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"Soy mujer y puedo construir mi casa, es un proceso de empoderamiento total”

"Soy mujer y puedo construir mi casa, es un proceso de empoderamiento total”

Por Gonzalo Chaet

Ana vive junto a sus hijos en la casa que ella misma construyó en el barrio Alfar. Para hacerla con sus propias manos utilizó madera, ladrillos de adobe, quincha y paja encofrada.

El sol entra por la ventana y las botellas que están incrsutadas en la pared reflejan sus colores en el piso. Ana ceba el mate mientras Waira, su hijo de dos años y medio, juega despreocupadamente. Cuando comenzó la construcción de la casa, su casa, el nene era un bebe que gateaba en la obra mirando cómo su mamá levantaba paredes y su hermana mayor se embarraba con el adobe.

Ana explica que aún faltan muchas cosas por hacer en la casa pero está feliz. Desde junio vive junto a sus dos hijos en el hogar que levantó con sus propias manos en el barrio Alfar.  “Hice cosas que nunca pensé que iba a lograr”, dice y deja el mate en la mesa. “La construcción es un rubro super masculino y hacer la casa fue romper con eso. Soy mujer y puedo construir mi casa, es un proceso de empoderamiento total”, confiesa.

El proceso duró poco más de dos años y fue realizado en etapas. Primero se hicieron los cimientos y la estructura, luego el techo y finalmente las paredes. En esta instancia es donde Ana y su familia tuvieron mayor participación.

-¿Por qué decidiste hacer tu casa de esta manera?

-Por una cuestión de afinidad con los materiales; ya venía experimentando con la permacultura, primero con algunos cursos y luego participando en la construcción de casas de gente conocida. Por eso para mi éste era el modo de construir una casa. No había otra opción. Son materiales que yo podía trabajar y para mi es fundamental haberlo hecho con mis propias manos.

-Hace más de medio año que ya vivís en tu casa. ¿Cómo evaluás todo el proceso?

-Fue una experiencia de autoconstrucción y eso es lo más profundo que viví. En el proceso te vas conociendo mucho, bajás de la expectativa y la ilusión a lo posible. Te tenés que enfrentar a las limitaciones en el camino y resolver. Hacerte tu propia casa es encontrarte y reconocerte en el proceso.

-¿Sentís que esa experiencia te cambió?

-Me cambió totalmente. A veces uno siente que es omnipotente y puede todo, pero me di cuenta que tengo un límite. También descubrí que tengo una gran fortaleza que me permitió hacer todo esto, pasar de lo mental a lo concreto. Y eso es muy groso.

En Mar del Plata, la Ordenanza 22690 aprobada en 2016 autorizó "el método de construcción en tierra cruda y las tecnologías de construcción con tierras afines". Esta norma, de cuya redacción participaron muchas organizaciones vinculadas a la temática, permitió la aprobación, visación, inspección final de obras y/o habilitación de este tipo de construcciones. En nuestra ciudad existen muchas experiencias de este tipo, ubicadas en distintos barrios alejados del centro. La proliferación de estas técnicas hizo necesaria la adecuación legislativa.

Ana es docente de plástica. “El barro siempre estuvo muy presente”, dice, ya que su formación es en cerámica. En la construcción de la casa utilizó sus manos para moldear las paredes, algunas fueron hechas con ladrillos de adobe, otras con paja encofrada y también utilizó una técnica llamada quincha.

"El ladrillo es lo que a mi mejor me resultó, me hizo las paredes más fuertes, especialmente aquellas que dan al sur. La paja encofrada me parecía fácil y ya la había experimentado bastante. La quincha la utilicé fundamentalmente para las paredes internas", cuenta.

-¿Cómo te sentís hoy, viviendo en la casa que levantaste con tus manos?

-Siento que está buenísimo animarse y hacerlo pero también admito que es un trabajo fuerte y que el cuerpo lo siente. No me arrepiento de haberlo hecho pero tuvo un costo energético alto. Poner el cuerpo es un trabajo fuerte y tenés que estar preparada. Fue gratificante pero el costo es alto.

