Del primer Vilas a cómo imaginaba su vejez, raqueta en mano: los recuerdos de un gran amigo que lo entrenó

El marplatense Ernesto Ruiz Bry, hoy reconocido artista internacional, dialogó con 0223 sobre la figura de la leyenda del tenis mundial. El Espacio Vilas abre sus puertas al público en general. 

Ernesto Ruiz Bry ante 0223, en la inauguración del Espacio Vilas. Foto: 0223.

17 de Diciembre de 2021 19:10

Hace una semana, se inauguró en el Club Náutico de Mar del Plata el Espacio Vilas, donde se expondrá de forma permanente objetos personales históricos del gran tenista marplatense. En la ceremonia de apertura coincidieron familiares y muchos excompañeros y amigos del genial zurdo de pelo largo que se convirtió en leyenda. Entre ellos, Ernesto Ruiz Bry, una palabra más que autorizada para referirse a Guillermo. Compañero en sus inicios en el tenis, amigo íntimo, entrenador y durante muchos años "la sombra" de "Willy", mantuvo un jugoso diálogo con 0223 en el salón "Roque Vilas".

"Este espacios era algo necesario, tras el fallido Museo Vilas de años atrás. Era hora que se prepare algo así. Lamentablemente es muy pequeño, el lugar que tenemos es mínimo. Esto no son ni seis meses de la vida de Guillermo, pero por fin alguien tuvo la iniciativa y la llevó adelante. A partir de aquí este espacio va a crecer. Es necesario para la memoria del tenis y el deporte, para que los chicos sepan quién fue Vilas, lo que hizo, cómo trabajaba. Eso va a ayudar al desarrollo de las futuras generaciones", sintetizó Ruiz Bry, que tras su paso por el tenis se convirtió en un renombrado artista internacional que realiza impactantes cuadros -generalmente retratos- con el reciclado de recortes de revistas y diarios y expone en galerías de Europa y Estados Unidos. 

Ruiz Bry recuerda que durante un tiempo hubo un desencuentro importante entre el ídolo y el club que lo vio nacer: "El Náutico durante muchos años tuvo una sola foto de Vilas. Y me acuerdo que Guillermo decía, entre enojado y entre risas, ´suerte que jugué un dobles con el ´Bocha´ Garoni, porque es el que está en la foto conmigo, sino no hubiera ninguna foto mía´". Esto se debió a que "hubo gente que se sintió ofendida por Guillermo", según Ernesto, porque cuando estaba en su esplendor y le solicitaron hacer una clínica en el club, el entrenador histórico de Vilas Ion Tiriac pasó un precio. "No entendieron que Guillermo tenía su calendario ajustado, otras obligaciones. Se podía negociar, pero algo tenían que cobrar", sentenció.

El Espacio Vilas abrirá desde mañana, sábados y domingos, para el público en general. Será de 16 a 20, con aforo máximo permitido de 20 personas por turno. Más info: @EspacioVilasCNMP (Instagram).

Veinte años atrás, en febrero de 2001, cerró el llamado "Museo Vilas", que había abierto sus puertas en enero de 1998 en la vieja casona de Boulevard Marítimo Peralta Ramos y Olavarría y que llegó a contar con 30 empleados. Ruiz Bry recuerda que aquel cierre "lo golpeó mucho a Guillermo". Y que tras ese episodio, intentó colaborar sin éxito con su amigo para la creación de un museo personal en su hogar: "lo ayudé en su casa a diseñar una tercera planta en su casa del barrio Belgrano de Buenos Aires, cerca del Vilas Raquet. Eran 200 metros cuadrados. Hubo que amontonar todo. Eran tantas las cosas que resultó imposible."

