Entrevista

5 de Octubre de 2019 13:56

Guillermo Martínez: "La tensión sexual suma otra nota de suspenso a mis novelas"

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Foto: EFE

El escritor que inauguró la 15º edición de la Feria del Libro mantuvo un mano a mano con 0223 en el que reflexionó sobre Los Crímenes de Alicia y otros matices de su reconocida obra.

No se ufana ningún logro pero bien podría jactarse de haber encontrado la fórmula del éxito. Enigmas, asesinatos, desafíos de lógica, Oxford y una prosa exacta y envolvente, parecen algunos de los factores elementales que sabe conjugar Guillermo Martínez para construir tramas complejas pero con resultados inapelables. En sus operaciones, no hay restos que sobren: cada variable parece intervenir en su justa medida.

En Los Crímenes de Alicia (Ediciones Destino), el escritor bahiense apostó por remontarse a los personajes y la ciudad universitaria británica del condado de Oxfordshire, donde dio vida a la exitosísima Crímenes Imperceptibles (2003), y no falló: la novela fue recibida por la crítica y el público con los brazos abiertos y lo hizo merecedor del Premio Nadal 2019, el galardón literario más antiguo que se entrega en España.

En la nueva producción de Martínez, el enigma que intenta develar el distinguido catedrático Arthur Seldom junto al joven becario argentino "G." - de nombre impronunciable para los ingleses - gira en torno a los diarios íntimos de Lewis Carroll, el creador de Alicia en el país de las maravillas, y una frase inédita que podría descubrir una cara perversa y perturbadora de las relaciones que mantenía con las niñas a las que fotografiaba.

El autor de La lenta muerte de Luciana B. y Yo también tuve una novia Bisexual se anticipó como uno de los principales atractivos de la 15ª Feria del Libro Mar del Plata Puerto de Lectura que se desarrolla hasta el 20 de octubre en el Centro Cultural Estación Terminal Sur, de Alberti y Sarmiento. Este viernes, brindó una charla a sala llena en el marco de la inauguración del tradicional evento, que también tiene confirmadas las presencias de otras figuras de la literatura, como Eduardo Sacheri y Martín Kohan.

En un mano a mano que le concedió a 0223, el escritor reflexionó sobre su última novela pero también sobre otros matices de su vasta obra, con la que obtuvo reconocimientos de jerarquía como el I Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez en 2015 y el Premio Planeta Argentina en 2003. Y también garantizó, "a futurísimo", la creación de una tercera novela en Oxford que complete la trilogía de "la Lógica y el Crimen".

-Seguramente Los Crímenes de Alicia te supuso desafíos nuevos pero, a diferencia de lo que ha sido la gestación de otras obras anteriores, quizás esta novela te obligó o posicionó por primera vez como autor a ponerte el saco de "detective" de alguna manera...

-Es verdad que es la primera vez que tengo que hacer una investigación ad hoc para una novela. Siempre fui bastante escéptico sobre la cuestión de investigar para escribir y de algún modo mis novelas anteriores tienen implícita una investigación que tiene que ver con mis años enseñando y estudiando lógica matemática o de haber jugado al ajedrez, pero nunca había intentado antes estudiar para escribir en una novela. En este caso lo tuve que hacer porque no sabía nada de la vida de Carroll. 

Mientras escribía el prológo para un libro de Lógica descubrí un hecho que me llevó a investigar porque tuve la sensación de que había una novela. Entonces, para desarrollarla, tuve que leer distintas biografías de Carroll y enfoques sobre lo que fue su vida en torno a toda la discusión que se dio alrededor de las fotos que sacaba a niñas semidesnudas y también sus aportes como lógico matemático. Yo traté de que estuvieran todas las facetas y por eso se me ocurrió la idea de una hermandad de biógrafos sobre él.

Y es verdad que hay cierta pasión por la figura de Carroll en Inglaterra; de hecho, hay una sociedad que publicó a lo largo de 12 años los diarios completos. Yo fui leyendo los diarios completos y de ahí saqué algunos datos que me parecieron interesantes para después volcarlos en lo que iba a hacer la trama de esta novela.

-¿Y cómo jugaste con los parámetros de la realidad y la ficción? ¿Sentiste que tuviste que 'cuidarte' en algún momento al tratarse de una figura tan representativa como la de Lewis Carroll?