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"Soy mujer y puedo construir mi casa, es un proceso de empoderamiento total”

Ana vive junto a sus hijos en la casa que ella misma construyó en el barrio Alfar. Para hacerla con sus propias manos utilizó madera, ladrillos de adobe, quincha y paja encofrada.

El sol entra por la ventana y las botellas que están incrsutadas en la pared reflejan sus colores en el piso. Ana ceba el mate mientras Waira, su hijo de dos años y medio, juega despreocupadamente. Cuando comenzó la construcción de la casa, su casa, el nene era un bebe que gateaba en la obra mirando cómo su mamá levantaba paredes y su hermana mayor se embarraba con el adobe.

Ana explica que aún faltan muchas cosas por hacer en la casa pero está feliz. Desde junio vive junto a sus dos hijos en el hogar que levantó con sus propias manos en el barrio Alfar.  “Hice cosas que nunca pensé que iba a lograr”, dice y deja el mate en la mesa. “La construcción es un rubro super masculino y hacer la casa fue romper con eso. Soy mujer y puedo construir mi casa, es un proceso de empoderamiento total”, confiesa.

El proceso duró poco más de dos años y fue realizado en etapas. Primero se hicieron los cimientos y la estructura, luego el techo y finalmente las paredes. En esta instancia es donde Ana y su familia tuvieron mayor participación.

-¿Por qué decidiste hacer tu casa de esta manera?

-Por una cuestión de afinidad con los materiales; ya venía experimentando con la permacultura, primero con algunos cursos y luego participando en la construcción de casas de gente conocida. Por eso para mi éste era el modo de construir una casa. No había otra opción. Son materiales que yo podía trabajar y para mi es fundamental haberlo hecho con mis propias manos.

-Hace más de medio año que ya vivís en tu casa. ¿Cómo evaluás todo el proceso?

-Fue una experiencia de autoconstrucción y eso es lo más profundo que viví. En el proceso te vas conociendo mucho, bajás de la expectativa y la ilusión a lo posible. Te tenés que enfrentar a las limitaciones en el camino y resolver. Hacerte tu propia casa es encontrarte y reconocerte en el proceso.

-¿Sentís que esa experiencia te cambió?

-Me cambió totalmente. A veces uno siente que es omnipotente y puede todo, pero me di cuenta que tengo un límite. También descubrí que tengo una gran fortaleza que me permitió hacer todo esto, pasar de lo mental a lo concreto. Y eso es muy groso.

En Mar del Plata, la Ordenanza 22690 aprobada en 2016 autorizó "el método de construcción en tierra cruda y las tecnologías de construcción con tierras afines". Esta norma, de cuya redacción participaron muchas organizaciones vinculadas a la temática, permitió la aprobación, visación, inspección final de obras y/o habilitación de este tipo de construcciones. En nuestra ciudad existen muchas experiencias de este tipo, ubicadas en distintos barrios alejados del centro. La proliferación de estas técnicas hizo necesaria la adecuación legislativa.

Ana es docente de plástica. “El barro siempre estuvo muy presente”, dice, ya que su formación es en cerámica. En la construcción de la casa utilizó sus manos para moldear las paredes, algunas fueron hechas con ladrillos de adobe, otras con paja encofrada y también utilizó una técnica llamada quincha.

"El ladrillo es lo que a mi mejor me resultó, me hizo las paredes más fuertes, especialmente aquellas que dan al sur. La paja encofrada me parecía fácil y ya la había experimentado bastante. La quincha la utilicé fundamentalmente para las paredes internas", cuenta.

-¿Cómo te sentís hoy, viviendo en la casa que levantaste con tus manos?

-Siento que está buenísimo animarse y hacerlo pero también admito que es un trabajo fuerte y que el cuerpo lo siente. No me arrepiento de haberlo hecho pero tuvo un costo energético alto. Poner el cuerpo es un trabajo fuerte y tenés que estar preparada. Fue gratificante pero el costo es alto.

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