El lago perdido en el centro de Mar del Plata que desapareció de los registros locales

Bajo el asfalto del centro marplatense yace el misterio del Lago General Paz. Entre botes, paseos aristocráticos y vertientes naturales de agua dulce, este edén diseñado por Carlos Thays desapareció sin dejar rastro, dejando una huella invisible que aún fluye bajo los pies de la ciudad.

Para 1913, cuando se inauguró la Rambla Bristol, el espejo de agua simplemente había desaparecido.

16 de Mayo de 2026 19:19

Hubo un tiempo en que Mar del Plata no se medía por la altura de sus edificios, sino por la sofisticación de sus jardines. A finales del siglo XIX, la ciudad era un lienzo en blanco donde la aristocracia argentina proyectaba su sueño europeo. En ese escenario nació el Paseo General Paz, una joya del paisajismo que transformó un paraje yermo en un edén diseñado para el ocio más refinado.

Un pulmón de lujo frente al mar

El Paseo General Paz no era un simple parque, era un centro de entretenimiento al aire libre que desafiaba la aridez de la costa. Se extendía desde la calle Buenos Aires hasta el emblemático Torreón, abrazando lo que hoy conocemos como la Plaza Colón.

Caminar por allí en 1900 era sumergirse en una postal de la Belle Époque. El programa diseñado para este espacio incluía desde canchas de tenis y críquet hasta románticas calesitas y refugios peatonales. Había pabellones para alquilar bicicletas y confiterías de moda, como la recordada Taberna del Alba Mora, donde los veraneantes combatían el calor con refrescos bajo elegantes quioscos de inspiración europea y oriental.

El espejo de agua que nadie reclamó

Sin embargo, el secreto mejor guardado de este paseo se escondía entre las calles Buenos Aires, Belgrano y Rivadavia: un lago paradisíaco.

Aunque las fotografías de la época lo muestran como un rincón idílico, con puentes curvos y una glorieta que conectaba con una isla central, su origen es un misterio que desafía a los historiadores. Mientras muchos atribuyen su belleza a la mano del célebre paisajista francés Carlos Thays, otros sostienen una teoría más fascinante: el lago no fue construido, ya estaba allí.

¿Milagro de la naturaleza o diseño francés?

Las evidencias son sutiles pero contundentes. En las fotos más antiguas, se observa a un grupo de lavanderas trabajando en sus orillas. Un detalle clave emergió en las investigaciones históricas: “Las lavanderas no lavan con agua salada”. Si a esto sumamos la presencia de gallinas moviéndose en la orilla, la hipótesis de que se trataba de un acuífero natural de agua dulce cobra una fuerza imparable.

Años más tarde, durante las excavaciones para el Bristol Center en la década del 70, la tierra volvió a hablar. A doce metros de profundidad, los constructores se toparon con un torrente de agua dulce que obligó a realizar drenajes de emergencia. Era el fantasma del viejo lago reclamando su lugar.

Crónica de una ausencia

Lo más inquietante de esta historia no es cómo apareció, sino cómo se esfumó. Para 1913, cuando se inauguró la Rambla Bristol, el espejo de agua simplemente había desaparecido de los registros. No hay documentos de grandes obras de relleno ni crónicas que narren su final.

Aquel microcosmos de puentes y cisnes, que por un breve instante fue el centro del universo social marplatense, se hundió en el silencio. El lago llevaba el mismo nombre que el predio: Paseo General Paz. A su alrededor se desplegaban atractivos para todas las edades: la clásica “vuelta al mundo”, carritos para pedalear sobre el agua y botes a remo. Cuando el mar se mostraba demasiado bravo, la gente solía refugiarse allí para navegar en calma. En el centro del lago se levantaba un quiosco, esa pequeña construcción abierta utilizada para conciertos populares y como punto de encuentro.

La revista Caras y Caretas, en su edición del 8 de agosto de 1902, manifestó: «...El moderno paseo, en cuyo centro el lago General Paz destaca su vasta mancha azul sembrada de los puntitos blancos de los botes, haría honor a un balneario del Mediterráneo...».

Hoy, bajo el asfalto y el cemento, queda el recuerdo de un espejo de agua dulce que alguna vez reflejó otra Mar del Plata. El lago se fue, pero su misterio permanece, fluyendo silencioso bajo los pies de los peatones.

 

 

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