"El 2001 marcó los siguientes 15 años de la política argentina"

El historiador Ezequiel Adamovsky habló con 0223 sobre los 20 años que se cumplen del estallido del 2001. "El PRO y el kirchnerismo son las dos novedades que dejó la rebelión", aseguró. 

Ezequiel Adamovsky analizó el estallido social del 20 de diciembre de 2001.

20 de Diciembre de 2021 08:19

El 19 y 20 de diciembre de 2001 es una fecha que marcó a fuego a la realidad política y social de Argentina. No sólo por el derrumbe de un modelo que había sido hegemónico durante diez años y las consecuencias sociales que estaban a la vista sino también porque significó un levantamiento que terminó con la salida anticipada de un presidente.

Aún hoy, 20 años después, el fantasma de un "nuevo 2001" con saqueos y corralitos sigue presente y genera nervios, miedos y tensiones, más allá de que no es algo que puede a volver a suceder con la misma magnitud.  En ese marco, 0223 entrevistó al historiador e investigador del Conicet, Ezequiel Adamovsky, quien realizó un análisis de este aniversario al que calificó como "rebelión popular" y dejó como grandes herencias el actual sistema político que dominan el kirchnerismo y el PRO.

-¿Qué aprendizaje deja el 19 y 20 de diciembre de 2001?

Lo primero que me gustaría decir es que fue una rebelión popular que marco la política argentina, por lo menos, por los siguientes 15 años. Fue una rebelión popular que vino a marcar una interrupción en el tipo de políticas neoliberales que se venían aplicando desde la década del '90 y sobre todo interrumpió el curso esperaba por el cual se iba a resolver la mayor crisis económica que tuvo nuestro país que venia de la mano de un ajuste mucho mayor, un recorte inédito de salarios por decreto, de una profundización de la dependencia con el FMI e inevitablemente de la mano de una mayor represión anunciada con el estado sitio del 19 de diciembre que desató la rebelión. 

Se interrumpe ese curso "normal y esperable de la crisis" y abre un periodo nuevo, indeterminado y que hizo posible el curso de acciones impensados como declarar la moratoria unilateral del pago de la deuda externa, como hizo Adolfo Rodríguez Saá, expandir el gasto social como implementó Eduardo Duhalde y otras medidas como las retenciones a las exportaciones rurales que las patronales aceptaron a regañadientes.

-¿Se institucionalizó la idea de mantener un colchón contención social para evitar otro 2001?

Si lo miras a largo plazo, eso se fue desarrollando medida que los efectos de las políticas neoliberales se fueron desarrollando, había arrancado en la presidencia de Carlos Menem cuando aparecen los primeros planes sociales pero se profundizo post 2001. 20 años después, no hubo marcha atrás muy notoria, por lo menos por ahora lo que no quiere decir que no ocurra. 

-¿Cómo creés que la política procesó el "que se vayan todos"?

Uno de los aspectos distintivos de la rebelión fue que se dio en medio de una crisis económica muy grande pero también una crisis de representación con todos los partidos importantes de entonces. Eso, en términos inmediatos, generó un sismo en el sistema de partidos que demoró 15 años a reajustarse al nuevo escenario.

La demanda del que se vayan todos, en el sentido literal, no se cumplió porque se quedaron todos, además, un escenario así se puede dar en una revolución y esto fue a penas una rebelión. No se fueron todos, sin embargo si cambió de manera notoria el sistema de partidos y buena parte de los elencos. 

Por dar un par de ejemplos, la UCR, que fue una de las dos fuerzas principales de esa década,  entró en un ocaso del que todavía no se recupera y dejó de ser el espacio de contención del voto no peronista como lo fue en el siglo 20. Fue reemplazada por un partido enteramente nuevo como el PRO, una derecha patronal que consigue ganar elecciones y ser atractivo para el electorado.

La aparición del pro es una de las grande novedades de 2001, nace como una respuesta a eso y una lectura muy particular respecto a los proyectos neoliberales previos. Su victoria en 2015 marca una parte de la ecuación de lo que deja el 2001 que es justamente el nuevo polo antiperonista. 

La otra novedad es el kirchnerismo. Si uno se para en lo que era el peronismo en diciembre de 2001,  no era imaginable que podría encarnarse después en un movimiento como el kirchnerismo. Las figuras del peronismo en ese entonces entraron en un ocaso veloz, Menem consiguió sostenerse a flote en La Rioja pero de ser un dirigente de relevancia nacional dentro del PJ y Duhalde que era el hombre fuerte del partido tuvo un declive espectacular y perdió todo su poder.

En lugar de ese peronismo conservador neoliberal aparece el kirchnerismo como esa ventana de oportunidades que abrió la rebelión. Nada del peronismo podría anticipar que eso podría existir dentro de su seno y hay que recordar que el kirchnerismo surgió como una propuesta destinada a trascender el peronismo con la famosa transversalidad de Néstor Kirchner, que era un movimiento nuevo diferente del PJ que finamente no logro pero si le cambio la orientación al PJ. 

-¿El ciclo de 2001 está cerrado o sigue en proceso?

Yo creo que está completamente cerrado. Hay un sistema político  consolidado con dos grandes polos que logran captar al electorado y eso cierra el ciclo, pero con muchas novedades respecto a lo anterior.

-Siempre se habla del temor a "un nuevo 2001" y tanto  la crisis económicas de los diferentes gobiernos que vinieron después más los problemas estructurales hacen un combo complicado que nadie parece poder resolver. ¿Por qué no ocurre un estallido social similar?

Puede haber un momento de protestas intensas, podría haber saqueos como hubo durante el gobierno de Cristina Kirchner. Me parece que estamos en una situación muy diferente porque hay una crisis económica severa pero no se acerca a la del 2001, pero falta un ingrediente central es que no hay crisis de representación. En el 2001 la sociedad estaba desencantada y en los últimos años hubo un proceso de de politización de la sociedad muy intenso. El kirchnerismo logro que el peronismo vuelva a ser una opción atractiva para un sector de la población y por otro lado hay entusiasmo con opciones derecha, sea el PRO o la nueva extrema derecha. Con lo cual, no veo un escenario donde el descontento se canalice en acción callejera autónoma, mas bien imagino un descontento canalizado con los liderazgos políticos que existen. 

-¿No es el crecimiento de la ultraderecha un síntoma de enojo social con la política?

La experiencia que vimos en estos años es que una tendencia de creciente de expresiones de derecha. Hay que recordar que el PRO ganó en 2015 ocultando su identidad política, mostrándose progresista e incluso algunos dirigente decían que Mauricio Macri era de izquierda. De 2010 a esta parte, el PRO blanqueó su proyecto político derechista y surgió esta alternativa extrema que todo indica que será parte del PRO. Yo imagino un crecimiento de la derecha en corto plazo, creo que el PRO puede volver a ser gobierno con o sin ayuda de la extrema derecha, como resultado inmediato de un desencanto con un gobierno de Alberto Fernández.

-Un actor importante de la rebelión fueron los movimientos sociales, ¿Cómo los ves 20 años después?

-Hubo una política importante de desmovilización de los movimientos sociales mas radicalizados y autónomos y de cooptación de los más sintonía con el kirchnerismo. No hay tipo de movimientos autónomos como en 2001 pero lo que si hay son espacios con poder territorial como la CTEP, que se mantiene algo incómoda dentro del Frente de Todos y que uno podría sitiar como herencia de 2001, que habrá que ver como queda si el descontento con el gobierno crece.

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