Ernesto no se sorprende para nada con la obsesión de Vilas de haber recopilado todos los objetos personales y deportivos de su grandiosa carrera: "Recuerdo que en 1985 en París, bajé a buscar algo a los depósitos de su departamento y me quedé impresionado con todo lo que guardaba. Le pregunto ´¿y todo esto?´. Y me dice ´por ahí algún día se hace una película de mí, y tenemos todo acá´. Guardo absolutamente todo. En su casa de Buenos Aires recuerdo haber visto hasta una heladera con manija que era de su primer departamento, cuando estudiaba en la Universidad. Tenía un muñequito que cuando abrías la heladera te decía ´gordo, gordo´. ´En una época gracias a este bichito me mantenía en forma´, me contaba (risas)".

Quien fuera tenista profesional (llegó a jugar Roland Garros en dobles), sonríe con un dejo de nostalgia también al imaginar la presencia de Guillermo Vilas en la inauguración de su Espacio: "Le hubiera encantado estar acá. Hubiera hablado y hablado...siempre muy interesante cuando habla, hubiera contado cosas maravillosas."

El primer Vilas

Ernesto Ruiz Bry es un año menor que Guillermo Vilas y, juntos, comenzaron a jugar al tenis en el Club Náutico aunque el zurdo había comenzado antes. "Mi mamá fue compañera de colegio de Roque, el papá de Guillermo. Mi viejo me traída de la oreja al Náutico para verlo jugar a Guillermo y yo no quería saber nada. Pero poco a poco empecé. Luego Guillermo fue referente para mí, porque empezó a viajar para competir, yo seguí acá con Locícero (Felipe, maestro de Guillermo), y cada vez que él venía nos encontrábamos y siempre aportaba algo. Me acuerdo prácticamente de cada viaje. ´En este me dijo esto, en el otro, esto´. Cosas que me sirvieron para toda mi carrera", sostuvo el entrevistado. 

1965. Primera delegación de Mar Del Plata del Club Náutico, en competir en un Torneo Nacional en Buenos Aires. Guillermo Vilas, el profesor Felipe Locícero, Horacio Zeballos (padre), Ernesto Ruiz Bry, y el escribano Roque Vilas, padre de Guillermo y presidente del Náutico.

Como muchos destacan a lo largo del tiempo, Vilas llegó a ser campeón de Roland Garros, el US Open, el Masters, por haber forjado su nivel tenístico a base de un esfuerzo y dedicación total, por encima de un talento innato. El niño que empezó en el Náutico, según Ruiz Bry, era igual al que luego fue una estrella mundial: "Tenía una obsesión completa por el tenis. Yo me acuerdo que con 10 u 11 años, teníamos un ´asalto´ un sábado a la tarde entre amigos y amigas, y él no quiso venir porque al otro día tenía clase con Locícero a las 8. Ya desde esa época era una obsesión por ganar a todo". Y agregó: "No tenía talento para nada. Era trabajo, trabajo y trabajo. Yo me acuerdo que Locícero me decía ´lo que Guillermo tarda seis meses en lograr, vos lo lográs en una semana. Ahora, si entrenaras la mitad de lo que entrena Guillermo, y pusieras un cuarto de su dedicación...". Era obsesión con el tenis."

Responsabilidad impensada: entrenar a Vilas después de Tiriac

Los caminos de Guillermo Vilas y Ernesto Ruiz Bry se bifurcaron tras aquellos inicios en el Náutico y distintos torneos. "Él siguió muy profesional, yo lo contrario, hasta que conocí a un médico en Mar del Plata que a los 19 años me hizo retomar el tenis y ahí empecé a jugar profesionalmente. En 1974 jugué cuartos de final del campeonato del Sur con Guillermo, y a partir de ahí fuimos por caminos diferentes. El en el alto nivel, yo en los torneos satélites de la época", relató el extenista. Pero se volvieron a encontrar a comienzos de la década del ´80, cuando Ruiz Bry entrenaba al boliviano Mario Martínez, a quien había llevado del puesto 700 de ATP al 30°: "Guillermo me propone ser el manager junto con Tiriac (Ion, entrenador rumano fundamental en la carrera de Vilas). Yo, entrenador sin experiencia, tenerlo a Tiriac como manager y asesor en los entrenamientos, más Vilas como sparring, ni lo pensé. Nos cobraba muy caro pero terminaba siendo barato. Estuvimos dos años, torneo en el que estábamos juntos, todo el día entrenando con él y yo recibiendo información de ambos. Fue fantástico", recordó el marplatense. 

