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La historia de Emerson, el fiscal de Venezuela que ahora vende cupcakes en Mar del Plata

La historia de Emerson, el fiscal de Venezuela que ahora vende cupcakes en Mar del Plata

Por Samuel Zamorano

¿Quién no escuchó alguna vez la historia de un abuelo, un tío, una bisabuela que se vino de Europa -u otro destino tal vez más lejano- a hacerse la Argentina? Es que nuestro país se pobló a comienzos del siglo pasado de inmigrantes que dejaban atrás su tierra escapando de la guerra, por alguna tragedia familiar o, sencillamente, en busca de un futuro mejor.

En los últimos años, la crisis económica y social que se vive en Venezuela generó que ese país encabece el ranking de inmigrantes que llegan a Argentina; incluso, por encima de Bolivia y Paraguay, que históricamente estuvieron en los puestos de vanguardia. Las cifras hablan por sí solas: según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, en 2011 llegaron 1510 venezolanos; en 2016 arribaron 12859 y en 2018, 70531. Así, Venezuela se convirtió en el país que más ciudadanos expulsa por año.  

Tal es el caso de Emerson Starke, quien llegó hace casi un año atrás a Mar del Plata junto a su familia, en busca de un lugar mejor para vivir, para tomar distancia a la situación compleja que atraviesa su país en esta época. Si bien al principio no fue sencillo afrontar el desarraigo y conseguir empleo, Emerson, que era fiscal en Venezuela, apeló a sus conocimientos gastronómicos y ahora se dedica a cocinar y vender cupcakes.

0223 visitó el pequeño departamento de La Perla en donde Emerson vive con su esposa Diliana –también abogada- y sus dos hijos, Anastasia y Ramón, quienes consiguieron una vacante en la escuela pública y ya arrancaron el año lectivo; algo fundamental para Emerson. Es que la educación pública fue uno de los factores por los que la familia eligió la Argentina como destino. El otro, la salud pública.

Claro que había otro tema que tuvieron en cuenta pero que en Mar del Plata marca una diferencia, inclusive con destinos más australes del territorio: el clima. “Al principio nos costó muchísimo, sobre todo el clima, que aquí es templado a frío y nosotros venimos de una zona totalmente tropical”, sostuvo Emerson. No obstante, aseguró que luego de atravesar un difícil proceso de adaptación que se extendió durante 10 meses ahora, por fin, están “tranquilos”.

Los Starke reconocen que sintieron miedo, incertidumbre ante la posibilidad de irse tan lejos de su tierra, de su casa y sus amigos, pero también del trabajo y tratar de encajar en una sociedad desconocida, ajena, para empezar de nuevo. A diferencia de otros venezolanos, Emerson y su familia tuvieron la posibilidad de viajar en avión, en un contexto en que se conocen casos de personas que viajan varios días en ómnibus o, directamente, a pie.

Una vez que llegaron a Mar del Plata, lo primero que debieron hacer fue conseguir un trabajo para comenzar a edificar una vida en Argentina. “En Venezuela trabajé 19 años en la administración pública –relató Emerson- y los últimos 6 como fiscal del Ministerio Público en el área de delitos comunes, en el Estado de Carabobo”. Él, al igual que su esposa, es abogado, pero a sabiendas que para ejercer en Argentina necesitaba revalidar su título, decidió salir a buscar un futuro en otros rubros.

“Al principio, buscando algo estable, salimos a repartir currículums. Queríamos conseguir un trabajo para obtener una entrada fija y mantenernos tranquilos con la familia pero no nos respondió nadie”, recordó Emerson con una mirada seria, como rememorando aquellos complicados primeros días de incertidumbre en Mar del Plata.

Fue entonces cuando surgió la idea de hacer “ponquesitos venezolanos”, una receta clásica de sus pagos, más conocida por estos lados como magdalenas (aunque más elaboradas y decoradas) o, también, cupcakes. En un principio salía a venderlos por la calle y ahora, de a poco, comenzaron a encontrar lugares en donde comercializarlos. “Por ahora nos sirve para poder vivir”, afirmó el hombre, oriundo de Valencia, una localidad del Estado de Carabobo.

En relación a la intención de revalidar el título de abogado, Emerson mencionó que “por ahora la prioridad es la familia, sentar las bases para la vida aquí, cubrir gastos de la comida, la ropa para los muchachos”, pero no es una idea que haya descartado. “Tal vez más adelante pueda ser”, deslizó. De hecho, contó, durante sus recorridas en busca de clientes conoció personas que trabajan en la Facultad de Derecho y quienes le garantizaron que tendrá las puertas abiertas en caso de necesitar algún tipo de información, de asesoramiento.

Por último, en relación a porqué la familia eligió Mar del Plata para radicarse, Emerson explicó: “La opción era Argentina por la salud y educación pública, y Mar del Plata en particular por una conocida que tenemos aquí y por lo bonita que es la ciudad, por la costa y el mar que me recuerdan al lugar de donde vengo”

-¿Si la cosa cambia, se vuelven?

-No lo sabemos, Argentina nos abrió las puertas, deberíamos pensarlo un tiempo.

