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Cementerio de la loma

3 de Febrero de 2020 18:15

La historia de la fachada actual del Cementerio de La Loma

Por Magalí Golfieri, especial para 0223

La creciente transformación de la loma del Divino Rostro en un barrio de turismo de élite desentonaba con el cementerio de ese entonces. Hacia 1920, de acuerdo a las imágenes encontradas en los boletines municipales, la fachada original del cementerio era de estilo neoclásico con frontón triangular e incluía sólo el pórtico. El muro, de características bastante rústicas, tenía una alzada de aproximadamente un metro. Las construcciones funerarias eran visibles desde la calle.

La edificación de la primera fachada no tiene una fecha documentada pero, de acuerdo a las características arquitectónicas, se calcula que fue erigida después de 1885 y antes del siglo XX. En este sentido, el estilo arquitectónico, especialmente el detalle del frontón triangular, fue el más utilizado en las primeras construcciones de carácter comunitario en la ciudad, como fueron la capilla Santa Cecilia y el primer edificio municipal. Todas estas características no se correspondían, según lo mencionado en los documentos, con la función y el estilo del barrio cercano al cementerio.

Esta problemática fue resuelta por la municipalidad con una medida que era funcional y, al mismo tiempo, artística: la construcción de un muro perimetral que impidiese la visualización de las sepulturas y de una nueva fachada que brindase una experiencia estética más impactante que la anterior.

El frente original fue demolido en 1922 y en 1923 se inició la obra del actual, que formó parte de un proyecto dirigido por el constructor Amábile Levis, ganador de la licitación. El proyecto llevaba el nombre “Memento Mei”, que en latín significa ‘acuérdate de mí’ e incluía no sólo el pórtico principal sino también las instalaciones administrativas, depósito y morgue municipal, así como el muro perimetral y los nichos adjuntos a él.

Si bien la fachada se realizó en el año 1923, el resto del proyecto no se inició hasta el año 1926. En 1923, se dio prioridad a la parte más visible del cementerio, que implicó la alzada del muro y  el pórtico, en detrimento de las áreas funcionales. Todo esto pone en evidencia que la verdadera urgencia del proyecto radicaba en apartar de la vista del turista la visión poco estética del barrio de los muertos.

El exterior del pórtico se destaca por la escultura en la parte superior, obra de Rafael Radogna, el artista responsable del mantenimiento y restauración de la rambla Bristol o Francesa de la Belle Époque, así como el escultor del busto Ameghino en el paseo de Luis D’Ávila. La fachada muestra a una mujer y un niño. La mujer apoya su codo izquierdo sobre un libro en donde se lee la inscripción “Historia” en el frente. El niño, situado a su izquierda, le entrega un pergamino, posiblemente el relato de vida de un fallecido que será incluido en el libro que guarda la mujer. Mientras el rostro del niño se dirige hacia el de ella, ella mira hacia abajo con tristeza. Detrás de ambos  hay una columna truncada, símbolo de interrupción de la vida y a los lados dos vasijas cubiertas por un manto, representación del duelo y la muerte. Por debajo de ella, la fachada de Amábile Levis está flanqueada por columnas y pilastras de capitel corintio, simbolizando la armonía y la belleza. También se destaca la inscripción en latín “Requiescant in pace”, debajo de la cual se observan coronas de laurel con paños flameando, símbolo de gloria y, a los lados, coronas funerarias con lienzos colgando hacia abajo.

La estructura, en general, posee un estilo muy adornado que rememora las construcciones arquitectónicas dedicadas al turismo de la época pero la simbología expresa el rol funerario del recinto que se encuentra tras ella. No se observan íconos religiosos, ya que si bien la mujer y el niño podrían asociarse a la virgen y a Jesús, se considera que el autor quiso representar al inicio de la vida en el infante y al fin de la misma en la mujer.

La contrafachada, por el contrario, se caracteriza por su simplicidad y formas austeras. La única parte visible de la escultura de Radogna corresponde a la porción superior de la columna truncada que se encuentra detrás de la mujer. Las columnas que sostienen el interior son de estilo dórico y están asociadas a la estabilidad y la fuerza. En la parte superior hay una escultura que simboliza un sarcófago y, a los lados, dos vasijas con una llama ardiendo (símbolo de la vida eterna).

