Coronavirus

6 de Octubre de 2020 18:27

200 días de cuarentena: cierres, incertidumbre y rebelión

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Con números récord de desempleo y pobreza, Mar del Plata atraviesa el peor momento de su historia. Gastronómicos, comerciantes y hoteleros trazan su balance de este año extraordinario.

 

El 20 de marzo, cuando el gobierno nacional decretó el inicio de la cuarentena obligatoria por la pandemia de coronavirus, nadie imaginó que la medida se iba a mantener tanto tiempo. En el medio, pasó de todo: hoy, a 200 días del inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio por la pandemia de coronavirus, los contagios ya superaron la barrera de los 800 mil en todo el país y Argentina no fue la excepción a la crisis económica que afecta a todo el mundo. En ese marco, Mar del Plata atraviesa el peor momento de su historia, con una cifra de desempleo récord -se calcula que por la crisis, 87 mil personas perdieron su trabajo- y la tasa de pobreza más alta de los últimos 17 años. A eso se suma la crisis sanitaria: hasta el momento se registraron 14.084 casos positivos de Covid-19 y 476 personas murieron por la enfermedad, mientras que los hospitales y clínicas de la ciudad acusan una ocupación de camas de entre en 90 y 100%.

En este contexto de incertidumbre y extrema preocupación por tantos meses sin facturación, la semana pasada los empresarios gastronómicos se rebelaron y habilitaron los salones de los restaurantes y bares a pesar de que el sistema de fases dispuesto por el gobierno provincial no lo permite. Lo hicieron con el guiño del gobierno de Guillermo Montenegro, que ya aclaró que no sancionará a quienes quieran trabajar. Sin embargo, el movimiento en el sector, que reúne entre 1000 y 1200 emprendimientos y da empleo a unas 20 mil personas, es prácticamente nulo. “En  muchos casos abrimos por una cuestión de dignidad, de inercia, de continuar con la actividad pero viene muy flojo”, reconoció Hernán Szkrohal, propietario del Barracuda Café.

Postal del primer día de cuarentena obligatoria en Mar del Plata, el 20 de marzo.

Cabe recordar que tras pasar más de 60 días inactivos, los gastronómicos habían vuelto a trabajar el 26 de mayo. Sin embargo, a fines de agosto, ante la aparición de múltiples focos de contagios en toda la ciudad, el intendente resolvió retroceder de fase 4 a 3 para bajar la curva de casos y los emprendedores del rubro debieron volver a funcionar con la modalidad take away.

El temor a contagiarse y la caída del poder adquisitivo de los clientes son los principales factores que determinan el bajo volumen de trabajo. Al mismo tiempo, los empresarios continúan sumando deudas y por eso, Szkrohal no descartó que una vez que esté la vacuna y se vuelva a la normalidad, se produzca una segunda ola de cierre de comercios. “Hoy no hay una mínima expectativa de recuperación, estamos todos con mucha inseguridad e incertidumbre”, afirmó el empresario. “Para poder armar su puesta a punto de mercadería, un restaurante debe hacer una inversión muy importante pero nunca llega a recuperarla”, dijo y advirtió que, “con lo poco que se trabaja, muchos pierden más ahora que manteniendo el local cerrado. Es un callejón sin salida”. 

En el caso de los comercios, que según la fase 3 deben atender a sus clientes en la puerta, la mayoría cumple con la normativa aunque en algunos casos comienzan a relajarse. “Se cumple el protocolo a rajatabla pero a veces dejamos entrar a la gente a ver la mercadería, no a probarse”, reconocen en el rubro. “Nuestro balance es absolutamente negativo porque en lo que va del años, los negocios pasaron más de la mitad del tiempo cerrados”, puntualizó por su parte Raúl Lamacchia, titular de la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (Ucip). 

Los controles fueron exhaustivos en el primer tramo de la cuarentena. Foto: archivo 0223

“Tratamos de hacer las cosas lo mejor posible pero inevitablemente seguirá habiendo cierres de comercios”, advirtió Lamacchia, quien remarcó que a eso se suma la caída del poder adquisitivo de la gente. En ese sentido, volvió a reclamar al municipio, por un lado, que se les permita el ingreso de clientes a los locales -uno por vez, con el distanciamiento social correspondiente- y, por el otro, que se prohíba a los hipermercados la venta de artículos que no sean comestibles. “Esas entidades no cerraron nunca y venden de todo, entonces esto termina dándole ventajas a las grandes superficies”, sostuvo.

Históricamente, el 12 de octubre fue una fecha clave para Mar del Plata: era el último fin de semana largo del año, comenzaban a venderse las carpas en los balnearios y los hoteles se ponían a punto de cara al verano. Sin embargo hoy, en vísperas del feriado y a pesar de que las autoridades aseguran que habrá temporada, lo único que hay es incertidumbre. 

La hotelería es uno de los sectores más golpeados por la crisis del coronavirus: cerraron el 20 de marzo y todavía no saben cuándo podrán abrir. Los empresarios del rubro soportan los siete meses de inactividad con los ATP que reciben para el pago de salarios y un descuento del 75% en la TSU, pero, aún cerrados, los establecimientos continúan generando gastos. “Estamos esperando que se avance en la reglamentación de la Ley de Asistencia al Turismo, que promueve la contratación de paquetes turísticos dentro de la Argentina, con un reintegro del 50% de los gastos en el viaje para poder usarlo en traslados, gastronomía y otros servicios del rubro durante el 2021. Creemos que con eso vamos a generar un poco de caja”, precisó Eduardo Palena, miembro de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica.

Desde el 1 de octubre y con el guiño de Montenegro, los gastronómicos habilitaron los salones de sus restaurantes y cafeterías. Foto: 0223

No obstante, al igual que los gastronómicos, las deudas se continúan acumulando. “Estamos cumpliendo con los sueldos pero hasta el momento que comience la apertura, no vamos a tener ingresos”, afirmó Palena, quien remarcó que cuentan con el protocolo sanitario necesario para abrir apenas los autoricen. “Nosotros estamos trabajando muy fuerte en ese sentido, pero nos preocupa qué va a pasar con aquellos alojamientos que no están registrados, no sólo porque significan para nosotros una competencia desleal, sino porque, al no tener controles, ponen en peligro la salud de todos”, advirtió.

Los propietarios de los balnearios, por último, ya tienen aprobado un protocolo para poder trabajar durante el verano y eso no es poco. Más allá de que esperan una temporada "atípica", desde hace diez días ya empezaron con la preventa de espacios de sombra y el armado de las estructuras en las unidades turísticas fiscales concesionadas. Si bien por el momento prefieren no revelar datos precisos, adelantaron que están lejos de las ventas de otros años. “Sabemos que no vamos a tener la cantidad de clientes de otros años, pero lo principal para nosotros es poder hacer foco en la salud de los clientes y de nuestros empleados”, aclaró Nicolás Parato, secretario de Cebra, la cámara que agrupa a los empresarios del sector.