Historias de acá

27 de Agosto de 2021 08:14

La mataron de 32 puñaladas: a 40 años del femicidio, su mamá aún pide justicia

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"El sufrimiento me va a acompañar toda la vida", escribió. Foto: familia Cicconi.

Silvia Cicconi tenía 17 años cuando la violaron y la apuñalaron. Por el crimen, un hombre fue condenado pero la familia de la víctima siempre creyó en su inocencia. Adelina, la madre, hizo llegar un escrito en 0223 en donde exige la detención del "verdadero" femicida. 

"No me resigno a reestablecer la justicia que merecemos, la que merece mi Silvia", escribe en una cruda carta Adelina Costantini, y lo escribe al cumplirse exactamente 40 años del femicidio de su hija, Silvia Cicconi, a quien violaron antes de apuñalarla 32 veces. A sus 80 años, la mujer mantiene una lucha de pie contra la impunidad.

El aberrante crimen ocurrió el 27 de agosto de 1981 cuando la víctima tenía tan solo 17 años. La naturaleza del caso conmovió a la opinión pública. Hubo una investigación, hubo acusados, y hubo un condenado: Fernando Saturnino Pérez, una persona en situación de calle. El 28 de mayo de 1984 lo condenaron al "Pacha", apodo con el cual se lo conocía, a reclusión perpetua pero le conmutaron la pena y salió antes. Murió hace 20 años. La familia de la víctima, sin embargo, no quedó conforme con ese fallo porque siempre creyó en la inocencia del indigente.

"Cada 27 de agosto, mientras tenga vida, voy a hacer público mi reclamo, en el cual también incluyo mi mensaje. Yo no quiero venganza, solo pido ‘reestablecer la justicia’ ese es mi grito, cada vez que pienso en Silvia. Cada vez que veo o escucho de una nueva muerte, de una nueva 'Silvia'. Mi hija era inocente, y también lo era aquel que culparon y juzgaron en lugar de los verdaderos asesinos y violadores", sostiene Adelina, en la carta que hizo llegar el jueves, pasadas las 18, a 0223 para ser publicada este viernes 27 de agosto del 2021.

 

"Le saqué el cuchillo del pecho"

Los padres de Silvia eran dueños del restaurante Nueva Italia, de Luro al 5100, frente a la estación del ex ferrocarril Roca, que en temporada de verano solía contar con comensales famosos, como Gerardo Sofovich. La casa donde vivían quedaba atrás del local gastronómico.

En la noche del 26 de agosto de 1981, Rubén Dante Cicconi y su esposa Adelina Costantini estuvieron en el restaurante donde algunas compañeras de gimnasia de su hija festejaban un cumpleaños. Silvia estuvo un rato, pero después se fue a dormir porque al día siguiente tenía que levantarse temprano para estudiar, mientras que la celebración, con los padres de ella incluidos, siguió en Medieval, el bar que Rubén tenía en sociedad con Pablo Mazei, novio de Silvia.

Foto: Adelina, y su otra hija Daniela, quien facilitó la carta a 0223.

Pasadas las 2, Adelina regresó a la vivienda con Ana María, hermana de Mazei, y se encontró con una escena que nunca olvidó. A los gritos desgarradores que encendieron la alarma de Rubén, que estaba por regresar al bar, siguió una maniobra que complicó por un tiempo el futuro de la mujer: Adelina, ante la desesperación, sacó el enorme cuchillo que estaba incrustado en el pecho de su hija. Las huellas quedaron en el arma homicida y en un primer momento la investigación apuntó contra la propia Adelina como la principal sospechosa.

"Yo fui sospechada de haberla matado, ya que fueron mis propias manos las que le sacaron el arma homicida de su pecho. Para no entrar en detalles, los cuales recuerdo tan sólo cerrando mis ojos, estoy acá rindiéndole homenaje a su memoria. No hay nada en el mundo que no este dispuesta a dar, para recibir la justicia que Silvia merece", recuerda la mamá de Cicconi, en su carta.

 

Una escena de horror, y una anotación clave

Silvia se encontraba atada con sus medias de pies y manos, con una cuchilla clavada en el pecho. Su cuello, además, estaba cortado. Todo en medio de una escena pintada de rojo por la sangre. En la vivienda no hubo ninguna entrada forzada. La puerta de calle estaba cerrada con doble vuelta de llave, como la habían dejado. La habitación se encontraba revuelta y había objetos de valor y dinero que no fueron tocados. Cada una de las luces estaban prendidas.

Foto: Silvia Cicconi.

El homicida revisó todos los libros de Silvia, lo que dejaba claro que buscaba algún escrito. Una anotación que comprometía a alguien, y las sospechas de la familia iban en relación a un conflicto narco y a un exnovio de ella, hoy convertido en empresario con vínculos con el poder y jueces. Bajo las uñas de la víctima se hallaron restos de piel de su agresor y manchas de sangre a la salida de la casa. Pero no se hizo un buen trabajo con ello y cada pista se diluyó.

