José Carboni: el buzo que echó raíces en la Perla marplatense

A fines del siglo XIX, el buzo italiano José Carboni desafió el mar indómito del norte marplatense para fundar el balneario La Perla. Su audaz historia familiar transformó el turismo popular y quedó sellada con un heroico rescate que marcó la identidad de la ciudad.

En un paisaje donde todavía dominaba el campo abierto, los Carboni aguzaron el ingenio para atender a los primeros veraneantes.

30 de Mayo de 2026 13:51

La historia oficial de Mar del Plata suele mirar hacia el sur. Se encandila con los apellidos patricios de la Bristol, el lujo del Casino y la arquitectura del Hotel Provincial. Sin embargo, del otro lado de la loma de Santa Cecilia, la identidad de la ciudad se moldeó con otra impronta. Allí nació una zona con pulso propio, impulsada por inmigrantes genoveses que cambiaron la fisonomía de la costa. En el centro de esa epopeya obrera brilla un nombre: José Carboni.

De los muelles al rescate de los santos

El destino de los Carboni siempre estuvo ligado a las profundidades. El pionero de la dinastía fue Vicente, un buzo italiano que llegó al país en 1860 y terminó contratado en 1881 por Pedro Luro para construir su famoso muelle. Pero fue su hijo, José Carboni, quien se convertiría en el verdadero motor del norte marplatense.

Establecido en la ciudad hacia 1882, tras su paso por el puerto de La Boca, José cargaba con una reputación legendaria. A caballo entre la leyenda y la historia oficial, se cuenta que recibió un encargo urgente y sagrado: sumergirse para rescatar de un barco naufragado las estatuas religiosas que Patricio Peralta Ramos había pedido para la flamante capilla de Santa Cecilia. Mito o realidad, lo cierto es que José manejaba un coraje que pocos tenían en una costa todavía indómita.

Anuncio de Mar del Plata con un aviso del Hotel Carboni al final.

Una casilla sobre pilotes

Pronto, el joven buzo descubrió que el mar no solo guardaba secretos bajo el agua, sino también oportunidades en la superficie durante los meses de verano. En la playa de la Sección Norte, que tiempo después se rebautizaría como La Perla, José levantó una precaria casilla de madera sobre pilotes. Al principio la usó solo para guardar sus pesados trajes de buzo y sus herramientas de trabajo, al poco tiempo, se mudó a vivir allí.

El proyecto creció rápido. José convocó a sus hermanos y a toda la familia para transformar ese paraje desierto en un balneario hecho y derecho. Hacia 1888, a fuerza de ahorros y sacrificios, inauguraron un hotel de playa.

No fue fácil. Los temporales costeros y las sudestadas destruían las endebles instalaciones con frecuencia. Durante los inviernos, la amenaza era tal que la familia entera, grandes y chicos, dormía vestida para poder escapar a tiempo ante una crecida repentina del mar o un incendio.

Baños calientes y "caperos" en la playa de los locales

Para 1892, el Balneario Carboni ya contaba con registros y autorizaciones oficiales. La Perla se consolidaba como el refugio de los propios marplatenses y de los estudiantes del colegio Negrotto, marcando un fuerte contraste con la ostentación de la élite que elegía la rambla Bristol. “La gente rica se fue para allá”, asegurarían las crónicas de la época. A pesar de las ofertas para mudarse al sur, los hombres de la familia se negaron por un profundo sentido de pertenencia.

En un paisaje donde todavía dominaba el campo abierto, los Carboni aguzaron el ingenio para atender a los primeros veraneantes. Ofrecían servicios singulares: desde inmersiones en agua de mar caliente dentro de bañeras instaladas en las casillas hasta la atención de los "caperos". Estos empleados esperaban a los bañistas en la orilla para abrigarlos con una capa apenas salían del agua helada.

Recién en 1915, la familia logró construir su primera casa de material lejos de la orilla, con lo que por fin separó el hogar del negocio. Para esa época, el barrio ya tenía vida propia y la avenida costera se había convertido en el paseo nocturno preferido de la juventud.

Vista de La Perla.

El salvataje a los jugadores de Platense

El vínculo de los Carboni con ese sector de la costa quedó sellado con sangre y heroísmo el 29 de octubre de 1921. Esa tarde, los futbolistas del club porteño Platense vencieron al combinado local en la Plaza España. Para festejar, el plantel cruzó a la playa a darse un baño, pero la corriente traicionera arrastró a dos de sus jugadores: Berti y Pardal.

Al ver la emergencia desde la costa, Andrés Carboni, hermano de José, se arrojó al agua sin dudarlo. La pelea contra el oleaje picado fue extrema, según cuentan las noticias de la época. Al notar que su hermano se quedaba sin fuerzas, José María y Vicente Carboni también se lanzaron al rescate.

Ante una multitud que contenía el aliento en la orilla, los tres hermanos lograron sacar a los deportistas con vida. La hazaña caló hondo: días después, el presidente de Platense regresó a Mar del Plata para entregarles un reloj de oro a cada uno y declararlos socios vitalicios de la institución. Fue el reconocimiento definitivo para una familia que le enseñó a la ciudad que el mar no solo era un lugar para mirar, sino un territorio que requería audacia, respeto y coraje.

 

 

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