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Fernando báez sosa

29 de Enero de 2020 19:22

Máximo Thomsen, un animal humano

El autor es politólogo especializado en Comunicación No Verbal (U. Austral) y docente de posgrado (UCA).

Con sólo encender la TV o entrar en las redes sociales, se constata algo de inmediato: la terminología que se usa para definir la conducta de los rugbiers en general y de Máximo Thomsen en particular, refieren con abundancia al mundo animal. No tiene nada de malo, a condición de que tengamos en cuenta que los humanos somos animales vertebrados, mamíferos del grupo de los primates, simios que habitamos un zoológico humano, como diría el gran etólogo Desmond Morris. No es un insulto llamar animal a Thomsen, así lo define la etología humana (rama de la biología que estudia el comportamiento animal, específicamente humano), en todo caso hay que analizar su conducta y su expresión corporal para mostrar que es un animal, pero bastante más peligroso que un erizo o un yorkshire. Es un animal que mostró niveles de agresividad insólitos para nuestra especie, que en los papeles vive con arreglo a normas de convivencia especialmente tipificadas para evitar que la agresividad se transforme en ataque.

Por un lado, debemos tener en cuenta por los relatos de testigos que Thomsen podría ser el líder del grupo, el macho Alfa. Entre los monos babuinos, el macho Alfa es quien debe responder a los ataques de otros grupos y defender el suyo. Tienen además una similitud con el hombre, porque a diferencia de otros primates, se aventuran en superficies abiertas para buscar comida y, en el peor de los casos, enfrentarse con depredadores varios. En Gesell, como en la sabana africana de nuestros ancestros cazadores recolectores, un grupo de homo sapiens golpeó a otro homo sapiens hasta matarlo. Al parecer, el principal involucrado es Thomsen, quien sería el líder del grupo. Un simio agresivo, que probablemente por sus características físicas hubiera podido evitar el ataque con simples exhibiciones de fuerza o amenazas. Por las imágenes que aparecen en los medios se trata de un simio con una notable hipertrofia muscular, algo que se convierte -siempre desde la etología- en una pista que exhibida a los demás sirve como efecto disuasorio y puede lograr la sumisión de otro simio. Quizá podría haber recurrido a la amenaza, con frases racistas incluidas (como las que refieren los testigos), pero sin recurrir al ataque, que es la máxima instancia agonal de la que se valen los simios y, especialmente, los simios agresivos. Pero atacó y lo hizo con la ayuda de algún que otro animal de menor jerarquía social en el grupo, tal como muestran las filmaciones por todos vistas. Se observa un claro respeto por el pecking order (orden jerárquico), en el ataque homicida.

Por otra parte, podemos analizar el comportamiento corporal de Thomsen -el simio macho Alfa del grupo-, a partir de una imagen que quedará en la retina de la inmensa mayoría de los argentinos, y es la de él con su camisa negra desabrochada caminando en dirección a la cámara.

La camisa desabrochada es una pista no verbal que en el campo de la diacrítica (el estudio del arreglo personal, vestimenta, tatuajes, etc.), normalmente se observa en los machos Alfa. Tiene la función de demostrar que el simio muestra su centro ventral sin miedo a sus congéneres, es decir, las partes más sensibles. En el caso de los gorilas, los golpes en el pecho son comunes como señal de amenaza, así como entre los animales humanos la alusión a uno mismo generalmente se explicita con una palmada suave o un dedo indicativo en el pecho. Cualquier homo sapiens que siente seguridad adopta posturas expansivas, que incluyen la mayoría de las veces el adelantamiento del pecho o la insuflación de éste. Cuando se desarrolla un ataque físico como el del simio en consideración, el mismo sistema nervioso central trabaja requiriendo más aire en los pulmones y la sangre para atacar con mayor violencia.

 

En la imagen se observa que tiene los brazos muy separados del tren superior; se trata de una postura expansiva típica de una exhibición de fuerza, que hubiera sido útil si el simio no hubiera asesinado a su congénere unos instantes antes. Maximizar el tamaño del cuerpo con posturas específicas, forma parte de nuestra filogenética, es decir, de nuestra evolución ancestral. Da cuenta de nuestro potencial a la hora de disputar físicamente una posición, ni más ni menos que la lucha por el poder (para cuidar o ganar territorio, copular con una hembra o acceder a recursos, lo mismo da). También podemos ver que camina abriendo mucho sus extremidades inferiores, mostrando congruencia con sus extremidades superiores.

Lo que vimos en Villa Gesell tiene una explicación desde la etología humana, porque somos animales humanos que nos comportamos de muchas maneras. Pero debemos dejar en claro que ese simio Alfa agresivo, que mató a patadas en el piso a Fernando Báez Sosa, no merece el mismo calificativo que el perrito que ahora mientras el lector lee esta nota, mueve la cola de alegría esperando a que termine de leer para jugar con su dueño.

Empecemos a llamar a Máximo Thomsen como la biología indica: animal humano.