Tiene solo 30 habitantes: el pueblo fantasma a minutos de Mar del Plata que esconde un terrible secreto

Si bien vivió décadas de esplendor gracias al tren, su clausura en 2016 lo convirtió en una postal vacía.

El lugar resiste con una estructura mínima y algunos pocos servicios.

25 de Abril de 2026 10:08

Por Redacción 0223

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Ubicada en el partido de Rauch, la estación ferroviaria de Egaña sobrevive hoy como un paraje rural que apenas cuenta con unos 30 habitantes permanentes. El pueblo nació en 1891 gracias a la cesión de tierras de la familia Egaña-Díaz Vélez y vivió décadas de esplendor impulsado por el tren. Tras la clausura del servicio de pasajeros en 2016, la localidad entró en un proceso de quietud absoluta donde solo se escuchan los sonidos del campo bonaerense.

El gran imán de la zona es el Castillo San Francisco, una imponente estructura de lujo que cuenta con 77 ambientes, 14 baños y materiales traídos de Europa. La propiedad perteneció a Eugenio Díaz Vélez, pero nunca llegó a inaugurarse oficialmente debido a que el heredero falleció en un accidente en Francia en 1930. El hecho dejó la mansión detenida en el tiempo y envuelta en un aura de misterio que atrae a fotógrafos de toda la provincia de Buenos Aires.

La estación de tren se encuentra inutilizable.

Qué pasó con el castillo y por qué es un misterio viviente

Con el paso de los años, el edificio sufrió expropiaciones y fue utilizado para diversos fines, incluyendo un periodo como reformatorio de menores antes de su abandono total. El deterioro y el vandalismo hicieron mella en su arquitectura, al punto de que hoy las autoridades prohíben el ingreso al inmueble por el peligro de derrumbe. La estructura está rodeada por un monte cerrado que oculta los restos de una opulencia que el tiempo se encargó de destruir, y con historias paranormales que todavía siguen vigentes.

Actualmente, el pueblo resiste con una estructura mínima compuesta por una escuela primaria, una capilla, un club social y un almacén de campo que hospeda visitantes. El paisaje se completa con dos frontones de pelota paleta, un legado de la fuerte ascendencia vasca de sus primeros pobladores que se mantiene vigente a pesar del despoblamiento. Por lo pronto, se trata de un destino ideal para el turismo de cercanía que busca descubrir la arquitectura de la aristocracia rural argentina.