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Opinión

19 de Noviembre de 2019 09:37

La imagen del golpe boliviano

El autor es politólogo especializado en Comunicación No Verbal (U. Austral) y docente de posgrado (UCA).

No es del caso entrar y salir en disputas semánticas -de esas que abundan en las redes sociales- respecto del golpe de Estado efectuado en Bolivia. Podríamos desde la ciencia política recurrir al expediente de Curzio Malaparte y su “Técnica del golpe de Estado”, o exhibir con altanería de boutique este fenómeno siniestro, apelando al siempre diplomático idioma galo, para presentar lo que normalmente deriva en violaciones de mujeres, muertes y desapariciones, con el más refinado “coup d´État”. La verdad que no es el motivo de estas líneas.

Lo que intentaremos sí, es desarrollar un análisis desde la etología humana -la rama de la ciencia que estudia el comportamiento del animal humano-, priorizando las características de la comunicación no verbal en una imagen por demás esclarecedora de la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez.

En la fotografía se la ve a la presidenta de facto con una expresión facial que da cuenta de la manifestación de la emoción de la ira, eso es lo que se observa en la imagen que circuló mediáticamente; si los enunciados verbales de Áñez en ese momento tienen o no que ver con ello, es algo que poco importa, pues en el siglo donde las imágenes que transmiten emociones desplazaron a las palabras que transmitían ideas, una imagen es muy importante. Si la boliviana adelanta la mandíbula exponiendo la hilera de dientes inferiores, accionando a su vez el musculo mentoniano, nos transmite el impulso agresivo de la amenaza. Los caninos del hombre se fueron achicando evolutivamente cuando comenzó a usar sus manos y pudo así agarrar objetos capaces de lastimar con más eficiencia que sus dentelladas, y a más distancia. Las mismas manos que Áñez utiliza simétricamente para ilustrar su discurso, con arreglo a las más básicas técnicas de “coucheo”, tan de moda en estos tiempos. Además, por las características de las arrugas en la zona de su glabela -es decir, entre sus cejas- la acción del músculo piramidal deprime el extremo interno de las cejas, lo que sumado a la analizada parte baja de su cara, da cuenta de una expresión facial de ira. Si se le filtró o es un instrumento de su comunicación, poco importa, pues es lo que se ve.

A la derecha de la foto se puede observar a un militar, con una típica “cara de camello”. Esta expresión facial la estudia el gran etólogo austríaco Irenaus Eibl-Eibesfeldt, cuando sostiene que “muchas personas interpretan mal la expresión del camello (…) en el hombre esta característica significa ‘desdén arrogante’, por eso consideramos orgulloso al camello”. Bien, no hace falta agregar mucho más a las palabras del discípulo de Konrad Lorenz, aunque lo haremos, sólo porque la arrogancia no nos gusta. El militar en cuestión muestra el mentón levemente elevado, dando así una exhibición de testosterona, que es la hormona sexual masculina asociada con la agresividad y la dominación. El psicólogo Peter Collett ilustra bien esto al prescribir: “si nuestra intención es abrirnos paso en el mundo de los negocios o si queremos lograr una carrera meteórica en el mundo de las fuerzas armadas, nos ayudará tener una mandíbula amplia y ostentosa”. En fin, estar parado al lado de quien se considera la presidenta democrática de Bolivia se acompasa bastante con el objeto de su expresión facial.

Interesante resulta analizar al personaje uniformado que aparece a la izquierda de la foto, pues por los pliegues casi imperceptibles que muestra en la zona del modiolo del ángulo de la boca (donde terminan las comisuras y empiezan las mejillas), se puede conjeturar que está sonriendo, algo que poco tiene que ver con el contexto, elemento éste imprescindible para cualquier interpretación propia de la comunicación no verbal del animal humano.

Es justamente el contexto de la imagen lo que nos permite definir desde el sistema diacrítico (el arreglo personal, uso de distintivos, etc.), la primacía de las Fuerzas Armadas en el actual gobierno de facto de Bolivia. Todos los partícipes de la fotografía visten atuendos propios de las Armas en el vecino país, excepto Áñez quien luce una vestimenta incongruente con el rol de comandante en jefe de las FFAA.

En la foto analizada no hay jefatura alguna por parte de la ex presentadora de TV, lo que los uniformes muestran es el rol preponderante de los militares en el actual gobierno de facto de Bolivia. No es ni más ni menos que la imagen del golpe boliviano.