La contrafachada posee una austeridad y simbología que se corresponde con las construcciones funerarias inmediatas a ella. Por el contrario la fachada externa tiene características más barrocas que dan una apariencia de cementerio de élite. Entre ambas, destaca el  interior del pórtico con suelo ajedrezado en color blanco y negro -representación de lo terrenal y de la perfección construida a partir de los opuestos-, que e continúa en todo el perímetro. A su vez, el techo posee una decoración en altorrelieve que representan dos antorchas encendidas rodeadas de cálices o trofeos los cuales a su vez rodean a un disco central.

La transformación de la fachada, especialmente el exterior, adopta una imagen acorde al entorno cercano, a un barrio con características arquitectónicas de una villa turística de élite. Por el contrario, el interior da cuenta de la identidad del grupo al que pertenece el cementerio y también a sus casas en la ciudad de los vivos.

Las imágenes pertenecen al boletín municipal de 1925 y muestran las dos fachadas del cementerio. La primera corresponde a la más antigua, demolida en 1923 y la segunda a la diseñada por Amábile Levis, conservada hasta la actualidad.

 

Etapas posteriores de la necrópolis y el comienzo del Cementerio Parque

Durante la década del ‘20 y la primera mitad del ‘30 el crecimiento poblacional lleva a la necesidad de plantear una ampliación del cementerio, que  comenzará a llevarse a cabo hacia finales del ‘30. No hay una planificación para la construcción de zonas para tumbas en tierra en las nuevas manzanas y eso está directamente vinculado con el crecimiento de la ciudad en torno al cementerio y las complicaciones que en materia de salubridad tendría la presencia de este tipo de sepulturas dentro de un espacio urbanizado.

En 1938 se realiza un plano de ampliación mostrando que la extensión del cementerio programada incluía las tierras en donde hoy se emplaza el parque Primavesi. Sin embargo los terrenos no fueron empleados para ese fin porque pronto comenzó a planearse el Cementerio Parque, inaugurado en 1968. Uno de los puntos más interesantes se plantea en relación al diseño del paisaje funerario: al observar el plano, se ven amplias zonas dedicadas exclusivamente como áreas verdes que persisten hasta el día de hoy. De hecho, en el inicio de la galería jardín principal está la tumba de Pedro Luro y su esposa Juana Pradere y al final, limitando con el parque Primavesi, el memorial de los caídos en Malvinas.

Esto no debe confundirse con el diseño de un “cementerio parque”, sino que esta idea está asociada a la de los cementerios anglosajones, en los que la vegetación cumplía una función terapéutica para superar el duelo. Por otro lado, tenía que ver con la ideología paisajística de Mar del Plata como villa de veraneo, ya que según los miembros del urbanismo científico implicados en la construcción del paisaje a partir de  1930, Mar del Plata debía convertirse en una ciudad jardín.

Este concepto fue acuñado por Carlos María della Paolera, quien veía que la vegetación, como pulmón urbano, cumplía un rol fundamental para generar una ciudad bella y saludable. Por esta razón, las áreas verdes debían formar parte de la misma, articulando arquitectura con naturaleza a través de espacios públicos verdes como parques y plazas y privados a partir de los jardines de cada chalet. Así, en las nuevas manzanas del cementerio y también en las originales se observa la presencia de galerías verdes y amplias zonas sin construcción funeraria dedicadas exclusivamente a embellecer el recinto mediante la vegetación. En relación a esto, vale la pena mencionar que el encargado del paisaje funerario fue Adolfo Primavesi quien fuera a su vez jefe de plazas y jardines en la ciudad y que hoy da nombre al parque adyacente a la necrópolis.

Un cementerio representa mucho más que un lugar de entierro para los que ya no están: son espacios de expresión artística en donde la identidad de una ciudad y su gente quedan plasmados a través de la arquitectura, la simbología y el diseño del paisaje entre otros elementos. Y en este conjunto monumental es donde la identidad colectiva se construye pero también se afianza mediante la historia de los que ya no están. La ciudad y el cementerio se complementan en el territorio garantizando la permanencia material y simbólica de ambos conjuntos monumentales. Por ello es necesaria y, quizás, urgente una política de conservación patrimonial de estos espacios.