-No sentí que tuviera que cuidarme pero sí me pareció muy importante separar en la novela la información relativa a la vida Carroll. Eso lo traté con muchísimo cuidado, a través del cotejo de datos. Todo lo que se dice sobre la vida de Carroll es lo que yo fui siguiendo en las biografías. Tampoco soy un experto como para poner en duda lo que afirman los biógrafos; tomo de buena fe que lo que se dice en las biografías está corroborado. Pero todo lo que se dice de Carroll está tomado de biografías serias y canónicas. Y todo lo que se refiere a la ficción criminal es puramente contado. Logré separarlo y no tuve problemas en ningún sentido; no tuve que manipular nada. Por ejemplo, el texto que aparece en el pedazo de papel, que es uno de los enigmas de la novela, es el que puede rastrear cualquiera en Google en realidad.

-Bueno, justamante Saer en El Concepto de Ficción plantea una suerte de interpelación al género de la biografía por arrogarse una verdad que quizás no es tal...

-Leí ese ensayo y lo comparto totalmente. Una biografía es una selección deliberada y por lo tanto deformada. Leer una biografía es leer una especie de estilización de acuerdo a una idea inicial o relativamente contradictoria a la que logra llegar cada biógrafo. En general, se ve muy claramente un bosquejo ideológico que corresponde al autor de la biografía más que a la vida real del biografiado. Yo tengo mucha desconfianza de la biografía.

En esta novela traté de hacer hablar y discutir a las diferentes biografías; exponer las contradicciones, los énfasis, y también aquilatar y poner en dimensión algunas cosas. Por ejemplo, siempre se habla de las fotos de los desnudos pero si uno ve la totalidad de las fotos, Carroll sacó más de 1500 fotos y solamente habrá hecho 8 o 10 de desnudos. Creo que también hay que poner en dimensión muchas de las cosas que se han dicho en la época contemporánea y de las que no hubo ninguna suspicacia en la época en la que vivió Carroll.

Esto yo lo llamó la línea Pierre Menard. En el cuento, Borges imagina a un autor contemporáneo que se propone reescribir el Quijote y algunas líneas tal como estaban escritas por Cervantes resuenan como lo contrario de lo que se propuso Cervantes. Es decir, la misma frase pensada desde la época de Cervantes o desde nuestra época dice cosas diferentes. El ejemplo que da él es con la cuestión del estilo: Cervantes tenía un estilo desenfedado, de la calle, que venía a traer el lenguaje vulgar a la literatura, mientras que si alguien escribe la misma frase que escribió Cervantes suena como arcaizante porque el paso del tiempo hizo que hoy nos suene antiguo debido a que ha habido otras capas de superposición de lenguajes. Eso mismo ocurre con la idea de las fotos que sacó Carroll, de las que nunca se avergonzaba y consideraba que eran obras artísticas cercanas a la pintura porque recién nacía el arte de la fotografía, además de enseñarlas en los círculos de la alta sociedad y entregarlas como regalos a sus poetas más admirados. Sin embargo, hoy eso sería considerado un delito infame.

-¿Es difícil bajar las matemáticas a un lenguaje común, quizás no explicable en su totalidad pero tampoco tedioso o inalcanzable para el lector?

-Uno de los desafíos implícitos cada vez que escribo una novela es precisamente lograr transmitir algo del espíritu de los dilemas de la lógica. Me parece que la matemática se une con la literatura porque ambas ponen en jaque el sentido común. En la matemática aparecen dilemas, las necesidades de definir conceptos muy sútiles y todo eso hace que los matemáticos vean lo real con cierta extrañeza. Y en la gran literatura, lo que parece de todos los días se termina convirtiendo en algo extraño y siniestro. Para mí, se unen en ese sentido y hay cuestiones que trato de llevar a la trama criminal porque también hay una unidad profunda entre la lógica de la investigación policial y las preguntas sobre el estatuto de la verdad y lo demostrable, que aparecen en la lógica.

-Más allá de que el enigma es un norte natural por la propia lógica del género policial, en tus obras se puede advertir una latencia de la sexualidad, del sexo... En Crímenes Imperceptibles estaba Lorna, la pelirroja irresistible, y ahora en esta novela el protagonista se pregunta en un momento si debe respetar el principio de economía sexual de una chica por vez... ¿Qué rol ocupa el sexo en tus historias?

- Es un tema muy importante y que aparece en mis primeros cuentos, también en mi segundo libro de cuentos, y en algunas novelas mías como Yo también tuve una novia bisexual

-Bueno pero esa novela, a priori, se podría presumir como una novela explícitamente sexual y tampoco lo es. Hay un abordaje más profundo...

