El testimonio de la única veterana de guerra que vive en Mar del Plata: “Héroes son los que quedaron allá”
Olga Graciela Cáceres participó como voluntaria en un buque de la Marina Mercante en 1982 y estuvo a metros de Puerto Argentino. Su historia, marcada por el compromiso, el dolor y el recuerdo de quienes no volvieron.
Cada 2 de abril tiene un significado especial para Olga Graciela Cáceres. De perfil bajo, su historia era prácticamente desconocida en la ciudad, incluso por muchos ex combatientes. Es una de las pocas mujeres que participó de la guerra de las Islas Malvinas y hoy pasa sus días en Mar del Plata. En declaraciones a 0223, reconstruyó sus días en el Atlántico Sur: su trabajo como comisario naval, el dolor de compartir el conflicto con su hermano y la memoria por los que cayeron en combate.
Este jueves, en la plaza Buque Pesquero Narwal, decidió sumarse al acto y desfilar junto a excombatientes de la Marina Mercante. “Estoy cambiando”, admite. Durante años evitó ese tipo de exposiciones.
Nacida en Santa María, Catamarca, y radicada desde hace años en la ciudad, después del conflicto bélico, se fue a vivir a la localidad bonaerense de San Miguel, pero su vida dio un giro cuando conoció a un marplatense a bordo: se casó y tuvo dos hijos. "Hace muchísimos años que estoy acá", admite.
Su historia se remonta a abril de 1982, cuando tenía apenas 21 años y se encontraba en su último viaje de práctica como cadete de la Escuela Nacional de Náutica a bordo del buque Río Cincel de la Marina Mercante. "Estábamos por salir hacia Estados Unidos, pero de pronto subieron militares de gran jerarquía y nos dijeron que el barco cambiaba de rumbo. Nos fuimos para el sur”, recuerda. Tenían una misión clave: trasladar materiales para montar la pista de aterrizaje en las islas.
Aunque eran civiles, tanto ella como sus compañeros debieron tomar una decisión en medio de la incertidumbre. “El capitán nos preguntó si queríamos bajar. Dijimos que no. Vamos a Malvinas”, cuenta.
Hasta entonces, sus funciones se limitaban a tareas administrativas. "En cada puerto internacional al que llegaba tenía que preparar la papelería de Migraciones o de Aduana. Era un trabajo hermoso porque un día estaba en Hamburgo y al otro día estaba en Holanda. Hasta fui a Leningrado en época comunista", rememora.
El barco se ubicó a escasas millas de Puerto Argentino. Por su tamaño, no podía ingresar, por lo que el trabajo consistió en trasladar los materiales a otra embarcación de guerra. “Esa pista era fundamental para que aterrizaran los aviones argentinos”, explica.
Pero la misión estuvo lejos de ser sencilla. En medio de fuertes corrientes y condiciones adversas, una maniobra con un pesquero generó una situación crítica: las cadenas de ambas embarcaciones se engancharon y el buque quedó inmovilizado. “No podíamos salir y ya sabíamos que había submarinos ingleses apuntando a los barcos de apoyo logístico”, relata.
La tensión fue máxima. Incluso evaluaron evacuar en helicóptero y recibir armas para combatir. “Nos iban a bajar armados si no podíamos salir. Estábamos preparados. No importaba si éramos mujeres u hombres. Lo habíamos jurado a la bandera”, asegura. Finalmente, buzos tácticos lograron liberar las cadenas. "Nos salvaron la vida", reconoce.
El Río Cincel permaneció en la zona entre el 7 y el 10 de abril. “Fuimos los primeros en llevar esos materiales. Después el barco al que se los pasamos fue bombardeado”, agrega.
Hoy, a más de cuatro décadas del conflicto, todavía mantiene contacto con otras excombatientes. “Quedamos muy pocas. Éramos 16 mujeres y ahora somos 12”, señala.
Dos hermanos en la guerra: el dolor que también se combatió en casa
La guerra también atravesó su vida familiar. Su hermano Horacio, militar, se ofreció como voluntario para ir al conflicto al enterarse de que ella estaba en la zona. “A mí me afectó mucho. Él no iba a ir porque estaba recién operado, pero cuando se enteró que estaba viajando a las islas se ofreció como voluntario. Mis padres sufrieron mucho. Estábamos los dos en la guerra”, recuerda. Su hermano logró regresar con vida y al poco tiempo abandonó la carrera militar.
Tras esos días en el sur, el buque partió hacia el continente y luego continuó viaje al exterior. La vuelta no fue fácil. “Fue muy duro. No había comunicación, no sabíamos nada. Yo no sabía si mi hermano estaba vivo o muerto”, cuenta.
Un caso inédito. Ambos llevan en sus pechos la medalla que los identifica como Veteranos de Guerra de Malvinas.
Entre el reconocimiento y el recuerdo de los que no volvieron
A diferencia de otros excombatientes que durante años quedaron en un segundo plano por haber operado fuera de las islas, Graciela asegura que de inmediáto fue reconocida como veterana de la Guerra de Malvinas. “Me sorprendió. Yo nunca me consideré importante. No me podían encontrar porque estaba en Mar del Plata. Me sorprendió mucho cuando me dijeron, hay un diploma, una medalla y una pensión para vos porque sos considerada veterana de guerra. Fui porque sentía que tenía que ir. No consideraba que me tenían que dar algo”, dice.
A pesar del reconocimiento, su mirada sobre la guerra es clara. “Yo siento que los verdaderos héroes son los que quedaron allá. Los que murieron allá. Los tengo allá arriba. No no me pongo a la altura de ellos jamás”, asegura entre lágrimas.
"Por eso sufrimos después, porque los que murieron, yo los conocí. Eran increíblemente valientes. Estoy hablando de chicos de 18 años. Yo era muy chica y pasé muchas cosas a bordo de los barcos. Barcos que casi se hunden. Tenía 20 años", recuerda.
En los 44 años que pasaron, Graciela no volvió a Malvinas. "No quise volver. Tuve posibilidad, pero no quise volver. Me cuesta mucho. Porque es una usurpación injusta. Me siento muy argentina. Realmente quiero a Argentina. La quiero mucho y sufro. Me duele mucho lo que le pasa a Argentina", sostiene.
En un nuevo aniversario, Graciela resalta lo importante que es que la causa trascienda a las nuevas generaciones: “Siento orgullo por mis compañeros. Lo que pasa es que algún día nosotros no vamos a estar. Y no falta mucho. Esa es la gran verdad. Entonces, ahora hay asociaciones de hijos y todo eso. Que es bueno que estén. Porque para que no se olvide que una vez se peleó por un territorio argentino. Eso es lo que tienen que recordar. Que se peleó por un territorio argentino ”, concluye.
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