Hasta que en los meses de enero y febrero de 1985, Ernesto Ruiz Bry recibe una propuesta impensada mientras dirigía un club en Estados Unidos: "Me llamó Guillermo porque quería que lo entrene. Me dice ´Te va a llamar Tiriac dentro de un rato´. Y dije ´uy Dios, si toda la vida él me dio consejos a mí, ¿qué le voy a decir yo?. Un momento difícil porque el papá de Guillermo estaba en coma en Francia, no sabían si moriría o no", rememoró.

En ese momento, Vilas tenía como meta volver a estar entre los diez mejores del ranking en 1986, con 33 años. Su físico estaba impecable. Pero sus nuevos rivales -sin la información que se tiene hoy en día de todos los jugadores- lo desconcertaban. "Lo divertido fue que durante los primeros meses ellos me entrenaban para entrenarlo a Vilas. Tiriac conmigo era mesa de café, teléfono todas las noches, y Vilas me iba explicando. Lo primero que me dijo fue ´vos hasta ahora venías entrenando a jugadores 20-30 del mundo. Esto es otra cosas. Ahora a los primeros cinco´. El cambio fue tremendo. Aprendí más en esos dos meses que durante muchos años".

Ruiz Bry, Vilas y el Dr. Lorenzo Gallego en 1974.

Fue realmente en ese tiempo que Ruiz Bry forjó una gran amistad con la leyenda del tenis. La confianza que Guillermo tenía en él, cierta relajación por saber que su trayectoria había quedado ya en los libros, pese a querer ir por más, propiciaron el reencuentro entre los marplatenses que también tuvo sus rispideces con las funciones de ambos: "éramos muy amigos. Parecíamos Pimpinella. Una locura como nos peleábamos. Pero terminaba eso, cerraba el bolso, me abrazaba y me decía ´¿qué hacemos hoy?. Esto fue entrenador-jugador. Ahora somos amigos´.

El vínculo profesional se extendió hasta mediados de 1986: "Cuando comenzamos su ranking era 53° y cuando lo dejamos, 19°.  Para la edad que tenia fue un tremendo comeback", sentenció Ernesto. 

Dos amigos "de joda" por París y el último café que no fue en Roland Garros

Tras la experiencia que lo marcó a fuego, Ruiz Bry siguió entrenando a otros jugadores y jugadoras: "nos encontrábamos haciendo casi siempre el mismo circuito. Hasta mi jugador se enojaba porque yo estaba cenando con él casi todas las noches. Nos separamos por un tiempo y nos volvimos a encontrar en un Roland Garros que yo me iba y él llegaba, en la puerta nos cruzamos. ´No te podes ir, tantos años sin vernos, quedate´ y empezó otra relación, sin tenis de por medio. Éramos dos amigos de joda en París. Y la pasamos bárbaro".

Ernesto y Guillermo se convirtieron el uno para el otro. "En Europa estábamos en París, sino en Estados Unidos en su casa de Long Island, donde tenía una casa con tres canchas con todas las superficies, hasta una cubierta." A comienzos de la década pasada, pese a los viajes de uno y otro, siguieron enlazando encuentros: "Yo hasta tenía la llave de su casa en París. Lo llamaba y le decía ´me quedo en tu casa´. ´No hay problema´. Él tenía un español como empleado que se ocupaba que en su casa no le faltara nada. Tenía que haber en la heladera siempre un helado Häagen-Dazs, yogurt con frutilla Danone, ensalada fresca, café y Coca Cola. El llamaba y decía ´Ernesto va para allá ´ y el ´Gallego´ preparaba todo", relató Ruiz Bry sobre la confianza y amistad entre ambos.

Ernesto Ruiz Bry y Guillermo Vilas, en un alto de un entrenamiento en 1985.

