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Opinión

13 de Marzo de 2020 15:34

El coronavirus no distingue grieta

El autor es politólogo especializado en Comunicación No Verbal (U. Austral) y docente de posgrado (UCA).

 

Todo comportamiento del animal humano (Etología Humana) está determinado por la naturaleza (genes) y el ambiente (cultura). No existen estudios aun sobre el coronavirus que indiquen una mayor o menor predisposición genética al contagio, pero sin duda podemos analizar el factor de riesgo conductual con arreglo a los parámetros culturales del comportamiento no verbal.

La háptica es un canal de comunicación en el comportamiento que, analizado desde la Etología Humana, implica el sentido táctil formado por una parte cutánea y otra kinésica, ambas involucradas en la acción de tocar de una manera propositiva, de forma activa y voluntaria. La sensación del tacto es una de las primeras capacidades que se desarrollan en el feto, y su posterior evolución, a medida que se alcanza la edad adulta, depende mucho de otros sentidos como la visión. Todo animal humano necesita tocar y ser tocado.

Como sucede con otros factores de conducta, el tacto se ve favorecido o inhibido por la cultura y el entorno físico que rodea a las personas. Las características hápticas que presenta cada cultura se basan mayoritariamente en si ésta es de alto contacto, mediano contacto, o de no contacto. Es justamente en este punto donde el atroz carisma latino -por ende, argentino- puede ser muy perjudicial en lo que respecta al riesgo de contagio del coronavirus.

Los ejemplos más claros de países de no contacto son los Estados Unidos, Japón, el Reino Unido y Australia. No hace falta analizar el componente cultural en relación a estos, basta con observar que, exceptuando a Japón, se trata de ex colonias del Reino Unido. Por eso es tan importante comprender la incidencia del aprendizaje social en el comportamiento no verbal del humano.

Entre los países de mediano contacto, figuran entre otros Francia, China y la India. Encontramos a la superpotencia comunista entre ellos, país de origen del coronavirus. No es preciso desarrollar aquí las pautas culturales de los franceses en lo que respecta a su háptica, con sólo mencionar que quien se traslada de Italia a Francia siente el descenso de la temperatura emocional automáticamente.

Justamente Italia es el ejemplo más acabado de un territorio de alto contacto, junto con los países de Medio Oriente, España y América Latina. Como dos más dos es cuatro, y ya encontramos a los EEUU y Australia (antiguas colonias de Gran Bretaña) entre los países de no contacto, ahora nos encontramos con que América Latina es un continente cuyos países supieron ser, en su enorme mayoría, colonias de la España imperial. Si el análisis del comportamiento háptico incluye las oleadas inmigratorias a nuestro país, de más está decir que el componente italiano en nuestra cultura es importantísimo.

Hoy contemplamos la impresionante expansión del coronavirus en Italia con cifras que, si nos atenemos a la comparación demográfica con China, la superan ampliamente. El riesgo del contagio exponencial en los países de alto contacto es innegable, y es justamente en este punto donde el análisis del comportamiento no verbal debe ponernos en alerta. Estos últimos tiempos el recurso de la grieta como fundamento de comunicación política les sirvió a todos los sectores, pero en este momento no hay grieta y lo cultural está por encima de Fernández y Macri, apellidos españoles e italianos si los hay. El coronavirus nos interpela porque somos un país de alto contacto, y en eso sí que no hay grieta.

En Argentina no hablamos a más de un metro y medio de distancia como en el sur de los EEUU ni nos tocamos dos veces en una hora de charla en un café; acá, macristas y kirchneristas hablamos a menos de un metro de distancia y en cualquier café contamos entre ciento cincuenta y doscientos contactos mientras discutimos el sexo de los ángeles. Es esa calidez latina, gallega y tana la que importa un riesgo para nosotros, la misma calidez que está matando italianos como moscas. El desafío desde el comportamiento no verbal de los argentinos como animales humanos, se encuentra una vez más en la lucha entre nuestro guion evolutivo que marca a la supervivencia como matriz genética de fundamento de toda conducta, y la cultura de alto contacto como aprendizaje social en nuestro territorio. En este punto no hay grieta válida, lo mismo vale descendiente de español o de italiano, lo mismo vale ser kirchnerista o macrista; acá se hace presente la biología y la cultura en partes iguales. Una vez más, la discusión es naturaleza vs ambiente. Veremos cómo nos va.