Nuevo diálogo venezolano: ¿luz al final del túnel?

Por Augusto Taglioni

Puntos claves del diálogo que llevan a adelante en Barbados el gobierno y la oposición venezolana. El rol de Michele Bachelet y el cruce de intereses en lo que puede ser a última chance para salir de la crisis.

Gobierno y oposición retomaron el diálogo como mecanismo para llegar a una solución para la profunda crisis que vive Venezuela. El mismo se produce en medio de fuertes presiones externas que ponen la lupa en un país que hace tiempo parece estar al borde un estallido.

El panorama es dramático y entre sanciones, giros autoritarios, estrategias insurreccionales, una economía colapsada y cuatro millones de emigrados, el país transita el día a dia en un contexto regional desfavorable para el chavismo pero no lo suficientemente favorable para la caída del gobierno.  

Los puntos de debate

Los seis objetivos puestos sobre la mesa no serán sencillos de consensuar, especialmente el que gira en torno a una eventual convocatoria a elecciones presidenciales, principal caballo de batalla de la oposición y parte de la Comunidad Internacional. El lema opositor dese que Juan Guaidó se proclamó como presidente encargado fue "cese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres" mientras que el gobierno insitiò en legitimar el liderazgo de Nicolás Maduro. En este marco, ¿el chavismo  está dispuesto a aceptar una nueva elecciones presidenciales? El gobernador de Miranda y miembro de la comitiva oficial en el diálogo en Barbados dijo en 0223 Radio que "nosotros les hemos dicho que estamos dispuestos a discutir los 6 puntos de la agenda. Entendemos que cualquier acuerdo que cerremos pasa por un cronograma electoral. Siempre ha sido así". Si bien parece poco, la declaración es contundente si vemos la reacción de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y parte de ala dura del Partido Socialista Unido de Venezuela que planteó que "el presidente es Maduro, y le quedan 5 años y 6 meses de gobierno", cerrando la puerta a esa posibilidad. ¿Internas o juego de roles? Por lo pronto, un escenario descomprimido le quita por de fuego a Cabello que crece en la medida que la coyuntura se radicaliza. Rodríguez reúne expectativas un sector que considero que la conducción de Maduro tiene signos de agotamiento, sin embargo, durante la entrevista desmintió que esté pensando en una candidatura y atribuyó ese creciente rumor a la intención de la oposición de intentar dividir al chavismo.

Si hay nuevos comicios deberá ser con otro CNE y tendrá que estar acompañado de un cese de la Constituyente como condición para el retorno del oficialismo al poder legislativa. Es decir, no puede haber punto uno sin el cumplimiento del dos y el tres. 

El cuatro elemento de debate está centrado en la figura de Nicolás Maduro. La oposición demanda que sea corrido de la escena pero el chavismo decidió cerrar filas en torno a su liderazgo mas como mecanismo defensa propia que por legitimidad. ¿Qué piensan los chavistas? Una reciente encuesta realizada por Delphos  basada en 1200 casos y publicada por el sitio Efecto Cocyo reveló que el ministro de Defensa, el General Vladimir Padrino López, es la figura del oficialismo con mayor índice de confianza. El estudio que se realizó después de la operación cívico – militar del 30 de abril (del 17 al 30 de mayo) y registró que un 20,8 por ciento de los encuestados manifestaron tener confianza en Padrino, le sigue Nicolás Maduro con 20,80%, luego Delcy Rodríguez con 18,12%, Diosdado Cabello con 16,11% y recién Héctor Rodríguez aparece con un 15 por ciento aunque, vale la pena aclarar, es una figura con menos instalación nacional. 

Para que todo lo mencionado anteriormente pueda materializarse, el gobierno venezolano puso como condición el fin de las sanciones económicas y el abandono a los intentos de intervención. La misma encuesta de Delphos ubican a Juan Guaidó con un 50 por ciento de imagen positiva, ¿será el fin de la era de "calentar la calle" para volver a la vía democrática?

 

Experiencias frustradas

Luego de las violentas protestas de 2014 y la victoria de la entonces Mesa de Unidad Democrática en las elecciones legislativas de 2015, el país entró en un periodo de fuerte erosión institucional que derivó en una mesa de diálogo que tuvo como sede a República Dominicana y al ex presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero y El Vaticano como mediadores. El portavoz de la MUD en esa instancia fue su entonces Secretario Ejecutivo, Jesús Chúo Torrealba, y el proceso había avanzado pero terminó fracasado entre diciembre de 2017 y enero de 2018 por orden del gobierno de Donald Trump.

