentina. En la ciudad en esa época no había muchos médicos y él realmente dedicó su vida a atender a los pacientes. No sólo era el director del instituto, a pesar que tenía su casa, se quedaba varios días de la semana acá, para dedicarse al hospital y los pacientes, y a cualquiera que llegara requiriendo atención médica”, dice Miller.

En su homenaje, la ciudad le dio su nombre a una de las avenidas más importantes, en la cual se encuentra un club con el nombre del médico pionero.

"Jara fue nuestro Favaloro", opinó la directora del INE

 

La actualidad

El INE en la actualidad se dedica fundamentalmente a la investigación y la docencia, aunque todavía cuenta con lo que es el diagnóstico referencial, sobre todo en laboratorio. Se dedican también al programa de infecciones hospitalarias, para tratar de reducir el impacto de las mismas. Y, por supuesto, está destinado a la docencia de la epidemiología por lo que en la actualidad son entre 500 y 600 alumnos por año que hacen los cursos, más allá de los que cursan allí la carrera de Medicina.

Miller lleva 32 años trabajando en el INE.

 

También se llevan varias líneas de investigación: una sobre diabetes, otra sobre cáncer con un registro poblacional de dicha enfermedad en el partido de General Pueyrredón, en el que participan todos los oncólogos y anatomopatólogos de la ciudad, y una tercera de lesiones por causas externas, o sea todo lo que es homicidios, suicidios, accidentes, tránsito, lo cual se trabaja por unidades centinela en distintos puntos del país con el objeto producir recomendaciones para solucionar algunas cuestiones. En el Instituto también se hace el tradicional “prenupcial”, un análisis de sangre a los integrantes de la pareja que están por contraer matrimonio con fines de prevenir enfermedades en el o los posibles hijos de la pareja.

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