¿Prohibir o enseñar a usar?: el debate por los celulares en los colegios de Mar del Plata
En los últimos días instituciones educativas de la ciudad tomaron la decisión de prohibir el uso de dispositivos electrónicos durante las horas que los alumnos permanecen en los establecimientos. Sin embargo, hay sectores que se oponen a esta medida.
Por Redacción 0223
PARA 0223
En los últimos días colegios públicos y privados de Mar del Plata sacaron una normativa que prohíbe el uso de celulares en el aula bajo la justificación de que genera distracciones y tensiones entra alumnos y profesores.
Las instituciones pusieron en práctica un sistema donde los dispositivos son guardados en cajas al inicio de la jornada y entregados al final de las clases. Incluso, algunos recomiendan dejar los teléfonos en casa.
Sebastián Perrupato, docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Unmdp) e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), dialogó con 0223 sobre esta situación: “Si yo desconozco cómo funciona ese dispositivo y no tengo los saberes para transformarlo en un recurso útil para mi vida, en definitiva voy a ser esclavo de ese aparato porque no lo voy a poder utilizar de la mejor manera ni desarrollar todas sus potencialidades.”
Desde su punto de vista, la prohibición demuestra un retroceso en la construcción del conocimiento en el siglo XXI, ya que “cotidianamente los chicos viven en un mundo tecnologizado, están inmersos en una cultura digital, y negar esas tecnologías es negar aquello con lo que los estudiantes viven todos los días.”
Por lo que es fundamental, “enseñar desde la realidad del adolescente y no desde la del adulto es a lo que hay que apuntar si queremos que la educación tenga sentido para ellos”, afirmó.
Apropiarse del uso de dispositivos en las aulas es conectar con “aquello que motiva al estudiante, con lo que convive cotidianamente que es parte de su realidad y que lo ayuda a entender el mundo que está transitando todos los días", continuó.
De modo que “integrar los dispositivos en la enseñanza permite partir de la realidad propia de los estudiantes e invitarlos a aventurarse a un mundo que se amplía en la medida en que conocen lo que están usando”.
En este contexto, el investigador también señaló que el debate sobre los celulares en el aula se vincula con los nuevos desafíos que plantea el avance de la tecnología en la educación. En particular, mencionó el crecimiento del uso de herramientas basadas en inteligencia artificial entre los estudiantes. “Hoy las posibilidades de la inteligencia artificial son muy amplias, pero la mayor parte de los estudiantes se reduce a usar ChatGPT para responder las preguntas que les dan en la escuela”.
Según explicó, el desafío para los docentes radica en ampliar ese horizonte y mostrar una mayor diversidad de herramientas digitales que puedan impulsar el aprendizaje y fomentar un uso más crítico de la tecnología. “No es prohibiendo los dispositivos como se enseña a utilizarlos, sino descubriendo con los estudiantes cuáles son sus potencialidades y también cuáles son sus limitaciones”, continuó.
En esa línea, el docente remarcó que el objetivo no debería ser eliminar los dispositivos del aula, sino aprender a utilizarlos de manera consciente y reflexiva. “No es prohibiendo los dispositivos como se enseña a utilizarlos". Por eso, agregó que es necesario que los estudiantes comprendan cómo funciona el mundo digital en el que se mueven diariamente: “Tienen que saber qué es un algoritmo y cómo esto condiciona el mundo digital en el que está inmerso. No todo lo que aparece en un buscador o lo que responde la inteligencia artificial es verdad; muchas veces tiene sesgos, puede inventar información o generar respuestas incorrectas”.
Finalmente, Perrupato subrayó que el debate sobre los celulares en las escuelas también pone en cuestión las formas tradicionales de enseñanza. A su entender, el foco no debería centrarse únicamente en los dispositivos, sino en la necesidad de transformar las prácticas pedagógicas para adaptarlas a los contextos actuales. “El problema no está en el celular, sino en las formas de enseñanza que siguen respondiendo a un modelo en el que el docente habla y el estudiante ocupa un rol pasivo".
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