Ese fue el final del espacio opositor que había ganado una enorme representatividad luego de las elecciones de 2015 para reconfigurarse en un espacio radicalizado y sin estrategia que optó por la violencia callejera (brutalmente reprimida por las fuerzas militares al mando de Maduro) y culminó con la decisión de no presentarse a los comicios de 2018 para luego desconocerlo. 

El resto lo sabemos. Autuproclamación de Juan Guaidó y una concatenación de decisiones fallidas con mucho lobby internacional y poco anclaje local. La movilización popular no se sostuvo, las Fuerzas Armadas no se fracturaron y, seis meses después, Maduro sigue conduciendo el Estado.

 

El factor Bachelet

El informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet,  tomó por sorpresa al gobierno venezolano. La ex presidenta de Chile fue invitada por el propio mandatario y en el gobierno confiaban en que su informe permitiera un poco oxígeno en medio del hostigamiento internacional. Las conclusiones finales fueron fulminantes y erosionó la legitimadad el chavismo había podido mantener en la ONU. Si bien la linea oficial del gobierno fue fustigar el informe, no es casual lo que vino fue la profundización del diálogo que había comenzado en Oslo. 

El efecto Bachelet en la crisis venezolano arrojó un elemento positivo. Corre a la OEA y al Grupo de Lima como interlocutores privilegiados del conflicto para abrirle el juego a sectores más moderados. La funcionaria chilena es lo más neutral que puede verse en un escenario global que parecía haber agotado todas las instancias para pensar una salida del estado de conflicto.

Que la vía electoral para resolver la crisis cuente con el consenso de todas las partes es la demostración de que aún hay condiciones para que la situación se revierta. La suerte de la mesa de diálogo dependerá de la audacia del chavismo para volver al juego electoral, incluso poniendo a Maduro como fusible, y de la inteligencia de la oposición para que no le definan la estrategia fronteras afuera. Pasó mucha agua debajo del puente y las penurias son lo suficientemente graves para dejar pasar lo que puede llegar a ser la última oportunidad.

 

 

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Nuevo diálogo venezolano: ¿luz al final del túnel?

Puntos claves del diálogo que llevan a adelante en Barbados el gobierno y la oposición venezolana. El rol de Michele Bachelet y el cruce de intereses en lo que puede ser a última chance para salir de la crisis.

Gobierno y oposición retomaron el diálogo como mecanismo para llegar a una solución para la profunda crisis que vive Venezuela. El mismo se produce en medio de fuertes presiones externas que ponen la lupa en un país que hace tiempo parece estar al borde un estallido.

El panorama es dramático y entre sanciones, giros autoritarios, estrategias insurreccionales, una economía colapsada y cuatro millones de emigrados, el país transita el día a dia en un contexto regional desfavorable para el chavismo pero no lo suficientemente favorable para la caída del gobierno.  

Los puntos de debate

Los seis objetivos puestos sobre la mesa no serán sencillos de consensuar, especialmente el que gira en torno a una eventual convocatoria a elecciones presidenciales, principal caballo de batalla de la oposición y parte de la Comunidad Internacional. El lema opositor dese que Juan Guaidó se proclamó como presidente encargado fue "cese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres" mientras que el gobierno insitiò en legitimar el liderazgo de Nicolás Maduro. En este marco, ¿el chavismo  está dispuesto a aceptar una nueva elecciones presidenciales? El gobernador de Miranda y miembro de la comitiva oficial en el diálogo en Barbados dijo en 0223 Radio que "nosotros les hemos dicho que estamos dispuestos a discutir los 6 puntos de la agenda. Entendemos que cualquier acuerdo que cerremos pasa por un cronograma electoral. Siempre ha sido así". Si bien parece poco, la declaración es contundente si vemos la reacción de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y parte de ala dura del Partido Socialista Unido de Venezuela que planteó que "el presidente es Maduro, y le quedan 5 años y 6 meses de gobierno", cerrando la puerta a esa posibilidad. ¿Internas o juego de roles? Por lo pronto, un escenario descomprimido le quita por de fuego a Cabello que crece en la medida que la coyuntura se radicaliza. Rodríguez reúne expectativas un sector que considero que la conducción de Maduro tiene signos de agotamiento, sin embargo, durante la entrevista desmintió que esté pensando en una candidatura y atribuyó ese creciente rumor a la intención de la oposición de intentar dividir al chavismo.

