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Marzo, el mes de la tensión

Marzo, el mes de la tensión

Mariano Suárez

Ya pasó el tiempo de discutir si la temporada fue buena, regular o mala. Si el último fin de semana repuntó la actividad turística. O cómo estará el clima en el próximo. El chip del verano estalló. Con marzo, los temas cambian raudamente y hay que asimilar rápidamente el golpe. Y no es fácil: este mes suele ser de mucha tensión.

Esta semana, particularmente, es una muestra concreta de las dificultades que se avecinan. Entre las protestas organizadas por el contexto nacional y los problemas de origen doméstico Mar del Plata se asemeja a una pequeña Buenos Aires. Las últimas horas fueron una muestra contundente.

Carlos Arroyo, sentado en su despacho temprano en la mañana, no alcanzó a celebrar que el Partido Obrero había levantado el corte en ambas manos de la Autovía 2 que había iniciado el martes por la mañana, cuando sus asesores le confirmaron que se venía un nuevo corte de ruta, ahora en la 226, por parte de la Ctep.

Aunque ese conflicto no hubiese existido, el intendente tampoco hubiera tenido motivos para estar tranquilo: desde el martes al mediodía un grupo de recuperadores informales del predio de disposición final de residuos (“siete”, según el presidente del Emsur Eduardo Leitao) bloqueó el acceso al lugar y los camiones repletos de basura no pudieron descargar. Así, Mar del Plata amaneció, otra vez, con la postal de las bolsas de basura en los canastos o junto a los postes de luz.

El municipio tardó más de 24 horas en dar respuesta a este grupo, algo que llama la atención. No pedían plata, ni subsidios, ni nada por el estilo. Apenas algunos baños químicos, provisión de agua y que se mejoren las condiciones del playón donde los camiones descargan la basura. Tal vez la dificultad en resolver el problema no fue por los pedidos en sí: resolver la situación es asumir que hay personas en Mar del Plata que tienen que revolver la basura para poder vivir, aunque los llamemos “recicladores informales”. Seguramente son muchos más de siete.

Los bocinazos alteraron al jefe comunal. Era la caravana de docentes que recorrió Mar del Plata en medio de una nueva jornada de paro. Es un problema ajeno, dirán en el entorno del intendente. Pero cualquiera que haya seguido el tema docente sabe que Mar del Plata tiene su propia problemática en esa materia. Y este jueves quedará al desnudo, cuando se realice la sesión extraordinaria para abordar la situación educativa en la ciudad.

Desde el oficialismo buscarán instalar la idea de que se trata de un show de la oposición. Lógicamente habrá quienes intentarán sacar un rédito político, aunque –como ya dijimos otras veces- siempre desde una premisa: la gestión de Ana María Crovetto es pobre. Pero además no solo enfrentarán los discursos de ediles más o menos entrenados para las críticas. Habrá nueve oradores (fueron los que quedaron de una lista de 40 que quisieron participar) en la Banca 25 que contarán experiencias en primera persona que padecieron en este año y poco más de gestión. Y eso será más difícil de desacreditar.  

En la sesión de este jueves se replicará el clima de tensión que se vivió en la reunión de presidentes de bloque, donde hubo acaloradas discusiones entre el oficialismo y la oposición. En medio de los oficialistas que parecen opositores y los opositores que parecen oficialistas, Arroyo arrancará el día con la incertidumbre de si el Concejo aprobará la interpelación a Crovetto. Y, peor aún, si no será el propio jefe comunal el que deba sentarse ante los ediles a dar explicaciones.

Faltaba poco para el mediodía, cuando Arroyo comenzó a percibir olor a comida que ingresaba por la ventana en medio de la jornada gris. Emanaba de las ollas populares que Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa instalaron en la puerta del municipio en el marco de una protesta nacional. Fue Vilma Baragiola, secretaria de Desarrollo Social, que recibió a algunos de los que se manifestaban en la puerta del municipio. La funcionaria radical tiene una doble misión: solucionar los problemas de la gente y, al mismo tiempo, fortalecer su imagen de cara a las elecciones legislativas de octubre, pues todo indica que será la candidata oficialista. No es algo sencillo, porque suele ser un área que reparte más promesas que soluciones.                 

A pocas cuadras, otra vez, las Mamás en lucha llevaron su reclamo a Zona Sanitaria VIII, donde las autoridades las recibieron nuevamente. Otra vez, no les dieron nada, al contrario les pidieron: paciencia que el problema está en vías de solución, les repitieron.  

El día avanzó y las ollas populares se levantaron, la gente de Ctep se fue de la ruta 226 y, antes de que anochezca, los “recuperadores informales” levantaron el corte y permitieron que los camiones comiencen a descargar los residuos. Otra vez, en el despacho principal de la comuna volvieron a sentirse estruendos. Primero, fueron los motoqueros que rechazan las nuevas disposiciones de tránsito que los obligan a llevar las patentes en cascos y chalecos.

Minutos después, se sumó el “ruidazo”, la protesta de aquellos que se manifestaron contra los tarifazos, no solo de luz y gas, que tienen autorizaciones de los gobiernos nacional y provincial, sino también los que se viven en Mar del Plata con las tasas municipales (TSU y Obras Sanitarias entre otros).

“Este día termina mejor que ayer”, deslizó un hombre cercano al jefe comunal. Otro, más conocedor de estos ciclos, le recordó que Arroyo todavía no se sentó a discutir salarios con Antonio Gilardi, el jefe del Sindicato de Trabajadores Municipales (STM).