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La historia de Emerson, el fiscal de Venezuela que ahora vende cupcakes en Mar del Plata

¿Quién no escuchó alguna vez la historia de un abuelo, un tío, una bisabuela que se vino de Europa -u otro destino tal vez más lejano- a hacerse la Argentina? Es que nuestro país se pobló a comienzos del siglo pasado de inmigrantes que dejaban atrás su tierra escapando de la guerra, por alguna tragedia familiar o, sencillamente, en busca de un futuro mejor.

En los últimos años, la crisis económica y social que se vive en Venezuela generó que ese país encabece el ranking de inmigrantes que llegan a Argentina; incluso, por encima de Bolivia y Paraguay, que históricamente estuvieron en los puestos de vanguardia. Las cifras hablan por sí solas: según datos de la Dirección Nacional de Migraciones, en 2011 llegaron 1510 venezolanos; en 2016 arribaron 12859 y en 2018, 70531. Así, Venezuela se convirtió en el país que más ciudadanos expulsa por año.  

Tal es el caso de Emerson Starke, quien llegó hace casi un año atrás a Mar del Plata junto a su familia, en busca de un lugar mejor para vivir, para tomar distancia a la situación compleja que atraviesa su país en esta época. Si bien al principio no fue sencillo afrontar el desarraigo y conseguir empleo, Emerson, que era fiscal en Venezuela, apeló a sus conocimientos gastronómicos y ahora se dedica a cocinar y vender cupcakes.

0223 visitó el pequeño departamento de La Perla en donde Emerson vive con su esposa Diliana –también abogada- y sus dos hijos, Anastasia y Ramón, quienes consiguieron una vacante en la escuela pública y ya arrancaron el año lectivo; algo fundamental para Emerson. Es que la educación pública fue uno de los factores por los que la familia eligió la Argentina como destino. El otro, la salud pública.

Claro que había otro tema que tuvieron en cuenta pero que en Mar del Plata marca una diferencia, inclusive con destinos más australes del territorio: el clima. “Al principio nos costó muchísimo, sobre todo el clima, que aquí es templado a frío y nosotros venimos de una zona totalmente tropical”, sostuvo Emerson. No obstante, aseguró que luego de atravesar un difícil proceso de adaptación que se extendió durante 10 meses ahora, por fin, están “tranquilos”.

Los Starke reconocen que sintieron miedo, incertidumbre ante la posibilidad de irse tan lejos de su tierra, de su casa y sus amigos, pero también del trabajo y tratar de encajar en una sociedad desconocida, ajena, para empezar de nuevo. A diferencia de otros venezolanos, Emerson y su familia tuvieron la posibilidad de viajar en avión, en un contexto en que se conocen casos de personas que viajan varios días en ómnibus o, directamente, a pie.

Una vez que llegaron a Mar del Plata, lo primero que debieron hacer fue conseguir un trabajo para comenzar a edificar una vida en Argentina. “En Venezuela trabajé 19 años en la administración pública –relató Emerson- y los últimos 6 como fiscal del Ministerio Público en el área de delitos comunes, en el Estado de Carabobo”. Él, al igual que su esposa, es abogado, pero a sabiendas que para ejercer en Argentina necesitaba revalidar su título, decidió salir a buscar un futuro en otros rubros.

“Al principio, buscando algo estable, salimos a repartir currículums. Queríamos conseguir un trabajo para obtener una entrada fija y mantenernos tranquilos con la familia pero no nos respondió nadie”, recordó Emerson con una mirada seria, como rememorando aquellos complicados primeros días de incertidumbre en Mar del Plata.

Fue entonces cuando surgió la idea de hacer “ponquesitos venezolanos”, una receta clásica de sus pagos, más conocida por estos lados como magdalenas (aunque más elaboradas y decoradas) o, también, cupcakes. En un principio salía a venderlos por la calle y ahora, de a poco, comenzaron a encontrar lugares en donde comercializarlos. “Por ahora nos sirve para poder vivir”, afirmó el hombre, oriundo de Valencia, una localidad del Estado de Carabobo.

En relación a la intención de revalidar el título de abogado, Emerson mencionó que “por ahora la prioridad es la familia, sentar las bases para la vida aquí, cubrir gastos de la comida, la ropa para los muchachos”, pero no es una idea que haya descartado. “Tal vez más adelante pueda ser”, deslizó. De hecho, contó, durante sus recorridas en busca de clientes conoció personas que trabajan en la Facultad de Derecho y quienes le garantizaron que tendrá las puertas abiertas en caso de necesitar algún tipo de información, de asesoramiento.

Por último, en relación a porqué la familia eligió Mar del Plata para radicarse, Emerson explicó: “La opción era Argentina por la salud y educación pública, y Mar del Plata en particular por una conocida que tenemos aquí y por lo bonita que es la ciudad, por la costa y el mar que me recuerdan al lugar de donde vengo”

-¿Si la cosa cambia, se vuelven?

-No lo sabemos, Argentina nos abrió las puertas, deberíamos pensarlo un tiempo.

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