El día en que estudiantes de Mar del Plata rompieron el silencio con Malvinas a través de la radio
En 1998, un simple llamado telefónico desde Mar del Plata rompió el silencio de la posguerra. Lo que inició como una charla entre directores escolares culminó en un histórico abrazo adolescente en Chile, demostrando que la educación y la empatía joven pueden derribar los muros del prejuicio. La iniciativa del profesor Rodolfo Olivera para acercar dos mundos luego de la guerra.
Todo comenzó con una pregunta que desafiaba la lógica de la posguerra: “¿Por qué no?”. A esa altura, el eco de las Malvinas seguía siendo para muchos un murmullo de conflicto y distancia. Sin embargo, en el despacho de Rodolfo Olivera, director del Instituto Albert Schweitzer de Mar del Plata, la curiosidad pudo más que el protocolo. Sin intermediarios ni cascos azules, Olivera levantó el teléfono, marcó los prefijos internacionales y esperó. Al otro lado, en Puerto Argentino, una voz atendió.
—Hola, ¿Malvinas? Le hablo desde una escuela de Mar del Plata.
Así, sin rodeos, se rompió el silencio el 4 de noviembre de 1998. La frase marcó el inicio de un diálogo inesperado entre el director del Instituto Albert Schweitzer y su par de la Falkland Islands Community School en Puerto Argentino. Aquel llamado no fue una casualidad, sino el primer paso de un plan ambicioso: derribar muros invisibles. El objetivo era claro: establecer un canal de comunicación permanente y lograr que, muy pronto, los estudiantes pudieran viajar de un lado al otro del archipiélago.
El asombro que venció al prejuicio
Para concretar la llamada, el profesor Rodolfo Olivera tuvo que rastrear el número a través de la radio de las islas. Luego, al marcar, lo hizo con la naturalidad de quien llama a su propia casa.
—El señor Higgins está en una reunión —le informaron del otro lado—. ¿De dónde llama?
—De Mar del Plata —respondió Olivera.
—¿Qué es eso? —replicó la voz con extrañeza.
—Mar del Plata es una ciudad de la Argentina.
Tras un breve silencio de incertidumbre, el profesor Higgins tomó el teléfono. La sorpresa fue total, pero la disposición, excelente. Según Olivera, en ese instante el asombro fue más fuerte que cualquier prejuicio previo.
Convivencia sobre propiedad
La charla duró diez minutos cargados de intención. El director marplatense fue directo al grano: no quería hablar de política, sino de personas. Propuso intercambiar información, experiencias y, sobre todo, poner en marcha un régimen de visitas estudiantiles.
"A lo largo de la historia, nuestros gobiernos siempre hablaron de Malvinas en términos de propiedad", reflexionó Olivera. "Nosotros decimos que son nuestras, los británicos, que son suyas". Para el docente, el foco siempre ha estado en la economía o la soberanía, olvidando la convivencia. "Higgins, lo llamo solo para hablar de nosotros", le dijo. El argumento fue contundente: conocerse cara a cara es la única forma de que ellos dejen de vernos como hijos de dictaduras y nosotros de verlos como piratas. Detrás de esta idea no hay banderas políticas, sino el deseo genuino de acortar distancias.
Diplomacia desde las aulas
El proyecto comenzó a ganar volumen rápidamente. El intendente Elio Aprile lo declaró de interés municipal y la agenda se llenó de citas clave. Los directivos del Schweitzer viajaron a Buenos Aires para reunirse con el embajador británico y con la Cancillería argentina.
La desconfianza inicial en las islas terminó cediendo. Se acordó un intercambio de cartas y datos entre los alumnos, aprovechando las ventajas de un recurso que entonces asomaba con fuerza: internet. Olivera fue gráfico en su visión: el contacto directo permitiría desterrar mitos y construir una imagen objetiva del "otro". El diario La Nación señaló en su momento que esta iniciativa era un faro de esperanza para enterrar un pasado de desencuentros bajo los cimientos de la paz y la cooperación.
El camino hacia la paz
El entusiasmo no se detuvo. Tras recibir el apoyo del obispo de Mar del Plata, monseñor José María Arancedo, las autoridades escolares buscaron contactar al sacerdote de las islas. No hay intereses económicos en juego, solo la intención de abrir una ruta pacífica.
Luego de la reunión en Buenos Aires, el fervor no solo alcanzaba a las autoridades, los propios estudiantes no dejaban pasar oportunidad para preparar material y comenzar el intercambio lo antes posible con los adolescentes de las islas. De hecho, la propia embajada británica se comprometió a enviar libros, datos económicos y recuerdos de Mar del Plata. Entre los envíos iban videos de la ciudad, trabajos escolares sobre el medio ambiente, mensajes, cartas y fotografías que valen más que mil discursos oficiales.
Finalmente, el Reino Unido dio luz verde: cualquier vínculo entre el Instituto Schweitzer y los isleños podría concretarse de forma directa, sin necesidad de intermediarios diplomáticos. De ahora en adelante, la misión es dar forma definitiva a este sueño. El reto es encontrar esos espacios comunes donde los jóvenes puedan dialogar con respeto, incluso cuando no estén de acuerdo. Es, en esencia, construir un futuro diferente al que se había intentado hasta ahora sobre las aguas del sur.