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Marzo, el mes de la tensión

Marzo es un mes de tensión y el conflicto de los docentes municipales todavía está latente. Foto: archivo 0223.

Ya pasó el tiempo de discutir si la temporada fue buena, regular o mala. Si el último fin de semana repuntó la actividad turística. O cómo estará el clima en el próximo. El chip del verano estalló. Con marzo, los temas cambian raudamente y hay que asimilar rápidamente el golpe. Y no es fácil: este mes suele ser de mucha tensión.

Esta semana, particularmente, es una muestra concreta de las dificultades que se avecinan. Entre las protestas organizadas por el contexto nacional y los problemas de origen doméstico Mar del Plata se asemeja a una pequeña Buenos Aires. Las últimas horas fueron una muestra contundente.

Carlos Arroyo, sentado en su despacho temprano en la mañana, no alcanzó a celebrar que el Partido Obrero había levantado el corte en ambas manos de la Autovía 2 que había iniciado el martes por la mañana, cuando sus asesores le confirmaron que se venía un nuevo corte de ruta, ahora en la 226, por parte de la Ctep.

Aunque ese conflicto no hubiese existido, el intendente tampoco hubiera tenido motivos para estar tranquilo: desde el martes al mediodía un grupo de recuperadores informales del predio de disposición final de residuos (“siete”, según el presidente del Emsur Eduardo Leitao) bloqueó el acceso al lugar y los camiones repletos de basura no pudieron descargar. Así, Mar del Plata amaneció, otra vez, con la postal de las bolsas de basura en los canastos o junto a los postes de luz.

El municipio tardó más de 24 horas en dar respuesta a este grupo, algo que llama la atención. No pedían plata, ni subsidios, ni nada por el estilo. Apenas algunos baños químicos, provisión de agua y que se mejoren las condiciones del playón donde los camiones descargan la basura. Tal vez la dificultad en resolver el problema no fue por los pedidos en sí: resolver la situación es asumir que hay personas en Mar del Plata que tienen que revolver la basura para poder vivir, aunque los llamemos “recicladores informales”. Seguramente son muchos más de siete.

Los bocinazos alteraron al jefe comunal. Era la caravana de docentes que recorrió Mar del Plata en medio de una nueva jornada de paro. Es un problema ajeno, dirán en el entorno del intendente. Pero cualquiera que haya seguido el tema docente sabe que Mar del Plata tiene su propia problemática en esa materia. Y este jueves quedará al desnudo, cuando se realice la sesión extraordinaria para abordar la situación educativa en la ciudad.

Desde el oficialismo buscarán instalar la idea de que se trata de un show de la oposición. Lógicamente habrá quienes intentarán sacar un rédito político, aunque –como ya dijimos otras veces- siempre desde una premisa: la gestión de Ana María Crovetto es pobre. Pero además no solo enfrentarán los discursos de ediles más o menos entrenados para las críticas. Habrá nueve oradores (fueron los que quedaron de una lista de 40 que quisieron participar) en la Banca 25 que contarán experiencias en primera persona que padecieron en este año y poco más de gestión. Y eso será más difícil de desacreditar.  

En la sesión de este jueves se replicará el clima de tensión que se vivió en la reunión de presidentes de bloque, donde hubo acaloradas discusiones entre el oficialismo y la oposición. En medio de los oficialistas que parecen opositores y los opositores que parecen oficialistas, Arroyo arrancará el día con la incertidumbre de si el Concejo aprobará la interpelación a Crovetto. Y, peor aún, si no será el propio jefe comunal el que deba sentarse ante los ediles a dar explicaciones.

Faltaba poco para el mediodía, cuando Arroyo comenzó a percibir olor a comida que ingresaba por la ventana en medio de la jornada gris. Emanaba de las ollas populares que Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa instalaron en la puerta del municipio en el marco de una protesta nacional. Fue Vilma Baragiola, secretaria de Desarrollo Social, que recibió a algunos de los que se manifestaban en la puerta del municipio. La funcionaria radical tiene una doble misión: solucionar los problemas de la gente y, al mismo tiempo, fortalecer su imagen de cara a las elecciones legislativas de octubre, pues todo indica que será la candidata oficialista. No es algo sencillo, porque suele ser un área que reparte más promesas que soluciones.                 

A pocas cuadras, otra vez, las Mamás en lucha llevaron su reclamo a Zona Sanitaria VIII, donde las autoridades las recibieron nuevamente. Otra vez, no les dieron nada, al contrario les pidieron: paciencia que el problema está en vías de solución, les repitieron.  

El día avanzó y las ollas populares se levantaron, la gente de Ctep se fue de la ruta 226 y, antes de que anochezca, los “recuperadores informales” levantaron el corte y permitieron que los camiones comiencen a descargar los residuos. Otra vez, en el despacho principal de la comuna volvieron a sentirse estruendos. Primero, fueron los motoqueros que rechazan las nuevas disposiciones de tránsito que los obligan a llevar las patentes en cascos y chalecos.

Minutos después, se sumó el “ruidazo”, la protesta de aquellos que se manifestaron contra los tarifazos, no solo de luz y gas, que tienen autorizaciones de los gobiernos nacional y provincial, sino también los que se viven en Mar del Plata con las tasas municipales (TSU y Obras Sanitarias entre otros).

“Este día termina mejor que ayer”, deslizó un hombre cercano al jefe comunal. Otro, más conocedor de estos ciclos, le recordó que Arroyo todavía no se sentó a discutir salarios con Antonio Gilardi, el jefe del Sindicato de Trabajadores Municipales (STM).

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