"Fue muy divertido, porque íbamos a varios torneos de veteranos juntos. Una vez jugamos uno de dobles sobre césped ante los hermanos Armitraj, de la India, y nos volvimos a pelear. Eran discusiones de partido. Él se enojaba por un error mío, yo lo mandaba a cagar y luego le hacía lo mismo cuando él fallaba. Si de chicos ya lo hacíamos, de viejo ´lo perfeccionamos´", sonríe Ernesto. "Después yo me casé, volví a España, él se casó también. Dejamos de vernos". 

El último encuentro entre ambos sucedió en la edición 2017 de Roland Garros, aunque fue fallido: "No tuvimos tiempo. Me acuerdo que nos íbamos a sentar a tomar un café, y el jugador que yo entrenaba me dice ´entro a la cancha ya´. Y después  no lo vi más. Luego, en el US Open del mismo año, no coincidimos. Las veces que sé que estuvo, yo me había ido antes ese día."

"Para mí siempre fue un gran amigo. Nos hemos divertido mucho a pesar de enojarnos a cada rato. Él siempre me lo dijo: yo era uno de los pocos que lo puteaba y le decía las cosas de verdad. Y fui el único con el que se agarró a trompadas también. Fue una pelea de vestuario. Tres cachetazos nos dimos acá en el vestuario del Náutico, con 18 años".

Cómo imaginaba Vilas su vejez

En el sinfin de anécdotas que tiene con Guillermo Vilas, Ernesto Ruiz Bry rescata una para el final de la entrevista. Con una gran memoria para los detalles, relató una visita que le hizo a su amigo en el año 2005 en su casa del barrio Belgrano de Buenos Aires: "Él tenía una pileta cubierta. Pero de unos dos-tres metros de ancho, por unos doce o quince de largo. Estábamos tomando un cafecito. Y me dice ´¿sabés qué voy a hacer con esta pileta cuando sea viejo? La voy a cubrir. Me voy a hacer un frontón. Y voy a agregarle a lo largo una baranda bien sólida. Entonces me van a traer con la silla de ruedas, me paran, me voy a agarrar de la baranda con la mano derecha y juego drive al frontón con la izquierda´. Eso te dice lo que era el tenis para Vilas". Y finalizó: "Hubo muchos que fueron grandes campeones pero les gustaba el todo: el dinero, la fama. A Guillermo también, eh. Pero si a él le sacabas todo eso, él seguía y era feliz con el tenis. Si le ofrecías millones por dejar el tenis, no lo dejaba por nada en el mundo."

Bonus track: Ruiz Bry, el artista increíble

Ernesto Ruiz Bry es desde hace un tiempo un extraordinario artista que expone sus cuadros en Europa y Estados Unidos, y se destaca por su técnica: recicla diarios y revistas viejas, las recorta en hasta 25.000 piezas para un cuadro, y crea retratos de grandes figuras mediante collages increíbles. "En los últimos años me dedico más a las pinturas que al tenis. Tardo hasta tres meses en hacer un cuadro. Vivo de eso. Hice exposiciones en Europa, acabo de hacer un evento para el Museo Fangio", relató a 0223. En su cuenta de Instagram @ruizbry_art o en su web www.ruizbry-art.com se pueden observar y adquirir sus obras. Allí menciona que "encuentra belleza en algo destinado al basural".

Collage de Mick Jagger y el detalle de los recortes de revista.

"En una época Guillermo me dice ´por qué no nos vamos todo el invierno a mi casa de Long Island en medio de la nieve, vos pintás, yo escribo y compongo´", contó sobre su amigo, que tenía un costado artístico siendo amante de la música, la lectura y escritura. "Él siempre viajaba con una libretita y una birome. Y lo que le pasaba, anotaba. Empezaba una canción, un poema. Me acuerdo en República Checa, el barman del hotel tenía cara de malas pulgas. Y él enseguida se puso a escribir algo del barman. Como estudiaba tenis, estudiaba música. Nos pasábamos horas y horas en París o Nueva York en las casas de discos", finalizó.

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