Salud

18 de Septiembre de 2021 15:06

La delgada línea entre un estilo de vida saludable y la búsqueda de la perfección

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La búsqueda del "cuerpo perfecto" puede traer consecuencias para la salud.

Mitos y verdades del físicoculturismo, una práctica milenaria que en la actualidad consta de variadas disciplinas. Cuáles son los riesgos y qué cuidados hay que tomar. 

La participación de la exmodelo argentina Ingrid Grudke en el Mundial de Fisicoculturismo y el estricto entrenamiento y cambio de hábitos a los que se sometió para llegar a la etapa final del certamen, volvieron a poner la disciplina en el centro de la polémica. ¿Es un deporte? ¿Un estilo de vida? ¿Hasta qué límite se puede llevar el cuerpo humano sin poner en riesgo la salud?

El culturismo es una actividad física que busca el máximo desarrollo de hipertrofia muscular (musculatura visible) del cuerpo humano y comparte con otros deportes algunos métodos de entrenamiento, aunque la finalidad de cada atleta es notoriamente diferente.

Para lograr esta hipertrofia, la masa muscular esquelética tiene que estar regulada por el balance de síntesis de proteínas y su degradación, aumentado por la actividad física inducida por el ejercicio, provocando déficit calórico y mayor activación de síntesis de proteínas. Para ello, cada competidor se somete a un radical cambio de hábitos y, en algunas oportunidades, lleva su cuerpo al límite de lo que se considera clínicamente saludable.

Una práctica que viene desde la Antigua Grecia

Que el cuerpo humano fue, desde tiempos inmemoriales un tema de belleza y poder, no es novedad. Desde la Antigua Grecia los artistas buscaban la perfección y los detalles en las obras que inmortalizaban a dioses, semidioses y deportistas. En la Roma Clásica, en tanto, llegaron a catalogar a algunos gladiadores como tales por la perfección de su fisonomía.

Así, el culturismo o fÍsicoculturismo tiene sus primeras manifestaciones en la Antigua Grecia y Roma, donde los atletas entrenaban con peso y resistencia para después competir en los Juegos Olímpicos o batirse en la arena como gladiadores en los Coliseos. En aquel entonces, claro está, la disciplina no era un estilo de vida, tal como se lo conoce hoy; sino que se trataba de comportamientos dirigidos fundamentalmente al desarrollo de la fuerza o de su tamaño con el objetivo de la supervivencia.

Como si se tratase de una escultura de Miguel Ángel, el culturista es moldeado, esculpido, pulido, perfeccionado y tallado. “Nuestro lienzo es el cuerpo humano y cuánto más marcado esté, se va a ver mejor la perfección del cuerpo”, dice Javier Vásquez, jurado de la Federación Nacional de Fisicoculturismo a 0223.

"Nuestro lienzo es el cuerpo humano", dice Javier Vásquez.

En este sentido, cada entrenador y cada atleta buscan, más allá de un buen físico, llegar a la perfección armónica. El equilibrio físico deseado llegará con la hipertrofia, la definición de cada grupo muscular, simetría y detalles que realcen hasta el más pequeño músculo del cuerpo.

Seis claves para el "cuerpo perfecto"

Disciplina, dedicación, esfuerzo, constancia, concentración y compromiso son, según Vásquez, las claves que llevarán al atleta a triunfar en el culturismo. Pero no es todo músculos y transpiración: para que un atleta llegue a la instancia de competición, es necesario que abrace al culturismo como un estilo de vida. “Cuando alguien me busca para que lo entrene, generalmente ya tiene una base de gimnasio”, relata el hombre que incursionó en el culturismo a los 27 años. Después de años de competición y de representar al país en torneos sudamericanos comenzó desempeñarse como jurado y a preparar atletas para competir de manera oficial.

Como entrenador de atletas, Vásquez asegura que trabaja con un equipo médico para tener un seguimiento no solo de la evolución muscular de la persona que entrena, sino también para saber cuál es el estado de salud en general. “Lamentablemente, en este ambiente hay muchos que piensan que porque son grandotes y están entrenados pueden entrenar a otro con las técnicas y las suplementaciones que a ellos les funcionaron”, dice el hombre que, a sabiendas de que para llegar a obtener resultados deseados dentro de una competencia es necesaria una suplementación, trabaja con un equipo de profesionales de la salud. “Es para ver cómo estás adentro, qué podés tomar y qué no. Nosotros, para poder competir, desbalanceamos el sistema endócrino pero yo tengo que saber hasta dónde puedo jugar con eso. Por eso les pido una analítica cuando creemos que es necesario hacer un cambio en la suplementación”, explica.

-¿Una analítica es una antropometría (medición de porcentajes de densidad ósea, porcentaje de graso y muscular)?

-No, eso está bien para empezar. Pero cuando ya tenés claro que te querés dedicar a esto profesionalmente, yo pido otros estudios, para medir el efecto de la suplementación. Es un análisis de sangre, hablando en criollo, que me sirve para saber que puedo ajustar sin generar un daño grande en la salud.

