Primera división

15 de Octubre de 2018 16:44

Joaquín Indacoechea, de superar un cáncer a firmar contrato en Aldosivi

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Joaquín Indacoechea, sobre calle Elcano, frente a la sede del club Aldosivi.

Volante de 18 años, es una de las promesas del "Tiburón". Antes de llegar a Mar del Plata desde su San Manuel natal, superó una dura enfermedad. Y su abuelo, cumplió la promesa de unir Balcarce-Luján en bicicleta.

"Héroe es aquel que lucha contra una enfermedad (...). Yo, solamente soy un futbolista" (Andrés Iniesta)

Con la simpleza con la que trata a la pelota, el mítico futbolista español bajaba a tierra con pocas palabras a un periodista que preguntaba con exacerbación sobre su condición de figura del deporte.

Además de futbolista, Joaquín Indacoechea, admirador de Iniesta, ha sido un héroe, como tantos que con temple y fortaleza pudieron -o no- derrotar a una dura enfermedad. Este juvenil de la quinta división del Club Atlético Aldosivi acaba de firmar un contrato por 5 años con la institución que participa de la Superliga del fútbol argentino. Como volante ofensivo, a los 18 años es una de las esperanzas de las inferiores del "Tiburón". Pero entre 2015 y 2016, su vida transcurrió entre clínicas, quimioterapias, rezos y angustia, por un linfoma de Burkitt, forma extraña de cáncer que lo atacó. Este joven que quiere estudiar profesorado de matemáticas -tal vez por eso recuerde con exactitud cada fecha de su vida- contó su historia a 0223

***

San Manuel es un pueblo que no llega a 2.000 habitantes, ubicado a 59 kilómetros de la ciudad de Lobería, en el norte del partido homónimo. Al pie del cordón serrano, con su viejo ferrocarril y el "Calvario" como atracción turística, allí vivió y tiene a su familia Joaquín Indacoechea, aunque nació en Tandil, donde sus padres estudiaron profesorado de Educación Física. Desde niño y hasta 2016, con algunos intervalos, jugó al fútbol en su querido "rojinegro", Atlético San Manuel. "De chico jugaba de 9, hacía muchos goles. Después pasé a jugar de 8, de 10, a veces de 5", señala en el inicio de la entrevista.

Indacoechea pasó en 2015 a las inferiores del club Los Patos de Balcarce, donde llegó a debutar en la primera local. De lunes a viernes, vivía e iba al colegio en San Manuel. Los fines de semana, viajaba 91 kilómetros para jugar los partidos con la séptima división su equipo. Algo similar sucedía cuando jugaba en Gimnasia de Tandil. Todo transcurría con normalidad, sus sueños de futbolista marchaban en un camino correcto. Pero de un momento a otro, su vida cambió a partir de un rutinario control pediátrico. 

"Se me vino el mundo abajo"

"El 28 de septiembre fuimos a hacer un control y el doctor notó que tenía inflamado el cuello. Pensó que podía ser mononucleosis. Hicimos los estudios, dieron negativo. Y el 12 de octubre, me derivaron a Mar del Plata para estar internado tres días. Me dijeron que tenían que operarme. Era un tumor pero no estaba claro aún el tipo de enfermedad", recordó a 0223. "El 13 de octubre me operaron en una clínica privada y mandaron a analizar lo extirpado. El cirujano entendió que los resultados estaban bien. En mi casa, festejamos con la familia la buena noticia. Pero el 12 de noviembre llamaron a mi mamá, le dijeron que los resultados no los había visto la oncóloga. Y que habían dado mal. Me tuve que internar nuevamente en Mar del Plata, donde nos contaron que tenía un linfoma de Burkitt, un tipo de cáncer poco común y que me esperaban 9 meses de tratamiento. Se me vino el mundo abajo". 

