De la gloria al infierno: fue figura de Boca y River, estuvo preso y hoy vive de una pensión
De conquistar América con Boca y ser campeón con River a terminar preso y perder una fortuna: la increíble historia del futbolista que lo tuvo todo y lo perdió casi todo.
Por Redacción 0223
PARA 0223
Pocos futbolistas pueden decir que fueron campeones con River Plate y Boca Juniors, pero muy pocos atravesaron una vida tan extrema como la de Carlos Horacio "Loco" Salinas. El delantero tucumano pasó de conquistar la Copa Libertadores, la Copa Intercontinental y los torneos locales con los dos gigantes del fútbol argentino a terminar preso, perder una fortuna millonaria y rehacer su vida gracias a la pensión que le otorga Boca. A sus 70 años, su historia sigue siendo una de las más impactantes del fútbol nacional.
Hincha fanático de Boca desde chico, el destino lo llevó primero a River. Llegó desde Jujuy con apenas 16 años tras ser descubierto en un amistoso y rápidamente sorprendió en las inferiores hasta debutar en Primera. Sin embargo, su paso por el Millonario terminó de manera insólita.
Después de un Superclásico en 1974 cambió la camiseta con Oscar Trobbiani y bajó a la confitería del Monumental vistiendo la camiseta de Boca. El gesto, que según él fue totalmente inocente, provocó un escándalo interno y poco después fue transferido a Chacarita, pese a haber sido parte del plantel que cortó la histórica sequía de 18 años sin títulos en 1975.
Su explosión definitiva llegó en Boca de la mano de Juan Carlos Lorenzo. Allí cumplió el sueño de vestir la camiseta del club de sus amores y se convirtió en una pieza importante de uno de los equipos más gloriosos de la historia xeneize. Disputó 129 partidos, convirtió 18 goles y fue protagonista de la conquista de la Copa Intercontinental de 1977, marcando un gol en la histórica victoria ante Borussia Mönchengladbach, además de la Copa Libertadores de 1978, donde también anotó en la final frente a Deportivo Cali.
Sin embargo, su enorme talento siempre convivió con un temperamento explosivo. En 1978 protagonizó uno de los episodios disciplinarios más recordados del fútbol argentino cuando tomó del cuello al árbitro Abel Gnecco durante un partido frente a Huracán. La sanción fue histórica: 25 fechas de suspensión.
Poco después recibió otras 11 jornadas por una nueva expulsión y más adelante volvió a ser castigado tras arrojarle un botín a un hincha durante un amistoso. Su indisciplina terminó siendo determinante para que Boca lo utilizara como parte de la negociación que permitió la llegada de Diego Armando Maradona desde Argentinos Juniors.
El dinero, la cárcel y una vida marcada por los excesos
Tras dejar Boca pasó por Argentinos Juniors, Independiente, el fútbol colombiano, Racing de Córdoba, Deportivo Junín de Perú y Alumni de Villa María. También confesó que su comportamiento le costó la posibilidad de integrar el plantel argentino campeón del Mundial 1978. Las llegadas tarde durante una gira con César Luis Menotti y las constantes multas terminaron alejándolo definitivamente de la Selección.
Durante su carrera ganó muchísimo dinero para la época. Él mismo reconoció haber acumulado cerca de dos millones de dólares, siete departamentos y dos automóviles BMW gracias a sucesivas transferencias y contratos importantes. Sin embargo, los excesos y las malas decisiones económicas hicieron desaparecer ese patrimonio. Tras separarse, repartió propiedades entre sus hijas, vendió el resto de sus bienes y llegó a vivir durante meses en hoteles de Buenos Aires mientras su situación financiera se deterioraba por completo.
El momento más duro llegó cuando terminó detenido acusado de comercializar drogas. Salinas siempre sostuvo su inocencia y aseguró que fue víctima de las personas con las que se relacionaba. "Me empecé a encontrar con gente que no correspondía, que me llevó por un mal camino", recordó años después. Permaneció cuatro meses en el penal de Devoto, donde trabajó en la cocina y organizaba partidos de fútbol con otros internos. Según contó, solo Ricardo Bochini y José Omar Pastoriza, además de su familia, lo visitaron durante ese difícil período.
Hoy, alejado definitivamente del fútbol profesional, Carlos Salinas lleva una vida mucho más tranquila en Buenos Aires. Nunca quiso ser entrenador y sobrevive gracias a la pensión que recibe de la Mutual de Boca, un beneficio destinado a exjugadores del club.
Sigue visitando La Bombonera cada vez que puede y mantiene intacto el cariño por el Xeneize. Su historia resume como pocas las dos caras del deporte: la gloria absoluta y la caída más profunda. Un talento enorme que conquistó América, pero que terminó perdiéndolo casi todo por culpa de los excesos y las malas compañías.
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