-¿Te pasó que algún alumno te diga "llegué hasta acá, este es mi límite"?

-No, por suerte no me pasó nunca. Digo "por suerte" pero, en realidad, es porque hago un trabajo a consciencia.

La suplementación a la que el jurado hace referencia son, según la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), suplementos deportivos "destinados a enriquecer la incorporación de nutrientes en la dieta de personas sanas que presentan necesidades dietarias básicas no satisfechas o mayores a las habituales". 

"No hay soluciones mágicas"

El fisicoculturismo tuvo a nivel mundial un gran impacto y popularidad en la década del '60. Pero a Argentina, el furor por los cuerpos perfectamente modelados llegó décadas más tarde. 

“Cuando yo empecé tenía 27 años y era un poco el 'bicho raro': la gente, en general, y mi entorno no entendían lo que hacía”, recuerda Vásquez sentado en el medio de la sala de entrenamiento funcional de un gimnasio céntrico. A él, llegar a su primera competencia le llevó un año de preparación física, dónde lo fundamental fue “hacer el click y cambiar de hábitos”, dice.

Según recuerda, el primer año fue “durísimo”. Disconforme con la imagen que le devolvía el espejo, empezó a asistir a un gimnasio y en cinco meses su cuerpo fue otro. “Había empezado a definirme y me gustaban los resultados”, dice. Fue entonces que su preparador físico le preguntó si le interesaba competir y él, sin dudarlo, aceptó. “Cambié totalmente la forma de alimentarme, la alimentación es clave; de entrenar con cargas, medir las horas de descanso y prestarle atención a cosas que quizá antes no tenía en cuenta”, recuerda. Después de eso, empezó a suplementarse y llegó a su primer competencia oficial.

Federico González es Subcampeón Mundial Junior y Subcampeón Mundial Arnold Classic Junior, además de entrenador internacional IFBB. Mientras indica a los clientes del gimnasio que tiene en avenida Colón, asegura que la alimentación de los físicoculturistas es clave y consta de entre seis y ocho comidas diarias y la prioridad absoluta es la incorporación de proteínas y carbohidratos. “El culturismo es un estilo de vida. No hay soluciones mágicas”, dice.

Llegar a lo máximo

Decenas de hombres desfilan deshidratados con el torso desnudo, mientras que el mismo número de mujeres lo hace en bikini. Prolijamente maquillados y aceitados, ocultando manchas en la piel, cicatrices, tatuajes y cualquier imperfección, se paran en el escenario frente a un jurado que evaluará hasta el más mínimo detalle de su musculatura y los movimientos que realicen.

Según explica González, actualmente hay cerca de 30 categorías en IFBB entre hombres y mujeres. “Es como el boxeo, varía según la edad, el peso y la altura”, explica y coincide con Vásquez en que la categoría Senior es la más importante. “Es lo máximo a lo que podés aspirar”, remarca.

Dentro de la competencia, el jurado evalúa la armonía del cuerpo estático, su constitución, amplitud de hombros, pecho alto, curvas espinales fisiológicas, miembros y tronco en buena proporción y piernas rectas. En cuestión de minutos, el atleta realizará siete poses obligatorias. Se parará de frente al jurado y hará un ejercicio de doble bíceps y otro de expansión dorsal y "trabará" abdominales y muslos. Luego, deberá rotar y de perfil, exhibir su expansión pectoral y de tríceps. Por último, de espalda al jurado, hará gala de su expansión dorsal. Mientras que en la categoría libre los atletas harán durante 60 segundos un despliegue muscular dentro de una rutina artística, coreografiada y musicalizada a discreción del atleta o del entrenador.

Para competir eliminan cualquier imperfección en la piel. Foto: Federico González

Para llegar "a lo máximo", los profesionales aseguran que hay atletas que "ponen en juego su salud". El consumo excesivo de anabólicos trae graves consecuencias a nivel cardiovascular ya que aumenta el nivel del colesterol malo y disminuye el bueno, y eso puede derivar en arteriosclerosis. "El límite es muy finito", confiesa Vásquez.

Para el médico deportólogo Jorge Fernández, el uso de suplementación de venta libre es un problema. "Hoy ves que los toman deportistas de alto rendimiento, físicoculturistas y chicas que hacen zumba dos veces por semana", advierte. Además, dice, si se utilizan por un período de tiempo prolongado pueden provocar cuadros de nerviosismo, visión borrosa, dolor de pecho, aumento de la frecuencia cardíaca y de presión, cefaleas, dolores articulares y trastornos gastrointestinales.

Otras patologías derivadas de la ingesta de cócteles suplementarios pueden ser cáncer de hígado, atrofia testicular, ginecomastia (en los hombres), agrandamiento de clítoris e infertilidad, producto de los cambios hormonales a los que es sometido el cuerpo.

"La suplementación es una parte del proceso", aseguran, por su parte, los culturistas, aunque insisten en que la clave principal en el proceso de búsqueda del cuerpo "perfecto" es la "alimentación, la constancia y el descanso". "La generalización es un problema", aclaran.

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