Si hay nuevos comicios deberá ser con otro CNE y tendrá que estar acompañado de un cese de la Constituyente como condición para el retorno del oficialismo al poder legislativa. Es decir, no puede haber punto uno sin el cumplimiento del dos y el tres. 

El cuatro elemento de debate está centrado en la figura de Nicolás Maduro. La oposición demanda que sea corrido de la escena pero el chavismo decidió cerrar filas en torno a su liderazgo mas como mecanismo defensa propia que por legitimidad. ¿Qué piensan los chavistas? Una reciente encuesta realizada por Delphos  basada en 1200 casos y publicada por el sitio Efecto Cocyo reveló que el ministro de Defensa, el General Vladimir Padrino López, es la figura del oficialismo con mayor índice de confianza. El estudio que se realizó después de la operación cívico – militar del 30 de abril (del 17 al 30 de mayo) y registró que un 20,8 por ciento de los encuestados manifestaron tener confianza en Padrino, le sigue Nicolás Maduro con 20,80%, luego Delcy Rodríguez con 18,12%, Diosdado Cabello con 16,11% y recién Héctor Rodríguez aparece con un 15 por ciento aunque, vale la pena aclarar, es una figura con menos instalación nacional. 

Para que todo lo mencionado anteriormente pueda materializarse, el gobierno venezolano puso como condición el fin de las sanciones económicas y el abandono a los intentos de intervención. La misma encuesta de Delphos ubican a Juan Guaidó con un 50 por ciento de imagen positiva, ¿será el fin de la era de "calentar la calle" para volver a la vía democrática?

 

Experiencias frustradas

Luego de las violentas protestas de 2014 y la victoria de la entonces Mesa de Unidad Democrática en las elecciones legislativas de 2015, el país entró en un periodo de fuerte erosión institucional que derivó en una mesa de diálogo que tuvo como sede a República Dominicana y al ex presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero y El Vaticano como mediadores. El portavoz de la MUD en esa instancia fue su entonces Secretario Ejecutivo, Jesús Chúo Torrealba, y el proceso había avanzado pero terminó fracasado entre diciembre de 2017 y enero de 2018 por orden del gobierno de Donald Trump.

Ese fue el final del espacio opositor que había ganado una enorme representatividad luego de las elecciones de 2015 para reconfigurarse en un espacio radicalizado y sin estrategia que optó por la violencia callejera (brutalmente reprimida por las fuerzas militares al mando de Maduro) y culminó con la decisión de no presentarse a los comicios de 2018 para luego desconocerlo. 

El resto lo sabemos. Autuproclamación de Juan Guaidó y una concatenación de decisiones fallidas con mucho lobby internacional y poco anclaje local. La movilización popular no se sostuvo, las Fuerzas Armadas no se fracturaron y, seis meses después, Maduro sigue conduciendo el Estado.

 

El factor Bachelet

El informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet,  tomó por sorpresa al gobierno venezolano. La ex presidenta de Chile fue invitada por el propio mandatario y en el gobierno confiaban en que su informe permitiera un poco oxígeno en medio del hostigamiento internacional. Las conclusiones finales fueron fulminantes y erosionó la legitimadad el chavismo había podido mantener en la ONU. Si bien la linea oficial del gobierno fue fustigar el informe, no es casual lo que vino fue la profundización del diálogo que había comenzado en Oslo. 

El efecto Bachelet en la crisis venezolano arrojó un elemento positivo. Corre a la OEA y al Grupo de Lima como interlocutores privilegiados del conflicto para abrirle el juego a sectores más moderados. La funcionaria chilena es lo más neutral que puede verse en un escenario global que parecía haber agotado todas las instancias para pensar una salida del estado de conflicto.

Que la vía electoral para resolver la crisis cuente con el consenso de todas las partes es la demostración de que aún hay condiciones para que la situación se revierta. La suerte de la mesa de diálogo dependerá de la audacia del chavismo para volver al juego electoral, incluso poniendo a Maduro como fusible, y de la inteligencia de la oposición para que no le definan la estrategia fronteras afuera. Pasó mucha agua debajo del puente y las penurias son lo suficientemente graves para dejar pasar lo que puede llegar a ser la última oportunidad.

 

 

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