Plaza Colón: crónica de la transformación del epicentro costero marplatense
Desde su origen como terreno fundacional hasta su consolidación frente al Casino, la Plaza Colón narra la evolución de Mar del Plata. Secretos subterráneos, monumentos europeos y el rastro del desaparecido Paseo General Paz conviven en este ícono que fusiona la nostalgia social con el urbanismo monumental.
La Plaza Colón no es solo uno de los espacios verdes más importantes de Mar del Plata por su ubicación estratégica frente al Casino Central. Es, ante todo, un testimonio vivo de la planificación urbana local. Desde su origen como un predio baldío de arbustos silvestres hasta su consolidación actual, este espacio ha sido protagonista de los cambios sociales y arquitectónicos más profundos del principal balneario argentino.
El origen: una de las siete plazas fundacionales
Aunque hoy se encuentra rodeada de edificios, la Plaza Colón nació con la ciudad misma. El 10 de febrero de 1874, Patricio Peralta Ramos y el agrimensor Carlos de Chapeaurouge incluyeron este sector en el diagrama original de siete plazas, junto a las actuales Mitre, San Martín, Rocha, España, Peralta Ramos y Pueyrredón.
En aquel entonces, el terreno era un descampado de aspecto agreste, caracterizado por sus irregularidades y la falta de vegetación. A diferencia de las plazas de cuatro manzanas exactas, la Colón, al igual que la Plaza España, posee una estructura de medición irregular debido a su proximidad con la línea de costa, lo que la convierte en un balcón natural hacia el Atlántico.
La intervención de Carlos Thays y el monumento a Colón
La fisonomía del lugar comenzó a cambiar radicalmente en 1903 bajo la dirección del paisajista Carlos Thays. Aquella metamorfosis implicó la tala de árboles antiguos, la nivelación del suelo y la instalación de un cerco perimetral. Cabe destacar que la verja que cerraba el frente costero era una pieza de fundición histórica, algunos registros indican que se trataba de los antiguos Portones de Palermo, mientras que otras versiones aseguran que pertenecieron a la Estación del Parque de Buenos Aires, lugar de salida de la locomotora La Porteña. En su centro se ubicaba una curiosidad que hoy parece surrealista: un molino de riego de acero que era una reproducción a escala de la Torre Eiffel, importado para dar vida a los nuevos jardines. El proyecto transformó, así, el antiguo potrero en un paseo monumental.
El elemento central, que da nombre al sitio, es el monumento a Cristóbal Colón. Si bien la piedra fundamental se colocó el 12 de octubre de 1892, la estatua fue inaugurada oficialmente el 18 de febrero de 1900. La obra, realizada en mármol por el escultor italiano Ezio Cecarelli, es una réplica exacta de la situada en Génova y fue financiada por figuras clave como Ernesto Tornquist y los Peralta Ramos, entre otros. Según las crónicas de la época, mucho antes del inicio del acto, una multitud acompañaba a las autoridades para participar de aquel momento histórico.
Evolución y patrimonio escultórico
Con el paso de las décadas, la plaza se convirtió en un museo al aire libre. Además de la figura del Almirante, el espacio alberga el monumento a Isabel la Católica (inaugurado en 1992), la estatua de bronce de don Patricio Peralta Ramos y reproducciones de obras del Museo del Louvre, como la Venus de Milo y la Mujer bañándose, esta última en mármol de Carrara.
En 1999, se incorporó la manzana 115, denominada Plaza del Milenio, donde se ubicó la Fuente de Aguas Danzantes, la segunda más grande del país (actualmente fuera de servicio). Otro hito fundamental fue la construcción, en la década de 1940, de un estacionamiento subterráneo. Esta obra, proyectada por Alejandro Bustillo en conjunto con el Hotel Provincial, permite cruzar la manzana de forma subterránea desde la calle Moreno hasta el acceso directo al hotel.
Vida social: de las lanchas de madera a la calesita
Para los marplatenses de pura cepa, la plaza es el eco de la infancia. Durante las décadas de 1960 y 1970, el lugar cumplió un rol social clave. En una fuente ubicada hacia el sector del Casino, era habitual que niños y niñas se reunieran a jugar con lanchas y veleros de madera. A esta oferta recreativa se sumó el tradicional carrusel y, entre fines de los 70 y principios de los 80, una estructura techada de autitos chocadores que funcionaba en sus inmediaciones.
El vínculo con el desaparecido Paseo General Paz
Para entender la Plaza Colón en su totalidad, es necesario considerar que originalmente formaba parte de un sistema mayor diseñado por Thays: el Paseo General Paz. Este proyecto integraba la plaza con parques costeros, lagos artificiales, canchas de tenis y críquet, creando una continuidad verde hasta la Explanada Sur.
Sin embargo, a fines de la década de 1930, este diseño de influencia francesa fue desmantelado. El avance de un nuevo concepto urbanístico, liderado por la impronta monumentalista de Bustillo, priorizó la construcción del conjunto Casino-Hotel Provincial-Rambla, un "nuevo orden" más masivo. La demolición del Paseo General Paz marcó el fin de una época estética para dar paso a la postal moderna que hoy conocemos. Así, la Plaza Colón permanece como el principal nexo entre la ciudad fundacional y el horizonte marítimo, consolidándose como uno de los mejores puntos de la ciudad para observar el amanecer sobre el mar.
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