Qué es la colombofilia

La actividad comenzó a ser tenida en cuenta como deporte nacional en septiembre de 2015. En Argentina hay 2500 colombófilos y en Mar del Plata se calcula que hay casi 50 palomares. 

23 de Junio de 2022 18:04

Las palomas mensajeras existen.  

En la era de la hiperconectividad atravesada por un exceso de mensajes cada vez más cortos, dinámicos y costantes que llegan a través de tecnología moderna, parece inconcebible pensar en palomas mensajeras pero, aún hoy, existen personas que se dedican a la cría y entrenamiento de palomas, ya no para el envío de mensajes, sino con un fin deportivo. En el país, la actividad se practica desde 1886, aunque recién comenzó a ser tenida en cuenta como deporte nacional en septiembre de 2015, con la promulgación de la ley 27.171. Según la Federación Colombófila Argentina, en Argentina hay 2500 colombófilos aproximadamente y en Mar del Plata se calcula que hay casi 50 palomares. 

El entrenamiento de las aves criadas en cautiverio comienza a los 60 días de vida y consiste en una rutina puntual que incluye un vuelo de noventa minutos fuera del palomar, alimentarse y asearse respetando siempre el mismo horario a rajatabla. Los criadores utilizan silbatos para ayudarlas a organizarse. Además, reciben una alimentación especial a base de mezclas de maíz, trigo, girasol, lentejas, arvejas, arroz con cáscaras y otros complementos, como vitaminas, aminoácidos y sales rehidratantes. Cada ejemplar está anillado con un número único e irrepetible desde el día 7 de su nacimiento y más tarde, le colocan un chip para poder registrarlas cuando ingresan al palomar a través de una gatera electrónica. Este registro no sólo sirve para las competencias sino también que en el caso de que una se pierda, las personas pueden llamar a la Federación para dar aviso que fue encontrada. 

Guido Varanini tiene 30 años y si bien conoció la actividad a los 15 a través del hermano de un amigo, recién hace siete años se empezó a dedicar de manera profesional. Hoy cuenta con 42 palomas voladoras en una propiedad cercana al aeropuerto.  

-¿Qué significa ser colombófilo para vos? 

-Para mí este deporte es un hobby. Me dedico a entrenarlas para que regresen a su palomar. Para competir, las trasladamos en jaulas a diferentes ciudades y ellas tienen tal sentido de la orientación que saben regresar a su palomar de origen. Lo más lejos que han competido fue en Zapala, Neuquén. Viajaron 1100 kilómetros en línea de vuelo. Tardaron dos días en llegar nuevamente a Mar del Plata. Nosotros no competimos por dinero. De hecho, es un hobby muy caro que lleva su inversión porque estas palomas necesitan una alimentación especial, vacunación, tratamientos, veterinarios, entre otras cosas. 

-¿Para qué se podría llegar a usar este deporte hoy? 

-Tranquilamente se puede usar para una guerra como se hacía antes. Se llega a caer internet y se pueden enviar mensajes a través de las palomas. Vos hoy te podes llevar una de estas palomas a 200km, le pones un mensaje en el anillo y yo la recibo acá en el palomar. En la Segunda Guerra Mundial se usó a la paloma mensajera para salvar vidas y demás. Algunos espías británicos reconocieron que usaron más de 200 mil palomas mensajeras para transmitir órdenes o advertir sobre la localización de objetivos enemigos.  

-¿Qué le dirías a una persona que te critica por hacer este deporte? 

-Muchas veces la crítica surge porque las ven encerradas pero es importante aclarar que nosotros las criamos acá, nacen acá, entonces si yo suelto una de estas palomas, ellas siempre van a querer volver acá a su palomar. Las cuidamos como si fueran nuestros hijas. Esto que hacemos es legal, está declarado como deporte nacional por la Ley 27.171 que nos avala para practicar este deporte. Senasa es quien fiscaliza y certifica nuestra actividad, nos piden una planilla con su registro, plan de vacunación, tratamientos, entre otros datos. 

-¿Generas un vínculo afectivo con las palomas? 

-Por supuesto que sí. Yo tengo contacto con ellas desde que son pichones, desde su día 30 de nacimiento y pueden llegar a vivir entre 16 y 18 años. Viven mucho más por el cuidado y la alimentación que le damos. Yo siento amor por ellas y hasta, a veces, les hablo. Tengo 42 palomas y puedo asegurarles que son más inteligentes de lo que muchos creen.

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