Sabías que Mar del Plata esconde una casa de brujas en una de sus esquinas
Se trata de una de las casonas antiguas de la ciudad que fue construida para Ana Paula Merino.
Por Redacción 0223
PARA 0223
La esquina de Garay y Lamadrid guarda una de las joyas del patrimonio arquitectónico de la ciudad. Allí está emplazada la Villa Santa Paula que, durante décadas se conoció en Mar del Plata como “la casa embrujada”.
Villa Santa Paula la mandó a construir Dardo Rocha como un regalo a su esposa y prima, Ana Paula Merino. La historia cuenta que en uno de sus viajes a Europa, la pareja visitó el valle del Loira y los campos en los alrededores de París. Bastó un simple paseo para que ella quedara fascinada con un chalet que parecía un castillo de estilo pintoresquista.
Cuando Dardo Rocha asumió como gobernador visitó por primera vez Mar del Plata. Al llegar a la ciudad, el funcionario recibió a modo de obsequio por uno de los hijos de Pedro Luro el terreno ubicado en la mencionada esquina por las gestiones realizadas por el mandatario provincial para que el tren llegara a la villa balnearia.
Fue entonces que Rocha decidió construir allí el regalo más ostentoso para su pareja: una casa de estilo pintoresquista similar a la vivienda que la había maravillado en París. En los 600 metros cuadrados Rocha mandó a construir la casona que cuenta con seis habitaciones, cinco baños, dos salas, comedor, área de servicio y ático, todo distribuido en planta baja, planta alta, entretecho y sótano. Además, tiene un pequeño balcón, un extenso jardín, un hall circular de importantes dimensiones, una torre, cocina y un salón de usos múltiples; en este mismo nivel, pero con acceso interno, cuenta con un hall distribuidor y circulación, cuatro dependencias y un cuarto de lavado.
Villa Santa Paula es la única vivienda del ex gobernador y presidente Dardo Rocha que queda en pie y, como toda casa antigua, a su alrededor se fueron tejiendo diversas historias. Con la muerte de sus propietario la casona comenzó a caer en el abandono y, por su diseño, comenzaron a llamarla “la casa de brujas” en la que decían los vecinos que había -y aún perduran- ruidos extraños, movimientos nocturnos, sombras y resplandores. Lo cierto es que muchos de los ruidos provenían de los nidos de palomas y murciélagos que había en el interior.
Pero esa respuesta no era suficiente para explicar las visiones del parque. Hay vecinos que aseguran que en el jardín es común ver “una figura femenina moviéndose entre los jardines y atravesando las puertas, tanto de día como de noche” En 1994 la vivienda fue declarada Patrimonio Cultural y así su esplendor fue restaurado.
Temas