Joaquín habla y sus ojos, húmedos, parecen estar viendo las imágenes de aquellos días. "Estaba por terminar el año de cursada, se venían las vacaciones... comencé la quimioterapia, con internaciones escaladas. Tuve que estar aislado. Mis viejos me acompañaron en Mar del Plata, pero mis hermanos (Felicitas, de 12, y Genaro, de 8) se quedaron con la familia. Fue muy duro, nos extrañábamos muchísimo", expresa. 

En aquellos días, cuenta que se aferró a Dios. "Somos muy creyentes en la familia, no tenía de dónde agarrarme y necesitaba desahogarme", rememora. Y dice que no tuvo complicaciones en el tratamiento gracias al cuidado de sus padres, Jorgelina y Leonardo: "Estuvieron en todos los detalles. Agarraba el joystick para jugar a la play y ellos le ponían lavandina, como a todo. Fueron dos meses donde me bañaba dos veces por día, usaba alcohol en gel a cada rato. Tenía las defensas bajas y cualquier cosa podía empeorar mi estado". 

Dentro de la gravedad de un cáncer,  "Pipi" (así lo conocen desde chico) pudo vencer rápidamente esta enfermedad: "La operación había sido exitosa, el tratamiento duró hasta el 12 de enero. Me estudiaron todo el cuerpo para descartar otro linfoma y continué con controles periódicos".

Una experiencia así, claro que deja enseñanzas: "me hizo dar cuenta toda la gente que me quería. El apoyo que me dieron mis viejos, familia, amigos, gente que hacía años no veía y ni nos mandábamos mensajes, que de pronto aparecieron. Fue lindo sentir ese apoyo. Pero fue una etapa difícil". Y agrega: "Cuando terminé la quimio, fuimos a Buenos Aires a un médico en el Hospital Posadas para asegurarnos que estaba todo bien. Me dio palabras de aliento, y que no me pregunte por qué pasó esto, sino para qué. De un millón me tocó a mí, y lo tuve que afrontar. Y lo pasé".

La promesa del abuelo Oscar

Cuenta Joaquín, que durante las internaciones donde se sometía a quimioterapia, su abuelo Oscar le mandaba fotos y mensajes con su "amiga", la Virgen de Luján. "Todos los días se iba caminando de su casa al santuario que está en una avenida de Balcarce -donde vive- para luego saludarme desde allí". Tamaña muestra de amor y fe, no finalizaría con la recuperación de su nieto. Había hecho una promesa, y pese a la dificultad, había que cumplirla: viajar en bicicleta a la Basílica de Luján.

Así fue que entre el 19 y 25 de noviembre, el abuelo partió desde Balcarce y con un día de descanso apenas, recorrió 475 kilómetros a puro pedal, en una travesía donde se repuso a una fuerte caída. "No sabía que iba a ser el viaje en bicicleta. Cuando me dijeron, le comenté que estaba loco, que no podía porque tenía casi 70 años. Y él, ´que lo voy a hacer´". 

Don Oscar había programado que su señora lo iría a buscar para el regreso. No imaginaba que la familia, con su nieto "Pipi", lo estarían esperando en la basílica. "Llegamos a Luján y nos quedamos una hora y media esperándolo. No contestaba los mensajes, no sabíamos dónde estaba. Cuando lo vimos llegar fue muy fuerte. Ni bien nos vió, se largó a llorar". .”

El 25 de noviembre pasado, el abuelo Oscar llegó a la Basílica de Luján en bicicleta desde Balcarce. Su nieto Joaquín lo sorprendió al recibirlo. 

"No imaginaba que llegaría tan rápido el contrato con Aldosivi"

Tras su enfermedad, Joaquín Indacoechea decidió no continuar en Los Patos de Balcarce y volver a jugar, de a poco, en el club de sus amores, San Manuel. "Tenía que viajar todos los fines de semana, y prioricé jugar en mi pueblo más tranquilo". Sin apurarse, primero apuntó a recuperar su forma física: "Tuve que empezar de cero. Estaba muy flaquito. Pero quería volver. El fútbol es lo que amo, lo llevo a todos lados conmigo", contó a 0223

Y el día de su retorno al fútbol llegó el 24 de marzo de 2016: "Jugamos un partido a beneficio con San Manuel, ante jugadores veteranos. Entré 30 minutos, hice un gol de penal y festejamos todos con mucha emoción", recordó. El año, culminó de la mejor forma: en diciembre, Atlético San Manuel venció 2-1 a Racing y se consagró por primera vez en la historia campeón de la Liga de Balcarce. Joaquín Indacoechea fue titular.

