Abandonado y sin habitantes: el pueblo fantasma a horas de Mar del Plata cuyas ruinas se pueden visitar
El cese de operaciones de la estación ferroviaria provocó un éxodo masivo.
Por Redacción 0223
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El paraje rural de Paso Mayor se erige como un histórico pueblo fantasma ubicado en el partido bonaerense de Coronel Rosales. El asentamiento abandonado se encuentra a unos 40 kilómetros de la ciudad de Punta Alta y a 50 de Bahía Blanca. La pequeña localidad atrae en la actualidad a cientos de visitantes curiosos que buscan recorrer sus antiguas edificaciones de adobe. El paisaje pampeano combina el misterio de las viviendas deshabitadas con la presencia de animales de granja que circulan libremente, a horas de Mar del Plata.
El nacimiento y el declive del polo urbano estuvieron marcados por la actividad de la Estación del Ferrocarril Rosario a Puerto Belgrano. La plataforma ferroviaria fue inaugurada a principios del siglo pasado y cesó sus operaciones de manera definitiva en el año 1970. El cierre de los servicios de transporte desencadenó el éxodo masivo de los pobladores hacia otros centros de mayor tamaño. El predio conserva como testigos mudos de aquella época dorada un viejo tanque metálico y el hidrante para las máquinas vaporeras.
Cuáles son las principales atracciones de Paso Mayor
El sitio rural abandonado destaca en la región por albergar un importante circuito de turismo religioso en medio de la llanura. En las inmediaciones de la ruta provincial 51 se encuentra el imponente Santuario de la Madre y Reina del Pueblo. El templo católico perteneciente al Movimiento de Schönstatt fue levantado en el año 1952 por una comunidad de inmigrantes alemanes. El recinto espiritual, que convoca a multitudes de fieles en cada peregrinación, fue bendecido de manera personal por el fundador de la congregación.
Los orígenes históricos del paraje se remontan a mediados del siglo XIX con la instalación de la tradicional Posta de Laporte. El establecimiento funcionó originalmente como una típica pulpería de frontera destinada al descanso de viajeros y al intercambio comercial de pieles. La llegada de los trenes y el reemplazo de las carretas obligaron al local a reconvertirse en un almacén de ramos generales. El antiguo polo mercantil logró mantenerse abierto hasta la década del 30 antes de quedar envuelto en el olvido absoluto.
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