El desafío de convertir planes sociales en empleo

Cómo surgieron los planes sociales en la Argentina y por qué es tan difícil para el gobierno lograr una contraprestación real. Ahora buscan generar un puente hacia el empleo. ¿Misión posible?

Hay cerca de 5 millones de argentinos en el mercado informal de trabajo.

Cómo surgieron los planes sociales en la Argentina.

 

Se le llama planes sociales a los programas que implican transferencias de dinero a cambio de una contraprestación, condición que muchas veces no se ha cumplido en la historia argentina. Su origen se da en el año 1995 cuando el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social crea el Programa Trabajar I, que luego tuvo sus versiones II y III. 

El objetivo del Programa Trabajar era en aquel momento generar empleo transitorio para personas desocupadas, mediante actividades en su comunidad. Mientras se ejecutaba el proyecto para el que eran asignados, recibían una ayuda económica individual y mensual de hasta $200 a cargo del Fondo Nacional de Empleo.

Estos son los inicios de lo que llamamos “planes sociales”.

Uno de los grandes problemas que no han podido resolver es justamente la reinserción en el mercado laboral de muchos argentinos desocupados o que trabajan, pero en lo que se llama “economía popular”.

Mientras los trabajadores formales son unos 6 o 7 millones de argentinos, los informales alcanzan los 4 o 5 millones de trabajadores. Es por este motivo, que la gestión actual decide avanzar en uno los reclamos más escuchados: “que los planes sigan teniendo como contraprestación el empleo”. Así se presenta unas semanas atrás el proyecto legislativo en esta materia.

Argentina tiene casi 5 millones de trabajadores informales. 

 

Se busca tender un puente hacia el empleo: es decir, quien hoy percibe un plan social y trabaja de forma precarizada o está desocupado, pueda acceder a tener los mismos derechos que un trabajador formal sin perder la asistencia del plan. Uno de los temores más expresados por quienes se encuentran bajo la órbita de estos programas.

La propuesta contempla entonces que, por 12 meses, el trabajador o la trabajadora que se adhiera a este programa mantenga el plan social como complemento del salario. Además, prevé el acceso inmediato a obra social y ART, y el deber capacitarse y completar cursos de formación.

En agosto pasado este proyecto ya se había iniciado de forma sectorial en el ámbito rural donde productores de naranja, arándano, pera, manzana, algodón y yerba pudieron empezar a contratar beneficiarios de planes, y ello permitió que un total de 250 mil trabajadores pasaran a desempeñar sus funciones en el terreno mientras mantienen la asistencia del Estado, sin perder las asignaciones ni ninguna de sus atribuciones.

Con el objetivo de hacerlo extensivo a todos los sectores de empleo privado, contempla que las asignaciones sean parte parcial o total del salario, es decir, que quien se incorpore al plan continuará cobrando su plan, pero incorporado al salario mensual. Una forma de incentivar también a las empresas a ampliar las nominas subsidiando parte de los haberes.

Por último, una de las inquietudes más presentes durante la gestación del proyecto era qué sucedía si la persona lograba incorporarse a una empresa, pero luego perdía por algún motivo su empleo. El proyecto contempla en este sentido que, producida la discontinuidad del contrato de trabajo, las personas beneficiarias tendrán la posibilidad de volver a percibir la asistencia.

La misión de convertir los planes sociales en trabajo genuino no es nueva, y esta edición plantea como primer objetivo lograr antes de fin de año recuperar todos los puestos de trabajos perdidos durante la etapa más severa del confinamiento. ¿Misión posible?

 

 

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