Opinión

31 de Agosto de 2021 08:38

La universidad que viene: movilizar cuerpos, ¿para qué?

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Secretario Académico -Profesor Regular de la Cátedra “Epistemología General” - Facultad de Psicología – UNMDP

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Muchos de los cambios que provocó la pandemia de Covid-19 en la sociedad permanecerán y la universidad las cosas no volverán a ser como antes.

"Hoy todos somos gente del pasado, y la alucineta

es que nadie quiere volver a ser como antes..."

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Scaramanzia

 

Podemos suponer que muchos de los cambios que provocó la pandemia de Covid-19 en la sociedad permanecerán aún después que esta finalice y cada vez vemos con mayor claridad que en la universidad las cosas no volverán a ser como antes.

En cierto sentido, asistimos a un tiempo de refundación para el sistema universitario. La emergencia de verdaderas “pedagogías pandémicas” parece marcar un futuro que seguramente trascenderá lo que en un primer momento constituyó un mero recurso de emergencia.

En el año 2020, la crisis sanitaria a nivel global generada por la proliferación de virus SARS-CoV-2 transformó nuestras vidas de múltiples maneras. El sistema universitario no permaneció ajeno a esta coyuntura y se vio forzado a adaptarse rápidamente para garantizar la continuidad de sus actividades fundamentales. Los edificios universitarios estuvieron cerrados pero la Universidad nunca se detuvo.

El caso concreto de la Facultad de Psicología de Unmdp se incluye en este contexto. La repentina declaración del Aislamiento Social Preventivo Obligatorio requirió una transformación acelerada de la gestión y de la administración institucional apelando a los recursos disponibles en un marco de absoluta excepcionalidad.

Esta tarea implicó tomar decisiones intentando conciliar diferentes requerimientos en tensión relacionados al menos con:

+ El acatamiento de las medidas sanitarias.

+ La necesidad de garantizar el derecho al acceso a la educación superior

+ El respeto de las condiciones laborales de docentes y no docentes, profundamente transformadas por la pandemia.

+ Las dificultades derivadas de la falta de conectividad, equipamiento, capacitación, condiciones familiares y habitacionales de estudiantes, docentes y no docentes, que limitan sus posibilidades de trabajar o estudiar en entornos virtuales.

+ La atención a principios básicos de las instituciones universitarias, como la autonomía, el co-gobierno y la libertad de cátedra.

+ Los parámetros institucionales de evaluación y acreditación de procesos formativos propios de una carrera universitaria que otorga títulos habilitantes para el ejercicio profesional.

 

Es necesario remarcar solo el enorme esfuerzo realizado por todxs permitió alcanzar el logro de sostener el funcionamiento institucional. Realizar una vertiginosa transformación desde una modalidad presencial hacia una completamente virtual en una institución con una escasa tradición en procesos de enseñanza mediados por tecnología y con circuitos y procedimientos políticos y administrativos fuertemente ligados a la presencialidad constituyó un auténtico desafío.

La creciente incorporación de las tecnologías de la información y comunicación en la enseñanza era un proceso que ya veníamos transitando, pero esta transición se aceleró exponencialmente a partir de la pandemia.

Uno de los elementos más significativos para el análisis de la actual situación de la Facultad de Psicología es el incremento (alrededor de un 35 % en promedio) que se observó en la inscripción a las cursadas virtuales del primer cuatrimestre de 2021.

Entendemos que este marcado aumento obedeció a un fenómeno global y en gran medida inesperado dentro del sistema universitario, donde la virtualidad, al menos desde un enfoque cuantitativo, parece haber facilitado la accesibilidad de lxs estudiantes. Seguramente la gran cantidad de estudiantes que pueden acceder a las cursadas virtuales de la Licenciatura en Psicología desde fuera de Mar del Plata (número que se aproxima al 40% de la matrícula) y la flexibilidad horaria propia de este sistema explique mucho de este aumento.

Estos datos parecen alentadores desde punto de vista de la inclusión y ampliación de derechos que la innovación tecnológica puede producir, pero también abren nuevos interrogantes. El acceso desigual a los dispositivos y servicios de conectividad tanto como la disparidad en los niveles de conocimiento tecnológico nos obliga a cuestionarnos respecto de que políticas son necesarias para equiparar las posibilidades de ingreso, permanencia y egreso de las instituciones de educación superior en el futuro “híbrido” que estamos comenzando a transitar.

En este sentido también comienzan a avizorarse nuevas tensiones gremiales y sectoriales. Trabajar y estudiar en la Universidad se ha transformado repentinamente en algo diferente y se vuelve imprescindible pensar y consensuar como se reconfigurarán los derechos y obligaciones de quienes habitamos la institución universitaria en este nuevo contexto.

Desde lo pedagógico proliferan múltiples miradas y debates respecto a cómo capitalizar lo que inicialmente fueron acciones de emergencia. La “calidad” de la educación y como evaluar en estos contextos inéditos constituyen una genuina preocupación de lxs docentes. Si bien es difícil valorar taxativamente una transformación tan profunda y acelerada como la que nos toca vivir, comienzan a cristalizarse algunas conclusiones provisorias.

No tendrá sentido en un futuro cercano movilizar cuerpos si no es para generar interacciones significativas. La presencialidad o inclusive la sincronía virtual solo se justificará si se producen estás interacciones, debates, cuestionamientos con potencialidad de transformarnos colectivamente. Para lo demás tendremos los textos en línea, videos, audios y presentaciones multimedia que, ofrecidos a través de canales diversos, aparecen como las alternativas lógicas y seguramente se irán ampliando y mejorando. La transmisión de conocimiento cerrado ya no parce requerir del marco de la clase universitaria. La presencialidad y la sincronía poseen aún un valor inestimable. Pero ya no son algo implícito que no haya que justificar.

Que nuestros cuerpos vuelvan, cada vez más, a habitar los espacios comunes de la vida universitaria es un horizonte necesario, cercano y feliz. Necesitamos reencontrarnos sin pantallas ni algoritmos de por medio. Movilizar nuestros cuerpos hacia ese encuentro tiene múltiples justificaciones vinculares, comunicacionales, afectivas, pedagógicas y políticas. Esto no debe significar que volvamos para reproducir acríticamente modelos de enseñanza que hace tiempo vienen quedando desfasados con los modos contemporáneos de construcción del conocimiento.

La irrupción de la pandemia puso también en primer plano la idea de que el enorme avance tecnológico al que asistimos no necesariamente deriva en una mejora de nuestra calidad de vida y la de nuestras comunidades, y nos hace interrogarnos sobre qué futuro podemos construir.

La Universidad posee un rol estratégico para reflexionar sobre qué tipo de sociedad queremos y qué educación se requiere para transformar solidariamente nuestro mundo en un mundo capaz de contenernos a todxs. Contribuir a reconstruir la idea de que un futuro mejor es posible es hoy más necesario que nunca. Vamos por ese camino.

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