Días después, "el 20 de diciembre" recuerda el entrevistado, surgió una prueba de jugadores de Aldosivi en Balcarce. "le avisaron a mi papá, y fuimos. La tomó ´Charly´ Batista, y quedé. Eso fue un jueves, y pedí tiempo para pensarlo hasta el lunes. Era una decisión fuerte para mí. Dejar amigos, primos, tíos, la familia de toda la vida. Pero no dudé y me vine para acá”, detalló Joaquín sobre su desembarco en el barrio Puerto. Mar del Plata ya estaba "en la mira" para el mediocampista: "durante el tratamiento, me enamoré de la ciudad y había cambiado mi idea de estudiar en Tandil por la de acá". 

En enero, se sumó a la pretemporada de la sexta división y se instaló en la pensión que tiene el club sobre avenida Martínez de Hoz. "Fue una pretemporada muy dura, un cambio grande para mí. Los primeros partidos me costó adaptarme al fútbol de AFA, es otro roce físico. Pero me acostumbré rápido". Fue un buen 2017 para los chicos, que terminaron sextos en un torneo de 30 equipos. Además, Indacoechea fue citado a jugar algunos partidos de la reserva del plantel de la B Nacional. 

Indacoechea, en la quinta de Aldosivi (Foto: Rocío Rodera)

Este 2018 lo encontró en franco crecimiento y con buenas actuaciones. Gustavo Álvarez lo citó para los amistosos de verano ante Santamarina y Barracas Central. Ahora, es una de las figuras de la quinta división y debutó en la reserva de primera ante San Martín de Tucumán. "Siento que tengo más experiencia, estoy mejor”, cuenta quien se define como un futbolista "ofensivo que baja a recuperar". Como virtud, se destaca su buen juego aéreo pese a los 1,72 metros de altura: "antes jugaba al vóley y salto bien", comenta. Reconoce que si quiere llegar a primera, todavía falta mejorar "muchísimo en lo técnico y lo físico". Y como autocrítica, que debe serenarse: "Me caliento fácilmente, me piden que me calme sino termino todos los partidos con amarilla”

El pasado 29 de septiembre, Aldosivi anunció en sus redes sociales que Joaquín Indacoechea firmaba un contrato con el club por 5 años. Una felicidad enorme luego del difícil momento de su enfermedad. "Tras jugar contra Boca, que perdimos 1 a 0 pero jugamos muy bien, el presidente (José Moscuzza) llamó a mis padres para ofrecer el contrato. No lo podíamos creer".  El día del anuncio, cuenta que se le tildó el celular de tantos mensajes recibidos desde su pueblo. 

Ahora, la exigencia es mayor: "El club nos viene siguiendo y eso está bueno. Con Gustavo Álvarez -DT de primera- no he tenido charlas pero sigue a los chicos con mucha atención", comenta. Y valora todo lo que el club le brinda: "Nos llevan ida y vuelta desde la pensión al colegio -cursa en la Escuela Media N° 5 de Avellaneda y Entre Ríos-. En la pensión vivimos 40 chicos en un lindo ambiente. Tenemos psicólogo, apoyo escolar, cosas que son importantes. Y estamos enfrente al predio, lo cual es muy cómodo". 

"Agradezco a mi familia por el apoyo que tengo hasta el día de hoy. Mis viejos viajan todos los partidos a verme. Todos me alientan en este camino", cierra en el final. 

El tiempo dirá hasta dónde llegará Joaquín Indacoechea en el fútbol. Sus sueños siguen intactos. Su superación constante aparece como la herramienta vital para continuar soñando y ser "solo un futbolista", como dijo Iniesta.

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