El caso, sin embargo, necesitaba alguna resolución. Lo exigía la presión social y mediática. Y así fue como cayó el "Pacha". Bajo el amedentramiento de la picana, el hombre en situación de calle, de 50 años y conocido en la zona de la ferroautomotora, "confesó" el femicidio, una tipificación que no existía por esos tiempos y que reducía este tipo de hechos a "crimenes pasionales".

 

Un dolor que no termina

Saturnino Pérez pasó trece años en la cárcel de Batán hasta que fue indultado por el exgobernador Eduardo Dhualde. Para que eso pase fue clave Adelina, quien hacía frecuentes al penal para visitar al "femicida" - al menos, según el dictamen judicial - de su hija menor. Y una vez en libertad, junto a su esposo, ayudaron al condenado con ropa y le dieron de comer en el restaurante hasta que murió en marzo del 2000.

"Desgraciadamente, aunque se presenten y reconozcan su crimen, para la "justicia" ya está cerrado el caso. Y para mi, y todos los que la conocieron, la herida sigue abierta. Caso cerrado y heridas abiertas, eso es lo que recibí", lamenta al respecto la mujer en su texto, donde también agrega: "No me voy a resignar a reestablecer la justicia que merecemos, la que merece mi Silvia".

Adelina no tiene más armas que la verdad. Insiste en que Silvia sabía algo que no debía, algo que comprometía al verdadero femicida: sí, a ese hombre que hoy está libre, caminando con total impunidad y, quizás, hasta con el privilegio de leer la carta que revela 0223.

Carta completa

"Hola, soy yo otra vez, Adelina Costantini, la mamá de Silvia Cicconi.

Quizá no la conozcas, quizás si. Era mi hija, tenia 17 años y fue asesinada el 27 de agosto de 1981.... y su crimen sigue impune. Uno más de los tantos que hay en la Argentina.

Silvia estaba en su cama, acostada.... tal vez soñando, como lo hacemos vos y yo, y la mataron. La autoridad de ese entonces, culpo a un inocente.... y digo autoridad y no justicia, porque aún no tengo justicia.  Silvia no tiene justicia, sus asesinos siguen libres.

No quiero aburrirte con estas cuestiones, quizá a vos te haya pasado algo similar, o alguien cercano .... o simplemente este tema que data desde hace 40 años,  ya pasó de moda.... ya no es noticia, no es viral....

Pero quiero decirte, que en cada uno de los habitantes de este suelo, hay un pedazo de Silvia.

Hay un pedazo de cada víctima. Y por qué te digo esto? Es simple. Todos los seres humanos tenemos el derecho a la vida. Desde la concepción hasta que nuestro cuerpo diga basta. No hasta que otro ser humano decida que es nuestro fin.

Silvia era un ser inmensamente bondadoso. Como cualquiera de nosotros, tenia sus defectos, sus virtudes, y esperanzas. Yo estoy acá hoy, como todos los días de mi vida desde su muerte, recordándola, extrañándola y pidiendo justicia.

Y cada 27 de agosto y mientras  tenga vida, voy a hacer público mi reclamo, en el cual también incluyo mi mensaje.

Yo no quiero venganza, solo pido "reestablecer la justicia" ese es mi grito, cada vez que pienso en Silvia.

 Cada vez que veo o escucho de una nueva muerte, de una nueva "Silvia".

Yo no conozco de leyes, no   sé de   ciencias forenses, ni de criminología, ni de investigaciones.

Yo conozco de inocencia.... mi hija era inocente, y también lo era  aquel que culparon y juzgaron en lugar de los verdaderos asesinos y violadores. Incluso yo fui sospechada de haberla matado, ya que fueron mis propias manos las que le sacaron el arma homicida de su pecho.

Para no entrar en detalles, los cuales recuerdo tan sólo cerrando mis ojos, estoy acá rindiéndole homenaje a su memoria.

No hay nada en el mundo que no este dispuesta a dar, para recibir la justicia que Silvia merece.

 He dado mi fortuna a los abogados, investigadores y todo organismo público y privado , para condenar a sus asesinos. Yo no necesito que me digan quienes lo hicieron o porque lo hicieron. Yo sé muy bien quienes son. Solamente pido que sean condenados.

Desgraciadamente, aunque se presenten y reconozcan su crimen, para la "justicia" ya está cerrado el caso. Y para mi, y todos los que la conocieron, la herida sigue abierta.

Caso cerrado y heridas abiertas, eso es lo que recibí.

Pero también seguí y sigo dispuesta a recibir la vida, con la llegada de mi segunda hija Daniela y mis nietos,  forjando a fuego lento cada uno de sus días, sin resignarme en esta lucha, que es de todos.... reestablecer la justicia que merecemos, la que merece mi Silvia.

En este día, hace 40 años atrás me arrebataban la fe en un futuro feliz, pero decidí que me tenían que salvar. Y si bien, mi sufrimiento me va a acompañar toda la vida, me deje salvar.

Dejate salvar, dejate salvar del odio, del miedo, de los vicios, de convertirte en un asesino o asesina.

Dejate salvar!!!!"