-Es que no creo que el sexo lo domine todo necesariamente. En las novelas de enigma hay que tener una cierta sensación de género: no puede el tema sexual de pronto robarse todo el protagonismo de la novela. Hace poco me encontré con un lector que se enojó porque había menos sexo que en otras novelas (risas) Yo no quiero repetir esquemas y entonces las relaciones entre los personajes son diferentes. Me gusta que haya cierta tensión sexual porque es otro enigma y otra nota de suspenso para la trama. Entonces, en general, aparece una nota que tiene que ver con eso.

-Y en tu cuento Déja vu, o los reinos de la posición horizontal de Una felicidad repulsiva hay también como una atmósfera ciertamente extraña y una escena bastante explícita en ese sentido ¿En este caso, desde que lugar buscas la representación?

-Es que cuando uno escribe trata de que aquello que escribe tenga cierta extrañeza; para escribir lo habitual, lo que es noticia vulgar o esperable, ya está la realidad en sus manifestaciones prosaicas. La búsqueda de la literatura tiene que ir un poco más allá. Uno de los atributos fundamentales de lo literario es la originalidad. Y siempre trato de encontrar algo que a mí me resulte original por lo menos. Si uno va a retratar una escena o una relación siempre trato de encontrar un costado que me resulte interesante.

Y la nota sexual de Los Crímenes de Alicia tiene que ver con la trama porque la chica tiene guardado el papel clave ne un colgante que se mete adentro de la blusa. Ahí hay sugerido una nota sexual de si el protagonista va a lograr llegar hasta ese lugar. En este caso, está encriptado lo sexual y no es tan explícito pero hay un simbolismo.

Esta línea yo la llamo Henry James porque yo me debatía entre escribir una novela como Los Papeles de Aspern, de Henry James, donde seducir a la chica era a la vez llegar al fondo de la intriga y hacerse con el papel, o bien hacerse una novela mas declaradamente policial que es lo que terminé haciendo. Pero esa línea aparece en la escena del jardín de la casa, por ejemplo.

-Y te he escuchado decir que siempre tenés la forma de pensar de un cuentista para tus obras ¿Por qué?

-Es que casi todas mis novelas anteriores, salvo Crímenes Imperceptibles, eran en principio cuentos. Me resulta más fácil pensar cuentos. Las historias se me ocurren como cuentos y si aparece una línea teórica o algún tema que viene de la tradición literaria que me parezca interesante por un costado filosófico lo convierto en novela. En La lenta muerte de Luciana B., por ejemplo, estaba la idea de hasta qué punto una sucesión de hechos accidentales se podían empezar a relacionar con una causa y surgía así ese enfrentamiento entre el azar y la causalidad.

-¿Y qué es lo que te lleva a escribir una obra en determinado momento? ¿Por qué ahora quizás preferiste avanzar con Los Crímenes de Alicia y no con otra producción?

-Estaba en el medio de una novela muy larga, difícil, que me estaba llevando la vida,y en un momento personal también difícil. Entonces pensé en poder dedicarme a algo que sabía que lo iba a poder terminar. Y en general me pasa que tengo ideas mejor pensadas hasta el final. En el caso de esta novela tenía una situación intermedia pero tenía confianza en poder encontrar el final. Tuve un momento difícil en el capitulo 6 porque tenía que concebir todos los personajes de la Hermandad y se me habían ocurrido uno o dos pero tenía que pensar los demás también. Así que estuve detenido seis meses y fue un momento en el que tuve una pequeña angustia.

-Encima cada personaje cumple un rol clave para la novela...

-Claro, no podían ser monigotes; cada uno debía tener su particularidad y excentricidad sin ser caricaturescos. En las novelas policiales la construcción del personaje es diferente a otros géneros porque tienen que ser un poco bidimensionales. Vos no podés entender profundamente la psicología de cada uno porque sino la solución ya está a la vista. Vos podés inferir algunas cuestiones pero tienen que ser un poco esquivos y fantasmales, y eso a veces no se entiende y se pretende que sean como los de Dostoievski. Pero no puede ser así, no se pueden ver todos los hilos por dentro porque en verdad todos son posibles sospechosos.

-Por último, ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Se puede esperar otra novela que complete esta trilogía en Oxford?

-Sí, se puede esperar pero a futurísimo. La verdad que me gustaría terminar esta trilogía que yo llamo de la Lógica y el Crimen. Y ahora estoy escribiendo una novela que se parece más a mi segunda novela, La mujer del maestro, y que refiere más a los pequeños infiernos del mundo literario. Eso es lo próximo.

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