Adiós a un ícono: cerró sus puertas un histórico bar y hay conmoción
Las dificultades económicas derivaron en la clausura del establecimiento.
Por Redacción 0223
PARA 0223
El emblemático Bar Notable Los Laureles, un histórico ícono gastronómico de la Ciudad de Buenos Aires con más de 130 años de vida en el barrio de Barracas, cerró sus puertas de manera definitiva. La tradicional esquina de avenida Iriarte y Gonçalves Díaz bajó sus persianas producto de severas dificultades económicas, el inminente vencimiento del contrato de alquiler y la venta de la propiedad. La noticia provocó una profunda conmoción entre vecinos, habitués y amantes de los bodegones porteños. El emblemático espacio cultural había sido recuperado tras la pandemia gracias al esfuerzo impulsado por custodios sentimentales del lugar.
Por qué se produjo el cierre del Bar Notable Los Laureles
El mítico establecimiento gastronómico nació originalmente como pulpería y almacén de ramos generales a fines del siglo XIX por iniciativa de tres inmigrantes españoles. Con el paso de las décadas, la clásica construcción se fue transformando de café con billares a un concurrido templo tanguero y tradicional salón de milonga. Su pintoresca ambientación conservaba pisos calcáreos, aberturas de época, afiches históricos y un piano antiguo que transportaban directamente al arrabal porteño. Cada velada de música en vivo convocaba a parejas de baile para revivir la mística de las mejores épocas del sur de la capital.
A lo largo de su dilatada trayectoria, el popular inmueble albergó en sus mesas a destacadas personalidades de la política nacional, el deporte y la cultura popular. Por sus salones pasaron figuras representativas como el dirigente Alfredo Palacios, los exponentes tangueros Ángel Vargas y Enrique Cadícamo, y los boxeadores Oscar Bonavena y José María Gatica. Asimismo, la mística del salón se entrelazó históricamente con los festejos de la cercana cancha de Sportivo Barracas, donde se convirtió en el epicentro de memorables reuniones vecinales. Esas célebres visitas convirtieron a la esquina en un archivo testimonial de la vida urbana.
La casona formaba parte de la selecta nómina de Bares Notables promovida para resguardar el patrimonio histórico, cultural y afectivo de los barrios porteños. En el transcurso de los últimos años, el espacio funcionó como un vibrante polo cultural donde se organizaban peñas tradicionales, espectáculos en vivo y cenas show. El esfuerzo desplegado por emprendedores locales para sostener las actividades artísticas no logró frenar el impacto causado por el aumento constante en los costos de mantenimiento. Su despedida definitiva deja un vacío imborrable en el circuito cultural del sur de la Ciudad.
El cese de operaciones de esta emblemática esquina representa la pérdida de un símbolo fundamental para la memoria colectiva del barrio de Barracas. Vecinos y habitués manifestaron su tristeza ante la desaparición de un punto de reunión que acompañó el crecimiento de la zona desde su pasado como polo fabril. Tras más de un siglo de permanencia ininterrumpida, el histórico establecimiento gastronómico concluye una etapa dorada de la identidad porteña. Su legado cultural permanecerá grabado en el recuerdo de quienes compartieron charlas, tango y gastronomía tradicional en sus salones.
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