Cincuenta minutos por radio que cambiaron la historia
El 20 de noviembre, la señal de una radio FM en Mar del Plata se impregnó de una energía nueva que desafiaba las distancias y las decisiones marcadas por la soberbia adulta. Durante más de cincuenta minutos, tres alumnas del Instituto Schweitzer sostuvieron una conversación que desafió décadas de separación. Al otro lado del receptor estaba Lona, una joven de 22 años que trabajaba como asistente de producción en la radio Horizonte, en Puerto Argentino.
Las estudiantes marplatenses no buscaron protocolos ni frases ensayadas, eligieron la emoción directa para romper el hielo. "Queremos que sepas que para nosotros ya entraste en la historia", le dijeron aquella mañana, "pero, por sobre todo, te has ganado para siempre un lugar en nuestro corazón". Lona, conmovida, aceptó el reto de mantener encendida esa llama. El compromiso fue mutuo: iniciar un intercambio constante de cartas y vivencias. Este contacto marcó una etapa crucial donde los protagonistas dejaron de ser los directivos para ceder el micrófono a los jóvenes.
Para el profesor Rodolfo Olivera, este diálogo representó una lección de humildad para las generaciones mayores. Mientras la política se estancaba en tecnicismos, las alumnas y Lona trazaban un puente de empatía. "Ellos están logrando lo que nosotros no supimos hacer durante tantos años: promover un canal de reconocimiento y comprensión real entre ambas comunidades", reflexionó Olivera con orgullo. Lo que comenzó como una llamada formal de oficina se transformó en un vínculo humano cargado de promesas y esperanzas.
El esperado encuentro cara a cara
El encuentro físico finalmente sucedió. Ya no hubo necesidad de cables ni pantallas. Los alumnos del Instituto Albert Schweitzer y los de la Falkland Islands Community School se miraron a los ojos y, por primera vez, se dieron la mano. El escenario fue Chile, en el marco del encuentro mundial de scoutismo. En esa "zona neutral", rodeados por la energía de 30,000 participantes del Jamboree, los jóvenes de Mar del Plata y los de las islas lograron lo que parecía imposible.
Durante poco más de una hora, nombres que antes eran solo letras cobraron vida. Anne, Roxane, Karen y Felicity conversaron con Emanuel, Matías, Marianela y Claudio. No hubo tratados diplomáticos, solo la curiosidad natural de ocho adolescentes. "Parecía magia: chicos hablando como si se conocieran de siempre, riendo y entendiéndose sin que el idioma y las circunstancias fueran una traba", relató luego Olivera.
Bajo la luz de un sol de noche y con la cordillera como testigo, la desconfianza se disolvió. Para el director, este hito confirmó su tesis: “Los más jóvenes son los únicos capaces de derribar los muros del pasado”.
Una fiesta bajo el cielo scout
Aunque el inicio estuvo marcado por los nervios lógicos, pero la espontaneidad juvenil transformó la tensión en una fiesta. Incluso la profesora Marilyn Greemir, del colegio de Puerto Argentino, validó este acercamiento con una disposición absoluta. La reunión fue tan genuina que scouts británicos de otros campamentos se sumaron al diálogo. Hubo risas e intercambio de símbolos que sellaron el encuentro: banderas de la ciudad, insignias del instituto y propuestas de seminarios y cursos conjuntos.
Pero el camino no terminaba en Chile, recién comenzaba. El plan ahora es fortalecer el vínculo a través de la correspondencia e Internet, pero con la mirada puesta en un objetivo mayor: el intercambio de viajes. "En Mar del Plata ya hay muchas familias ofrecidas para alojar a los chicos malvinenses", concluyó Olivera. La semilla estaba plantada. Lo que comenzó con un llamado incierto terminó en una mesa compartida.
Como se dijo en aquel intercambio radial: “Quedaba la sensación de que el futuro estaba más cerca que el pasado”. “Ellos están construyendo lo que nosotros no supimos hacer durante tantos años: promover un canal de reconocimiento y comprensión entre ambas comunidades", concluyó el profesor Rodolfo Olivera en aquel momento.
Desde la actualidad
Los hechos se dieron en 1998. El profesor Rodolfo Olivera falleció en 2019. Tuve la fortuna de conocerlo a mediados de los años noventa y, con el tiempo, nuestra relación se transformó en una amistad. Siempre recuerdo su respuesta cuando le pregunté si aún conservaba esperanza: “¿Cómo no voy a tener esperanza, si soy docente? Si trabajo con chicas y chicos todo el tiempo.”. Esa convicción guiaba cada una de sus iniciativas.
Con esa misma esperanza, un día levantó el teléfono y logró unir dos mundos que la política mantenía separados. Hasta entonces, nadie lo había intentado. Nadie lo había conseguido. Su gesto abrió un camino.
Hoy, a casi 30 años de aquella primera comunicación, podemos preguntarnos si hemos seguido el ejemplo de aquellos jóvenes que demostraron que la convivencia es posible, incluso cuando los muchos se empeñan en lo contrario.
(*) El material informativo y las fotografías fueron cedidas por Rosanna Gonzáles Pena. El video de la comunicación por radio es de @DiFilmArgentina.
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